OPINIÓN
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Hablemos de violencias

Necesitamos tomar conciencia del conjunto de violencias que configuran nuestra injusta sociedad generando daños por vulnerar, herir, las necesidades humanas. Hay que hacerlas presentes

Pancarta en una de las manifestaciones tras el encarcelamiento de Pablo Hasél
Pancarta en una de las manifestaciones tras el encarcelamiento de Pablo HasélAlbert Garcia / EL PAÍS

Violencia, una palabra que no ha dejado de sonar y resonar en el debate público con mayor fuerza de la habitual tras las primeras movilizaciones en respuesta al encarcelamiento de Pablo Hasél. Pero con una novedad, creo que por primera vez en mucho tiempo partidos de gobierno (Generalitat de Catalunya, Gobierno de España, Ayuntamiento de Barcelona…) han señalado lo razonable de las reivindicaciones, incluso su cercanía a las personas manifestantes.

Un ejercicio histórico se hace necesario. Pere Aragonès, por ejemplo, ha pedido no criminalizar a las personas jóvenes que se manifiestan. Un antecesor de su partido en la Generalitat, el consejero Huguet, hace 12 años, dijo de otras personas jóvenes parecidas que eran unos franquistas… No sería la única evidencia de criminalización que encontraríamos en aquellos años. ¿Qué ha cambiado desde entonces para que se dé una respuesta tan diferente?

Seguramente, la explicación la encontraremos en cómo la movilización social ha pasado de los márgenes al centro. En 2008-2009 las movilizaciones eran rápidamente etiquetadas, estigmatizadas y criminalizadas como de “antisistemas”. Hoy, muchas personas de diferentes sectores sociales pueden asistir a ellas, compartir sus reivindicaciones… Los ciclos de movilizaciones conocidos como 15-M y procés independentista han dinamizado y extendido diferentes ideas, reivindicaciones y experiencias a personas que anteriormente no las habían compartido: la demanda de una democracia real, la desobediencia, la crítica a la policía o la justicia, el feminismo, el ecologismo… Nuevas generaciones han crecido asumiendo este pensamiento. Nuestra sociedad ha cambiado, está cambiando.

Las movilizaciones de esta década también han ido dejando otro impacto, la aceptación mayoritaria entre las personas que se manifiestan de la noviolencia como estrategia y táctica. La noviolencia por principios, por valores o por su utilidad. La noviolencia crea, construye desde el inicio, la alternativa que se propone. La noviolencia resulta inclusiva, muchas persones de diferentes condiciones pueden participar. La noviolencia genera que personas que no comparten las reivindicaciones puedan cambiar de opinión y convencerse de que son legítimas e, incluso, justas. Disponemos de diferentes estudios y experiencias que nos muestran que las movilizaciones no violentas tienen más probabilidades de lograr sus reivindicaciones que las violentas.

Estas semanas hablamos mucho, es necesario, de la violencia que se ha vivido en las movilizaciones a las que estamos asistiendo tras el encarcelamiento de Pablo Hasél y que se han convertido en un grito de rabia y malestar por una acumulación de motivos. Es necesario también que hablemos de violencias. Uno de los objetivos de las movilizaciones de esta década ha sido, en muchas ocasiones, hacer presentes las violencias que se sufren contra las necesidades humanas. También nos lo explican desde la investigación académica. Necesitamos tomar conciencia del conjunto de violencias que configuran nuestra injusta sociedad generando daños por vulnerar, herir, las necesidades humanas. Tenemos que hablar de todas las violencias para hacerlas presentes, para no invisibilizarlas y para buscar que dejen de existir.

Cada día es 8 de marzo, y cada día hay que recordar la gran cantidad de violencias que reciben las mujeres solo por ser mujeres. En la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2019 del Ministerio de Igualdad se constataba que más de la mitad de las mayores de 16 años han sufrido algún tipo de violencia por ser mujeres.

En Cataluña se calcula que 5.737 familias perdieron su hogar el año 2020, mayoritariamente por no poder pagar el alquiler. Por efecto de algunas medidas que han limitado los desahucios durante la pandemia esta cifra sería la mitad de la de 2019. Cataluña lidera esa violencia contra el derecho a la vivienda que no está garantizado.

En Barcelona se ha estimado que la mortalidad atribuible a la exposición crónica al ruido ambiental en la ciudad es de aproximadamente 130 muertes anuales. El ruido es decisivo en diferentes tipos de enfermedades y trastornos. Se recoge en el informe Soroll ambiental i salut a la ciutat de Barcelona de la Agencia de Salud Pública de Barcelona. Otro informe de la misma agencia documenta que unas 1.000 personas mueren al año por la contaminación del aire. Y lo sabemos de Barcelona porque alguien quiere hacerlo público y cambiarlo. La violencia de no poder ir al dentista por ser pobre se ha identificado y se ha creado un dentista municipal, o un canguro municipal. Hay mucho por hacer…

Necesitamos hablar de todas las violencias (la precariedad, la pobreza, el racismo institucional…) y de cómo pueden resolverse, porque está en nuestras manos dejar de causarlas y hacer que desaparezcan.


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