La reforma de La Rambla que no tiene fecha

Las obras del icónico paseo debían comenzar en 2019, pero el consistorio admite hoy que no tiene presupuesto

Varias personas caminan por la Rambla, de fondo, el cartel que recuerda los días transcurridos desde que se anunció la reforma
Varias personas caminan por la Rambla, de fondo, el cartel que recuerda los días transcurridos desde que se anunció la reformaAlbert Garcia (EL PAÍS)

“La reforma de La Rambla es prioritaria, pero ahora mismo no podemos marcar una fecha para empezar las obras. La situación financiera del consistorio se ha resentido con la crisis del coronavirus”. Con esa contundencia explica a EL PAÍS Jordi Rabassa, concejal de Ciutat Vella, que el paseo más icónico de Barcelona va a tener que esperar. El aplazamiento sine die no evita que vecinos y comerciantes insistan en que el deterioro que ha sufrido el paseo ha llegado a un punto de no retorno.

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El pleno del Ayuntamiento de Barcelona aprobó, en la primavera de 2016, la reforma del paseo. En noviembre de 2018 Km-Zero —el equipo de técnicos que ganó el concurso para rediseñar La Rambla y que capitaneaba la arquitecta y exconcejal de Ciutat Vella Itziar González— presentó sus estrategias para transformar el paseo. El proyecto eliminaba un carril de circulación de bajada, ampliaba el tronco central y las aceras del paseo, reubicaba los quioscos, eliminaba los puestos de los antiguos pajareros y preveía habilitar plazas a lo largo del paseo. Durante la presentación se anunció que los trabajos comenzarían en 2019. Las obras se ejecutarían por tramos y se alargarían cinco años. Desde entonces, nada se ha hecho.

La arquitecta de la reforma, Itziar González, tiene claro que el proyecto que presentó “cuenta con el visto bueno de todos los servicios municipales”. González advierte de que la pelota está en el tejado del consistorio. “La Rambla es un reto para cualquier gobierno. Yo empecé a impulsar su transformación cuando era concejala en 2007 y desde entonces las sucesivas concejalas siguieron trabajando. Sin embargo, va lento. Creo que ahora es el momento, o se hace la reforma o se perderá una gran oportunidad”, advierte. “Es urgente activar las obras del paseo y las acciones estratégicas en materia de vivienda, comercio, seguridad, cultura… creo que [el equipo de gobierno] no está siendo capaz de articular y de trabajar con la comunidad de La Rambla que surgió y se consolidó durante el proceso de trabajo que realizamos en Km-Zero ¿Por qué no nos piden ayuda?”.

Por el momento, el Ayuntamiento solo ha hecho un tímido avance. El pasado 15 de enero, anunció que iniciaba las estrategias de dinamización cultural de La Rambla. Rabassa explicó que uno de los quioscos de floristas acogerá una emisora de radio y que se habilitarán espacios en el paseo para llevar a cabo actividades culturales. El concejal solo pudo anunciar que en febrero se aprobará en el pleno el plan de reforma integral de todo el paseo, aunque sin fecha de inicio, y que, con suerte, durante este 2021 se derribarán los 11 quioscos de las antiguas pajarerías de La Rambla Canaletes.

El anunció cayó como un jarro de agua fría para la mayoría de comerciantes y vecinos del paseo. La entidad Amics de La Rambla colgó en octubre un marcador en el balcón del Café de la Ópera en el que registra a diario los días de retraso que lleva la reforma. Pese a la visibilidad de la protesta, la obra sigue sin fecha. “Me siento un imbécil porque parece que los gobiernos prefieran la protesta en público y la reconciliación en privado. Nosotros siempre hemos sido leales y no recibimos lo mismo. La reforma urbanística es prioritaria. Por supuesto que aprobamos la reforma cultural, pero es insuficiente”, advierte Fermín Villar, presidente de Amics de La Rambla. “Da la sensación de que creen que, si hacen la reforma, ceden protagonismo a Amics de La Rambla cuando nosotros queremos un proyecto para toda la ciudad. Además, nos sentimos maltratados. La teniente de urbanismo, Janet Sanz, no habla con nosotros, creen que hablar con nosotros es hacer una concesión al sector comercial”, denuncia.

No todos están a favor de la reforma del paseo. El presidente de la asociación de quiosqueros de La Rambla, Juan Jiménez, piensa que no es el momento. “No estamos vendiendo nada. Solo faltaría que, cuando empiece a animarse el turismo, nos imposibiliten trabajar con unas obras faraónicas”, denuncia.

La florista más famosa del paseo, Carolina Pallés, denuncia que “en su momento” La Rambla se dejó perder llegando al estado en que se encuentra ahora con el pavimento muy destrozado. “Mi familia lleva aquí desde 1888. Mi abuela siguió en La Rambla pese a la Guerra Civil. A mi hermana y a mí nada nos detendrá. Es necesario hacer reparaciones en el suelo pero, la verdad, no sé si es el momento de hacer una Rambla diferente de la que conocemos”, duda Pallés.

José Cuenca lleva 53 años trabajando en el paseo. Tiene cinco paradas de lo que eran los antiguos pajareros. “Yo vendía animales hasta que me dijeron que no podía hacerlo. Entonces llegamos a un acuerdo con el consistorio para vender otras cosas. Ahora no cuentan con nosotros para nada. Somos unos apestados y quieren echarnos. Echan a 90 trabajadores que nos ganamos la vida aquí”, lamenta.

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