Opinión
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Divide y vencerás… ¿hasta romper el feminismo?

No podemos olvidar que somos mujeres y deberíamos defender que “la unión hace la fuerza”

Manifestación del 8 de marzo en Barcelona.
Manifestación del 8 de marzo en Barcelona.Massimiliano Minocri

Divide y vencerás”, ya lo dijo Julio César, y, antes que él, algunos militares griegos menos conocidos. Y lo aplicaron con tino los ingleses demostrando cómo su imperio colonial se hacía fuerte generando disidencias entre los distintos grupos en la India. Y ahí siguen, divididos a día de hoy. La técnica funciona, qué duda cabe, y cualquier político, sociólogo u opinador con quórum suficiente lo sabe y no duda en utilizarla.

Creíamos que las mujeres estábamos alejadas de estas cuitas, centradas en reclamar derechos que llevan siglos sin reconocernos, ayudando a nuestras iguales a escapar de la trata, pendientes de reclamar legislaciones que impidan comprar niños a placer, o ayudando a aquellas que sufren violencia machista, entre otras mil reivindicaciones.

Lo creíamos, digo, y entonces llegó buena parte del postureo que rodea al feminismo en estos últimos tiempos y un día leímos en Twitter: “Hemos reorganizado el equipo de este ministerio para que haya una presencia visible de mujeres pertenecientes a colectivos racializados. Eso significa que no asumiré la Dirección General”. El tuit era de Alba González Sanz, de Unidas Podemos. Renunciaba de este modo a liderar el área de Igualdad de Trato y Diversidad Étnico-racial, dependiente del Ministerio de Igualdad. Su sustituta fue Rita Bosaho. ¿Méritos? Muchos, a buen seguro, similares a su antecesora, en cualquier caso, salvo —cosas del divide y vencerás— que, señalaron desde el partido: “Es una persona racializada”. ¡Acabáramos! Prueba superada. Parecía que poco tenía que hacer una persona de “raza blanca” contra una “racializada” a la que se presupone todo tipo de contratiempos personales y laborales. Igual sucedió en la convocatoria del 8-M en Barcelona Juntas y diversas, ni mención a las mujeres ni a las trabajadoras.

Antes de seguir, aclararé, que todas las personas, incluidas las percibidas o definidas como blancas, claro está, están racializadas, porque todas pertenecemos a una raza, la humana. O a una apariencia catalogada en un contexto cultural y su historia. Obvio. Huelga decir que no parece apropiado utilizar este término para referirnos únicamente a personas “no blancas” y que ese rasgo no hace a nadie más adecuada para ningún puesto de trabajo. Mientras que su uso sí que es… digamos, un tanto racista.

Pero estamos en tiempos de la minoría, y de la minoría de la minoría, y seguro que me recriminarán que no piense en la discriminación que sufren las mujeres negras, o gitanas o... Por supuesto, igual que hay que pensar y reivindicar los derechos de las kellys, las trabajadoras de las fábricas o las prostitutas, muchas de las cuales, a pesar de ser de vistas como “blancas”, seguro que han vivido situaciones de desprotección iguales o mayores que algunas de las “racializadas”. ¿Acaso merece menos cuidado una prostituta rusa que una somalí?

Recientemente desde el Parlament, ERC se sumaba al “divide y vencerás” y con el presidente Roger Torrent a la cabeza reclamaba en su Plan de Igualdad no la igualdad de los sexos, sino “la diversidad representada en términos de edad, de racialización, de diversidad funcional o de orientación sexual e identidad de género”. Una queja parecida leíamos en el informe de On són les dones, donde ya no era importante solo la presencia de mujeres en los medios de comunicación, sino la participación de personas “no blancas”. En realidad, puestos a pedir: “¿Dónde están las mujeres gitanas? ¿Dónde están las mujeres afrodescendentes? ¿Dónde están las mujeres musulmanas? ¿Dónde están las mujeres latinoamericanas no blancas? ¿Dónde están las mujeres asiáticas?”.

Años reclamando nuestro derecho a que no conste el sexo en el DNI para que resulte que en las ofertas del trabajo que salgan del Parlament, o se reclamen en los medios, tengan que tener en cuenta el deseo sexual, la raza o la creencia religiosa.

De nuevo al inicio: “Divide y vencerás”. Tú eres blanca, me dirán, queriéndome situar en un lugar privilegiado, restando legitimidad a mis reivindicaciones feministas y banalizando la discriminación que sufro como mujer. Pero es que no podemos banalizar el racismo desde el feminismo, igual que no podemos dejar que nos traten de homófobas por oponernos a los vientres de alquiler, ni de tránsfobas cuando defendemos que la mujer es el sujeto del feminismo. Igual deberíamos alejarnos de tanto relativismo cultural mal entendido y centrarnos en las reivindicaciones que nos atañen y unen a todas las mujeres, porque las opresiones las vivimos aquí, en Estados Unidos o en Somalia, porque si dividimos nuestro colectivo en pequeños colectivos no conseguiremos alcanzar nuestras demandas. Por eso, no podemos olvidar que somos mujeres y que las feministas deberíamos defender que “la unión hace la fuerza”, porque no queremos que nos enfrenten, queremos estar unidas.

Carmen domingo es escritora.