Autopsia a la calle Montcada

Albert Garcia Espuche acaba con los tópicos de esta vía de Barcelona en un monumental estudio que recorre seis siglos de historia de la ciudad

Las fachadas medievalizadas de las casas de la calle Montcada de Barcelona.
Las fachadas medievalizadas de las casas de la calle Montcada de Barcelona.Albert Garcia / EL PAÍS

Ni medieval, ni palaciega, ni nobiliaria. Son tres de las principales conclusiones a las que ha llegado el historiador Albert Garcia Espuche (Barcelona, 1951) después de años de estudio de esta popular vía que acoge centros culturales como el Museo Picasso, por la que pasan millones de personas al año. Una calle que siempre ha estado en el imaginario de Barcelona como ejemplo fósil de la ciudad medieval lleno de tópicos que se repetían y que son falsos.

Garcia Espuche, como siempre que aborda un tema —el anterior sobre la Barcelona de 1700 a partir de los restos del Born— ha realizado un trabajo monumental en su La gent del carrer Montcada. Una història de Barcelona. Segles XIII al XVIII (Ajuntament de Barcelona): un trabajo de 1.200 páginas en dos volúmenes que pesan más de cinco kilos en el que ha reunido las historias de miles de personas que han vivido a lo largo de estos siglos en 20 casas de esta famosa calle del Barrio Gótico. “Los protagonistas no son los edificios, sino las personas que los habitaron, que no tienen el atractivo de las piedras, sobre todo si estas provienen de las clases medianas y bajas de la sociedad”, asegura el autor defensor de explicar las cosas “con 10.000 ejemplos más que con tres, porque con tres te equivocas siempre y la mayoría de las cosas que se habían dicho de la calle Montcada no eran ciertas”.

Como que era una calle llena de palacios, como el Palau de Berenguer Aguilar que acoge el Picasso y el Palau del Marqués de Llió donde se presentó el libro, que en realidad son solo enormes casas; fruto de unir varias construcciones que acaban teniendo una estructura compleja, difícil incluso de leer en la actualidad. “Ni el edificio más importante de la ciudad, la Casa Gralla, de Portaferrissa, recibía el nombre de palacio”, explicó. Tampoco son medievales, ni en ellos vivieron los más exclusivos nobles de Barcelona que prefirieron otras zonas de la ciudad —como el carrer Ample y la plaza de Santa Anna con Portaferrissa— para vivir.

Por no tener la calle Montcada ni tiene su nombre a partir de la poderosa familia de los Montcada, como siempre se ha pensado, tras donarle los terrenos Ramon Berenguer IV por su ayuda para conquistar Tortosa, sino del ciudadano Martí de Montcada, jurado del Consell de Cent en el siglo XIII, que era el propietario de unos solares donde se levantó la calle tras cambiar el cauce de una riera. “Es una calle llena de fakes asumidos por todos los barceloneses y algún investigador que se han repetido siempre”.

Pero hay más. El aspecto distinguido de la calle es resultado de otra falsedad, quizá la mayor llevada a cabo en Barcelona; la de inventarse un barrio gótico alrededor de la catedral a partir de 1961 que acaba confundiendo a turistas y barceloneses. Todo fruto de una operación de remodelación y medievalización de los edificios, en los que se añadieron elementos góticos de construcciones desaparecidas en operaciones urbanísticas como la apertura de la Via Laietana que acabó con 2.200 viviendas a comienzos del siglo XX. Con ellos se dignificaron las fachadas de estas construcciones y los interiores de los patios con enormes arcadas góticas; en una especie de ejercicio de corta y pega, digno de un récord Guinness. “En la calle Montcada pasó lo mismo que en sitios como el puente de la calle Bisbe que une la Generalitat y Casa de les Canonges”, destacó. Entre los culpables, historiadores como Agustí Duran i Sanpere y Joan Ainaud de Lasarte que calificó las casas como palacios en 1961 tras localizarse en una de sus paredes unas pinturas góticas de la conquista de Mallorca (hoy en el MNAC). “De ser palacios serían renacentistas o barrocos, pero no medievales”.

La imagen actual de la calle Montcada está reñida con los comercios, pero no ha sido siempre así, ya que estos negocios de actividad y vida urbana desaparecieron también en el proceso de medievalización de hace 60 años. Según Garcia Espuche, abundaban en los bajos de estas casas los colmados, tabernas y fábricas de tabaco como las que había en la Casa Bru, propiedad de una familia de banqueros, donde se fabricaba el Tabaco Barcelona, “famoso en todo el mundo”. “La única condición que pusieron los Bru es que los molinos de sangre usados para hacer el tabaco no fueran ruidosos, porque ellos vivían encima. ¿Qué clase de nobles dejarían que bajo su casa hubiera una taberna en la que se mezclan los tres vicios vino, prostitución y juego y una fábrica? Era gente acomodada, pero eran las ramas secundarias de las familias nobles”.

El autor pretende, con su magna obra, que se deje de ver estos siglos como de decadencia. “Son unos siglos modernos, llenos de dificultades y crisis, pero también de logros generales decisivos. Pero durante mucho tiempo se ha querido pasar desde Santa Maria del Mar a Gaudí, como si entre medio no hubiera ocurrido nada, y eso tampoco es verdad.

‘Caps de foc’ e inventarios ‘post mortem’

Garcia Espuche ha consultado todas las fuentes disponibles: desde los caps de foc de 1516, hasta el catastro borbónico de 1716 y documentos notariales, como 400 testamentos y 250 inventarios post mortem, que le han llevado a poder trazar, como si hiciera una autopsia de la calle Montcada, las características de este ecosistema social: “uno de los lugares de la ciudad donde se cruzaban los negocios y se acordaban enlaces matrimoniales entre personas de un cierto nivel social y económico”.

Eso le ha permitido escribir la genealogía de alrededor de 120 familias vinculadas a estas enormes casas descubriendo los oficios de sus moradores, desde servidores reales y consellers en cap, hasta traperos, curtidores, veleros, banqueros, sastres, mercaderes, cirujanos y corredors d’orella, vinculados con las compraventas de productos de importación, además de sus filiaciones políticas (borbones y austricistas a pocos metros durante el asedio de 1714) y detalles como las obras de arte que compraron y la relación que tuvieron con sus esclavos de los que se sirvieron en su día a día.

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