Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

El silencio de los liberales de la derecha

Los conservadores, sin activos genuinos y con la sombra de la corrupción sobre las espaldas, recurren a los tópicos del populismo más reaccionario: rechazo a la emigración y unidad inquebrantable de la patria

Acto por la unidad de España y por la convoicatoria de elecciones generales en la Plaza de Colón (Madrid).
Acto por la unidad de España y por la convoicatoria de elecciones generales en la Plaza de Colón (Madrid).Carlos Rosillo

Existen los liberales en la derecha española? ¿Dónde están? ¿Cómo se explica que se convoque un nuevo Colón, para realinear a Vox, PP y Ciudadanos, y lo máximo a lo que se atrevan los más abiertos de la familia conservadora es a quedarse en casa previa confirmación de su apoyo a la concentración?

Nunca ha tenido el liberalismo plaza fuerte en España. Al inicio de la transición, cuando las ideologías empezaron a salir de los escondites, primaron los perfiles comunitaristas: conservadores, nacionalistas, socialistas y comunistas. Algunos liberales se hicieron un hueco en UCD, pero siempre con recorrido limitado. Cuando Suárez se fundió, agotado en sus malabarismos para conseguir la mayor integración posible en el proceso de transición, Fraga tomó el mando de la derecha, en clave conservadora, mientras el destino del CDS de Adolfo Suárez demostraba que el centro siempre acaba cayendo del lado de la derecha.

Ciudadanos quiso izar la bandera liberal, pero venía demasiado cargada de patriotismo para ser creíble
Ciudadanos quiso izar la bandera liberal, pero venía demasiado cargada de patriotismo para ser creíble

Aznar unificó el espacio conservador, engulló el centro sin problemas. Y una vez alcanzó la presidencia, marcó el camino: neoliberalismo radical en lo económico, nacionalismo autoritario en lo ideológico. Ni un atisbo de la verdadera tradición liberal, en un país en que siempre ha escaseado. Aznar alineó a la derecha con el thatcherismo y sus herederos, sin dejar de cultivar el corporativismo de raíz franquista que hoy sigue trenzando intereses entre los diferentes poderes del Estado. Con la mayoría absoluta y la guerra de Irak, la soberbia le nubló la mente y castigó a los suyos con una travesía del desierto que nos dejó una interesante paradoja: el verdadero liberalismo estaba en la izquierda. Rodríguez Zapatero puso al país en primera línea en cuánto al reconocimiento de derechos individuales. La crisis económica se llevó por delante al presidente. Y en la restauración conservadora de Rajoy, montada inicialmente sobre el tándem Gallardón-Wert, desapareció todo atisbo de liberalismo.

Con la corrupción y con el conflicto catalán, al PP el país se le fue de las manos. Y en la renovación generacional que Casado debería representar el liberalismo sigue brillando por su ausencia. Ciudadanos quiso izar esta bandera, pero venía demasiado cargada de patriotismo de combate para ser creíble. Y el hecho es que después de estrellarse contra el muro catalán y en el intento de dar el sorpasso a la derecha, se ha confirmado lo ya sabido: que el centro siempre cae del mismo lado. Una vez más el liberalismo se ha esfumado, por falta de consistencia. Su última versión ya es el grado cero de la ideología: el liberalismo de cerveza de Isabel Díaz Ayuso, cuyas apelaciones a la diversión y la felicidad no esconden la pulsión autoritaria que la sustenta.

El PP vive de la confrontación y le incomoda cualquier propuesta que pueda llevar al apaciguamiento
El PP vive de la confrontación y le incomoda cualquier propuesta que pueda llevar al apaciguamiento

Y así, cuando el presidente Sánchez intenta abrir el juego para salir del bloqueo catalán con la propuesta del indulto, la derecha se junta, en un nuevo Colón, con Vox en una estruendosa alianza vestida de batalla patriótica, sin que ninguna voz rompa la armonía desde un cierto liberalismo. Los liberales del PP si existen están escondidos en la cueva. Y sin embargo sería importante ahora mismo que alguien contribuyera a romper fronteras. Pero la orden es taxativa: Ceuta y Cataluña, dos plazas para la exaltación patriótica. Es decir, la patria amenazada como argumento para movilizar a la ciudadanía contra el gobierno traidor, que tiene la mala idea de tratar de resolver los problemas por la vía política. Una derecha sin activos genuinos, con la sombra de la corrupción sobre las espaldas, que recurre a los tópicos del populismo más reaccionario: rechazo a la emigración, unidad inquebrantable de la patria.

Y todo ello en un momento en que España afronta una compleja agenda de recuperación y adaptación a los tiempos que vienen, a las mutaciones de un acelerado presente continuo. ¿No hay en la derecha ni siquiera un liberal capaz de señalar los riesgos que tiene esta estrategia de confrontación, de fractura entre bloques irreconciliables, en un momento en que los países del entorno están optando por recoser alianzas para reconstruirse? Ahora mismo, el PP vive de la confrontación y le incomoda cualquier propuesta que pueda llevar al apaciguamiento. Es tan abrumador el silencio de los liberales de la derecha, que sólo cabe pensar que no existen. Puede que algunos digan que a ellos sólo les interesa la economía y que no se pierden en obscenidades ideológicas. Quienes razonan así, simplemente no son liberales.

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