Crisis del coronavirus

La ‘plana mayor’ del libro catalán pide ayudas al Gobierno español

El sector demanda al PSOE un pacto de Estado para lectura y cambios para que las bibliotecas puedan comprar sus fondos en las librerías

Interior de la librería Calders, de Barcelona.
Interior de la librería Calders, de Barcelona.Carles Ribas

Tras ver la televisión y juguetear con el móvil, la lectura ha sido la tercera actividad de los españoles durante los meses de confinamiento por el coronavirus. A pesar de ello, la crisis de la pandemia ha castigado mucho a la cultura y al sector del libro, que, además, en parte han respondido de manera altruista y sin cobrar; alguien, en cualquier caso, ha de pagar la factura de la reconstrucción cultural. Y esa inquietud latió ayer en el encuentro virtual que el PSC organizó la tarde del lunes con la plana mayor del mundo de libro en Cataluña en el marco de su ciclo ¿Cómo será la Cultura tras la covid-19? Aprovechando que jugaban en cancha digital política y con la presencia del secretario ejecutivo de Cultura y Deportes del PSOE, Iban García, los representantes catalanes del libro pidieron medidas urgentes y claras para apoyar al sector, en especial una profunda reforma de la ley de contratación pública que permitiera que las bibliotecas puedan adquirir sus fondos directamente a las librerías.

“Es evidente que no somos una prioridad para las administraciones; tenemos sensación de abandono, de furgón de cola, no notamos la proximidad con la administración del Estado de otras veces”, recriminó sin ambages el presidente del Gremio de Editores de Cataluña, Patrici Tixis, que demandó también una mayor presión y vigilancia institucional contra la piratería y contra “grandes compañías sin demasiado compromiso fiscal en España”, en alusión a grandes plataformas como Amazon.

García, que como anfitrión indirecto agradeció “el sentido crítico y vehemente”, fue raudo en admitir que “tenemos un problema con esa ley de contratación pública que hay que solucionar” y avanzó que, incluso, llevarán una propuesta en esa línea a la Unión Europea “para facilitar las compras institucionales en las librerías de cercanía”. También dijo ser consciente de que “el sector ya estaba precarizado y ahora lo está más” y puso como ejemplo que “el 50% de las librerías españolas no tiene página web; debemos solucionarlo”; del mismo modo le inquieta que “casi un tercio de los españoles siga si leer libros”.

No obstante, García defendió que durante la crisis pandémica “el gobierno español ha tomado algunas de las medidas más generosas de la UE” y recordó la reducción del 21 al 4% del IVA del libro digital. “Eso ya estaba previsto en los presupuestos del Estado, no es una medida covid”, contrarrestó Tixis, que si bien reconoció el trato fluido del sector con la flamante directora general del Libro, María José Gálvez, afirmó: “Pero no pasamos de las buenas intenciones”. Y concluyó que el libro “debería quedar al margen de luchas políticas y alcanzar un gran pacto de Estado para el libro y la lectura”.

La necesidad de reconducir la compra de libros de las bibliotecas a las librería para inyectar dinero al sector ya fue reclamado en una intervención previa de Marga Losantos, presidenta del Colegio Oficial de Bibliotecarios y Documentalistas de Cataluña, que alertó de la carencia de “una buena red de bibliotecas escolares que hubieran podido ayudar a gestionar la enseñanza a distancia durante el confinamiento”, déficit que contrapuso a la red que en ese ámbito gozan otras autonomías, como Galicia. El que acabó siendo tema estrella de las casi dos horas de charla, moderada por el secretario general de Cultura y Sociedad del PSC, Joan Francesc Marco, y cerrado por el primer secretario del PSC, un Miquel Iceta ante los abarrotados anaqueles con libros de su despacho, fue introducido por la presidenta de los libreros catalanes, Maria Carme Ferrer, que reclamó el paso “de concursos macros a micros que nos permitan competir y aplicar descuentos y acceder a partidas a nuestro alcance”.

Una mayor celeridad de los distribuidores para hacerles llegar los libros “en apenas 24 horas, como hacen otras plataformas” y la “imposibilidad de mantener mucho libro de fondo porque requiere una alta inversión” fueron algunas de las lagunas o inquietudes de los libreros que Ferrer puso sobre la mesa. Seguía la estela que había dejado la presidenta de los editores en lengua catalana, Montse Ayats, que, tras constatar estos meses de confinamiento que los lectores se inclinaron por adquirir libros de fondo de las librerías al no haber novedades, aseguró: “Necesitamos alargar el tiempo de vida de los libros en las librerías”, de la misma manera que “el sector ya sabe que no puede vivir sin una comercialización online fuerte”.

El punto más inquietante de la mesa redonda virtual la puso el presidente del Gremio de Distribuidores de Publicaciones de Cataluña, Martí Romaní, que dijo que la pandemia se llevó, con la suspensión de la diada de Sant Jordi del 23 de abril, “del 30 al 40% de la facturación del año” y admitió que tras la crisis podrían caer algunas empresas del mundo del libro: “Seremos menos”, dijo taxativo, “lo que no quiere decir menos eficientes”. Quizá al ser el primero en hablar, sus señales de alarma quedaron sepultadas. Pero quedaron grabadas, de las pocas ventajas de los encuentros por plataformas online que ha instaurado el coronavirus.

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