Junqueras se encadena a Puigdemont

La política de alianzas de ERC cierra toda posibilidad de formar una mayoría de izquierdas en el Parlament tras las próximas elecciones y prioriza el acuerdo con Junts per Catalunya

Oriol Junqueras y Marta Rovira en el Parlament, en 2017.
Oriol Junqueras y Marta Rovira en el Parlament, en 2017. /

Ni los independentistas, ni los demás partidos, ni los sondeos sobre intención de voto auguran que vaya a haber un cambio de mayorías en el Parlament en las próximas elecciones autonómicas. Esquerra Republicana (ERC) aspira a salir de ellas como el primer partido entre los independentistas, sustituyendo a sus divididos aliados de Junts per Catalunya, que concurrirán dispersos en dos o tres listas: la del PDeCAT de David Bonvehí, la de Carles Puigdemont y la del Partido Nacionalista de Cataluña de Marta Pascal. Pero los dos principales dirigentes de ERC, su presidente Oriol Junqueras y la secretaria general, Marta Rovira, ya han adelantado que este eventual cambio de primacía no va a cambiar nada más que el reparto de cuotas y cargos entre independentistas.

Por si hubiera dudas, hay un párrafo en el opúsculo recientemente publicado por ambos dirigentes con el título Tornarem a vèncer donde lo exponen con notable claridad y contundencia: “A ERC se le pretende atribuir, con una finalidad claramente electoralista, la intención de hacer, después de las próximas elecciones, un tripartito —con el PSC— en el Gobierno de Cataluña. Seremos muy claros: Esto no pasará”.

Aunque la fiabilidad de la palabra de Junqueras no es muy alta entre los políticos que lo han tratado directamente, de las consideraciones generales que aparecen en el citado opúsculo se concluye que la confrontación con el PSC será una de sus orientaciones políticas firmes para el escenario catalán. Junqueras considera que el PSC es el adversario a batir, ya sea en las elecciones municipales, al Parlament o a las Cortes, porque ocupa un espacio político, singularmente en las zonas más urbanas de Cataluña, que ERC también ambiciona. Esta es la razón por la cual, explica, las alianzas que ERC ha tejido en los últimos años han permitido, allí donde depende de su capacidad de decisión, desbancar al PSC de los gobiernos municipales, comarcales y provinciales.

Es lo que ERC ha hecho en los ayuntamientos de Lleida, Tarragona y Terrassa: alcaldías de ERC con el concurso de Junts per Catalunya, Comunes y CUP para desbancar al PSC. “Esta es una constante desde que los autores de este libro nos hicimos cargo de la dirección del partido”, recuerdan. Y es justamente lo mismo que los socialistas han hecho, aunque de signo contrario, cuando han podido: alianzas para impedir el acceso de ERC a las dos instituciones políticas catalanas más importantes después de la Generalitat: el Ayuntamiento y la Diputación de Barcelona.

La opción de la ERC de Junqueras es situar siempre en el centro de la agenda política el derecho de autodeterminación y su ejercicio. Ahí radica su insalvable incompatibilidad con los socialistas catalanes. Junqueras y Rovira trazan del PSC un perfil negativo a más no poder para un independentista. Es este: “Ha avalado la represión y la suspensión de la autonomía vía artículo 155 de la Constitución; ha salido a la calle a manifestarse con el PP, Ciudadanos y Vox; no ha movido ni un dedo para acabar con la cárcel y el exilio a pesar de formar parte del Gobierno del Estado; se niega a admitir una solución democrática del conflicto basada en el voto de los catalanes y, junto con el PSOE y otros partidos del régimen, ejercen como dique de contención de una monarquía corrupta y agresiva con Cataluña”.

Una de las consecuencias de esta política de Junqueras y Rovira es que ERC queda prisionera de la derecha nacionalista. Y, en particular, de su fracción más irredenta, que ahora encabeza Carles Puigdemont. Para este es un buen escenario. Hasta el punto de que es poco relevante cuál de los dos partidos sea el primero del bloque independentista. La cuestión es que la derecha ex convergente pueda seguir instalada en las posiciones de poder conquistadas desde 1980.

Para el conjunto de la izquierda, en cambio, es un panorama muy negativo que la aboca a la impotencia. Sin poder sumar a ERC resulta imposible que las otras fuerzas catalanas de izquierda alcancen la mayoría en el Parlament. Aunque lo cierto es que no se trata de una novedad. Eso fue ya lo que ocurrió durante más de dos décadas largas, a partir de 1980. Lo que ha vuelto con Junqueras es la ERC de Heribert Barrera, la que puso la alfombra y los escaños para que la Convergència de Jordi Pujol inaugurara sus 23 años seguidos al frente de la Generalitat. Y además, con el mismo argumento de fondo, profundamente divisivo: los socialistas son autonomistas y/o españoles y/o españolistas.