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El padrón menguante de Padrones de Bureba divide al pueblo: de 46 a 23 habitantes y un alcalde acusado de manipular el censo

Varios vecinos denuncian que el regidor intenta mantenerse en el cargo eliminando a los críticos a base de acusarlos de vivir fuera

Vista de unos edificios abandonados junto al consultorio médico en Padrones de Bureba (Burgos).Juan Navarro

“Déjalo estar, déjalo estar…”, se obtiene al preguntar a los parroquianos del bar del pequeño y recóndito Padrones de Bureba (Burgos) por qué el censo pasa de repente de 46 a 23 personas. No todos los clientes son del pueblo; nadie se pronuncia más allá de esa frase envuelta en un conflicto que divide al municipio, un pulso entre bandos. Uno lo lidera el alcalde, Miguel Ángel García (PP), y el otro el concejal de la oposición, Dariusz Tomasiak (Vía Burgalesa). El regidor sostiene que hay vecinos empadronados que no viven allí y que han sido eliminados del censo por tal motivo; su rival esgrime que García y sus adeptos denuncian ante el Instituto Nacional de Estadística (INE) a quienes no lo votan o lo critican. El resultado, tensión y reducción de empadronados que los agraviados consideran un ardid del alcalde para seguir gobernando y favoreciendo a los suyos.

Un paseo por Padrones revela la clásica estampa rural. Muchas casas cerradas y hundidas y otras en obras o bien avenidas por quienes quieren seguir allí. El rumor del riachuelo entre el silencio se quiebra al golpear con el aldabón las puertas tras las cuales se intuye vida. No siempre hay respuesta. José Antonio Pérez, de 58 años, se asoma junto a su padre y evita pronunciarse sobre el cisma: “No tengo ni idea”. “No todos viven aquí pero si tienen trabajo en Burgos, no van a venir aquí cada noche”, concede sobre quienes regresan los viernes o en verano o los mayores que se mudan a la ciudad en invierno ante la cruda campiña castellana.

La normativa estatal recoge desde 1985 que “toda persona que viva en España está obligada a inscribirse en el padrón del municipio en que resida habitualmente”, como glosan las cartas que el Ayuntamiento ha ido remitiendo a quienes se han desempadronado. Para asegurar que esos habitantes residen de verdad deben entregar recibos de la luz, contratos de alquiler o escrituras del inmueble, con jueces de paz revisando si hay gente en las casas. Los afectados pueden llevar los casos a la justicia, y muchos ya lo han hecho, si lo ven improcedente. Portavoces del INE señalan que aquí se han mantenido esos criterios aunque varios afectados contactados por EL PAÍS matizan que muchas casas tienen poco gasto eléctrico y que no se han examinado sus casos al detalle.

Esta es la teoría. La práctica, que no todos los censados en cualquier pueblo residen constantemente pero siguen registrados para mantener su voto, sus tributos o para contribuir a recibir más subvenciones. Igual en Padrones, con muchos ancianos o herederos que acuden en verano o los fines de semana pero a quienes ha sorprendido el celo del alcalde, a quien acusan de influir a personas de su entorno para denunciar a esos críticos e invalidarlos para las elecciones de 2027. Suena el teléfono de Miguel Ángel García, que lleva gobernando 15 años, y se escucha: “Su llamada está siendo grabada”. “No soy un hombre de política sino del pueblo y de mi gente”, sostiene García, que ha concurrido por el PSOE y últimamente por el PP. Sus rivales aseveran que ha censado a familiares y los ha hecho concurrir por otros partidos para controlar el poder, alegando que ni su propia hija, candidata, se votó a sí misma.

El alcalde rebate a sus críticos y apunta que el concejal de la oposición también denunció a personas cercanas a él, incluidos sus parientes, para intentar suprimirlos del censo. Fuego cruzado. “La ley es igual para todos, y si hay que investigar a unos, a esos que viven en Burgos y trabajan allí y vienen los fines de semana, también”, sostiene García, renegando del edil rival, que le acusa de vivir fuera, y presumiendo de evitar “conflictos de intereses” al registrarse en Briviesca con su familia: “Puedo entender que me tengan inquina pero ¡Un poco de respeto a la historia del pueblo!”. El día de la visita a Padrones de Bureba, al ser avisado de la presencia del periodista, telefonea para reiterar que hay pocos vecinos: “¿A que es un pueblo fantasma?”.

Dariusz Tomasiak, albañil polaco de 53 años y con 13 en el pueblo, atiende en un pueblo cercano donde trabaja. “El alcalde empadronó a toda su familia para hacer fraude y amaño electoral, da licencias de obras a sus amigos, al teniente de alcalde le ha permitido una granja de vacas y a mí lleva dos años para darme unos permisos, solo quiere que se queden sus amigos, lo más fácil es eliminar enemigos”, lamenta Tomasiak, afeando “venganzas” de García, que “no hace nada y cobra 400 euros al mes y 200 su teniente”. “No hay transparencia y es un racista”, añade, afirmando que el regidor amedrenta a una vecina cubana que no quiere hablar con la prensa e indicando que hay trapicheos con esos presupuestos municipales que nunca presenta. “Yo quiero que tengamos todos los mismos derechos, en el pueblo hay clase A y clase B”, reprueba. Hace unos años García contrató seguridad privada por 10.000 euros anuales para proteger a la secretaria de la tensión con Tomasiak. Ella iba dos horas y medias semanales, aunque Tomasiak asevera que no había tales problemas y que la corporación le pagaba horas de más por estar compinchada con el alcalde.

Una vecina que ruega anonimato “por miedo a represalias” comenta que a su madre, de 95 años, “que lleva toda la vida en el pueblo pero ahora está fuera”, la han desempadronado y que el alcalde se ha negado a darle más información alegando “problemas con la clave”. Ella quiso empadronarse para cuidar de su madre y lleva meses esperando. “Maneja el pueblo como quiere, estamos aguantando que corten caminos para que pasen las vacas del concejal, se ha crecido y echa a los críticos”, resume.

Otra vecina se queja pidiendo anonimato: “Madre mía de mi vida… En Padrones es imposible empadronarse desde hace al menos dos años, según el Ayuntamiento no cumplen los requisitos. Mis padres llevan un montón de tiempo y ahora los desempadronan, a veces pasan tiempo fuera. Tienen 89 y 88 años, no los puedo dejar en el pueblo solos. Nos piden documentación y lo han basado todo en los registros de la luz”, destaca. “El albañil trabaja 24 horas y el alcalde toca las narices 24 horas”, sintetiza. Un señor a quien el concejal Tomasiak denunció alegando que no vivía allí se indigna: “El polaco ha dividido al pueblo, quiere mandar él”. Una mujer camina por la calle de Padrones de Bureba y critica a Tomasiak: “El pueblo está dividido… es lo que pasa en los pueblos pequeños”.

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