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Cae una organización de narcos mientras extraían la cocaína que habían mezclado en siete toneladas de harina de maíz

Tres hombres, armados y con chalecos antibalas, fueron arrestados en un macrolaboratorio instalado en Gerindote, un pequeño pueblo de Toledo

Bolsas de harina de maíz con cocaína impregnada intervenidas en la Operación Sircan, en la que se ha desmantelado un macrolaboratorio de extracción de droga.EFE

Los cocineros no siempre llevan delantal. En el caso de los tres hombres detenidos en la madrugada del pasado 11 de febrero en una nave industrial de Gerindote (Toledo, 2.800 habitantes), en vez de cucharones, tenían a mano chalecos antibalas y armas con las que defenderse en el caso de sufrir un asalto. Su misión era extraer, mediante procesos químicos, la cocaína impregnada en más de siete toneladas de harina de maíz recién llegadas por vía marítima desde Colombia. Los responsables de esta tarea tan especializada, que en argot policial y del narcotráfico se denominan cocineros, habían viajado expresamente desde Sudamérica y desde hacía unos días trabajaban a destajo. Ya habían sacado nueve kilos de cocaína de gran pureza, una parte inicial, del total que contenía el cargamento. La intervención policial les cortó el ritmo de producción. Todavía no se ha calculado la cantidad de esta droga que podría contener la harina de maíz intervenida, ya que depende de los análisis que realice Sanidad.

Los tres hombres han sido arrestados dentro de la Operación Sircan, una investigación en la que se ha desarticulado un macrolaboratorio de extracción de clorhidrato de cocaína, la forma más común en la que se consume esta droga ilegal. El operativo, con 13 detenidos en total, también ha desarmado un grupo criminal dedicado al narcotráfico entre América y Europa. Seis de los arrestados, considerados los “principales responsables”, han ingresado en prisión preventiva. Se trata del líder del grupo criminal, su pareja, un empresario colombiano y los tres “cocineros”. “Era un laboratorio importante”, ha subrayado este jueves José Pablo Sabrido, delegado del Gobierno en Castilla-La Mancha, durante una rueda de prensa en Toledo en la que han aportado detalles de la investigación. En la mesa le acompañaban representantes de la Guardia Civil, la Policía Nacional y el Servicio de Vigilancia Aduanera, los tres cuerpos policiales que han trabajado en las pesquisas. Los arrestados, de nacionalidades española y colombiana, están investigados por delitos de organización criminal, tráfico de drogas, blanqueo de capitales y tenencia ilícita de armas.

Los investigados por narcotráfico suelen escoger sitios apartados para situar sus laboratorios clandestinos. La nave de Gerindote, marcada con el número 14, cumplía estos requisitos. La fachada se camuflaba perfectamente entre las empresas legales que trabajan en la población. La puerta, de gran tamaño, no cedió fácilmente. En su interior, encontraron un gran espacio dividido con paneles, según las fases que necesitaban para sacar la cocaína de la harina de maíz. En una parte se extraía la droga; en otra se precipitaba y filtraba; y por último, realizaban el empaquetado, en ladrillos. Así, quedaban listos para venderlos en el mercado negro.

El laboratorio, que también contaba con una parte habilitada para dormir o descansar, funcionaba en turnos, las 24 horas. “Estas personas [los cocineros] estaban metidas en la nave, no salían absolutamente para nada“, ha relatado el inspector jefe Francisco Ignacio González, responsable de la sección de crimen organizado de la Jefatura de Policía de Madrid.

Llegaron en el momento justo para tener una muestra de las diferentes fases del proceso, desde las mezclas líquidas de cocaína base con disolventes, hasta el clorhidrato de cocaína, prensado y finalizado. En la misma nave encontraron 3.500 kilos de precursores, las sustancias que se utilizan en las diversas fases de extracción, y otros útiles. La harina de maíz estaba metida en 526 cajas de cartón. Algunas de las bolsitas certificaban que el producto no contenía gluten.

Los cocineros tenían a mano armas cortas y chalecos antibalas. “Estas organizaciones se defienden tanto de la posible vigilancia que puedan tener de las fuerzas y cuerpos de seguridad como de los grupos que pudieran amenazarles, incluso sustraerles la mercancía”, ha indicado José María Gil, responsable de la Comandancia de la Guardia Civil de Toledo.

Cuando la droga se camufla con sustancias, como la harina o condimentos, o en la fabricación de las drogas sintéticas, en la que intervienen procesos químicos, se suelen usar símiles gastronómicos. Siguiendo esta analogía, se podría decir que la Operación Sircan se cocinó a fuego lento. Las pesquisas comenzaron en 2022, cuando los investigadores seguían a una organización que traficaba con cocaína desde Sudamérica en contenedores marítimos. Sabían que usaban puertos como Róterdam (Países Bajos) u otros en España como vía de entrada. Como “los objetivos” de los cuerpos policiales coincidieron, siguieron la investigación de forma conjunta. El delegado del Gobierno ha alabado tanto la cooperación interna, entre los cuerpos policiales españoles, como la internacional. En las pesquisas han colaborado autoridades de siete países (Estados Unidos, Colombia, Perú, Uruguay, Francia, Países Bajos y Portugal).

Casi una tonelada entre paprika y quinoa

La organización desarticulada ya perdió casi una tonelada de cocaína hace justo un año. Les intervinieron 938 kilos ocultos entre una carga de paprika (especia similar al pimentón) y quinoa, en el Puerto de Cartagena (Colombia). Esas mismas bolsas de paprika, entre las que se camuflaba la droga en Colombia, también aparecieron en los registros en España, según fuentes conocedoras de la investigación.

A la caída del laboratorio de Gerindote, la intervención central de la Operación Sirkan, le han seguido nuevos arrestos en Málaga, La Rioja, Bizkaia y Toledo. El 11 de febrero, los investigadores detuvieron a siete personas, entre ellas el líder de la organización y su pareja, y registraron cuatro domicilios de la Comunidad de Madrid. Intervinieron alrededor de 100.000 euros en efectivo, cinco armas de fuego, tres chalecos antibalas y dos pistolas eléctricas incapacitantes. En las semanas siguientes, arrestaron a otras seis personas. En esos registros requisaron otros 70.000 euros procedentes del tráfico de drogas, una máquina de dinero, una máquina termoselladora y cientos de bolsas para introducir la droga envasada al vacío.

El Servicio de Vigilancia Aduanera, cuya representante también ha acudido a la rueda de prensa, se encargó de la investigación de blanqueo. Sus pesquisas han permitido el bloqueo de siete inmuebles, 17 vehículos y 11 cuentas bancarias del grupo criminal.

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