La ‘peli’ más segura del mundo

Las salas de cine, como los Verdi de Barcelona, se han adaptado a las medidas sanitarias para su reapertura este fin de semana

Los cines Verdi de Barcelona se preparan para su reapertura.
Los cines Verdi de Barcelona se preparan para su reapertura.JUAN BARBOSA / EL PAÍS

Dos días antes de su reapertura oficial después de más de tres meses cerrados, los cines Verdi estaban patas arriba. El mismo panorama se puede intuir en la mayoría de las salas de cine del país, que vuelven a la actividad este fin de semana tras el parón por la crisis sanitaria. Los cines de Gràcia abrieron sus puertas este pasado jueves con la inauguración del BCN Film Festival. Las medidas impuestas por las autoridades sanitarias han ido llegando de forma escalonada conforme se avanzaba en el desconfinamiento. “Esto ha hecho que no pudiéramos poner a la venta las entradas para el festival hasta el día 19 de junio”, comenta Manel Núñez, gerente de las salas Verdi. “De todas formas, confirmamos que la gente tiene ganas de volver al cine porque el ritmo de venta ha sido muy bueno”. Dos días antes de inaugurarse el festival ya se había vendido el aforo completo (es decir, el 50%) de la película que lo abrió, Uno para todos.

Al avanzar desde la entrada de la calle, el espectador irá superando medidas de seguridad casi sin darse cuenta, ya que cada una está meticulosamente estudiada y ubicada: nada más entrar, gel hidroalcohólico que dispensa una dosis sobre la mano de manera automática, sin que haya que tocar nada. No se toca nada. Ni siquiera la entrada: el cliente la obtiene de una especie de cajero automático, equipado con datáfono, que la entrega sin que nadie la haya tocado; tampoco la cortará ningún acomodador, puesto que tiene un código de barras. En la moqueta, marcas cada metro y medio indican esa distancia de seguridad entre los integrantes de la cola de entrada.

El bar lo preside ahora mismo, tras los paneles transparentes que separan la barra del vestíbulo, un botellón de lejía. Ocupa el lugar que bien podría haber ocupado hasta el 14 de marzo la máquina de palomitas. “¡Habrá palomitas, eh!”, aclara Manel Núñez. “Pero serán en bolsas cerradas, como todo. Nada a granel”.

Los cines Verdi de Barcelona se preparan para su reapertura.
Los cines Verdi de Barcelona se preparan para su reapertura. JUAN BARBOSA / EL PAÍS

Unas flechas luminosas en el suelo indican por dónde hay que avanzar, dejando espacio a un lado. Antes de entrar a cada una de las cinco salas de los cines, más gel desinfectante. “Ir al cine va a ser más seguro que estar en casa”, bromea Núñez. A la altura de los aseos, el gerente subraya la importancia de la ventilación, señalando las bocas de aire que se aprecian en el techo: “Es lo principal, renovar el aire para evitar que quede estancado. Para ello se han instalado circuitos de ventilación por todas las instalaciones”, explica.

La sala grande de los cines está siendo desinfectada. Un pulverizador impregna todas las butacas con un viricida (que no moja) inocuo para el ser humano. El proceso, que requiere no más de 10 minutos para desinfectar la sala, se repetirá tras cada sesión. “Además de la limpieza consabida, se pasará este viricida para desinfectar la sala antes de cada proyección”, dice Núñez, que apunta un dato como medida extra de seguridad: “La gente, en el cine, no habla, lo que hace que el contagio sea todavía más difícil”. A pesar de ello, lógicamente, la mascarilla es una medida de seguridad obligatoria.

El aforo máximo permitido por las autoridades es del 50% de cada sala. Abrir para solo un tercio, como se podía haber hecho durante la fase 2 del confinamiento, no habría sido rentable, según el gerente. Convirtiendo el patio de butacas en un imaginario tablero de ajedrez, se ocuparán solo las casillas (asientos) de un color, las blancas o las negras. “La verdad es que de aquí, tocaría pasar a permitir todo el aforo, porque todo lo que pase del 50% implica que habrá que ocupar casillas del otro color y, por lo tanto, habría espectadores que no mantendrían la distancia de seguridad”, sopesa Núñez.

Tras la película, el público abandonará a la sala sin cruzarse con los espectadores de la siguiente sesión en ningún momento: “La entrada es por un lado, la salida, por otro”, especifica Núñez. “Se han habilitado para ello las salidas de emergencia para evitar el contacto humano todo lo que se pueda”. Dos días antes del estreno, ese pasillo que conduce a la salida por la calle de detrás (Torrijos) estaba tomado por escaleras, brochas y latas de pintura. El jueves estaba impoluto.

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