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El vecino que avisó al 112 de la pasarela mortal de Santander: “El suelo cimbreaba”

Fernando Cabellos asegura que pensó que era “un peligro” y que no soportaría el peso de varias personas

02:06
Una pasarela costera colapsa y deja cinco fallecidos en Santander
Pasarela que colapsó el pasado martes en la zona de El Bocal, en Santander.

Fernando Cabellos, vecino del barrio de Monte, situado al norte de Santander, avisó el lunes al 112 del mal estado de la pasarela por la que cayeron, apenas 24 horas después, siete jóvenes cuando hacían una ruta por los pequeños acantilados de la zona. Cinco de ellos fallecieron. Un dispositivo de búsqueda intenta encontrar todavía a otra chica desaparecida y una séptima se recupera de la caída en la UCI del Hospital Valdecilla de la ciudad. “El suelo cimbreaba”, explica Cabellos. “Vine para casa y llamé al 112″, relata.

Cabellos marcó el número de teléfono de emergencias a la una del mediodía, cuando regresó del paseo. “No llamo casi nunca con el fijo, pero ese día lo hice”, dice. Le contó a la operadora dónde estaba la zona por cuya seguridad temía. “Le dije que era la pasarela de El Bocal, en la zona del faro. El puente es el único que hay”, dice.

“Llamé porque dije: ‘esto es un peligro’, porque si conmigo, que peso 80 kilos, se cimbrea, mañana, como ha pasado, viene un grupo de personas... y no es lo mismo sostener 80 kilos que 300 kilos”, argumenta. “No conozco a las familias [de los afectados por el desplome], pero por lo menos por ellos, que sepan que alguien avisó. Tendrá que pagar el que pague si es que hay alguno que lo ha hecho mal, que yo no sé”, añade.

Cabellos, de 73 años, ofrece estas explicaciones en la entrada de su casa, cuando ya ha caído la noche del miércoles. A su alrededor corretean y gruñen tres de sus cuatro perritas. “Hasta el lunes no lo veía peligroso”, acota el vecino, sobre el paso sobre los pequeños acantilados. “Peligroso estaba cuando se cimbreaba. Es como si te subieras a un avión y fuera dando saltos”. El domingo, de hecho, fue por allí con su esposa, que no se suele unir a sus paseos diarios de dos horas, y no vio nada que le llamara la atención en el estado de la pasarela. “El domingo venía una excursión como de 40 personas”, recuerda. Durante la conversación, precisa que la zona no suele estar muy concurrida y que la frecuentan sobre todo el grupo de amigos que para por allí. Salen a pasear a sus perros, porque allí se les puede dejar sueltos, o echan un rato de conversación.

Este miércoles, un día después de la tragedia, ha ido a declarar a la comisaría de Policía Nacional, el cuerpo encargado de la investigación por los fallecimientos. También ha atendido algunos requerimientos de la Policía Local. “Les he dicho esto mismo”, señala.

El día ha sido especialmente doloroso para el centro de formación profesional en el que estudiaban los jóvenes que se precipitaron al vacío tras romperse la pasarela. Desde el martes por la tarde, cuando el puente colapsó, parte de la zona por la que Cabellos da su paseo diario ha quedado precintada. Durante la jornada, varios grupos de periodistas se distribuían por montículos para intentar divisar, a lo lejos, algún avance en la búsqueda de la joven desaparecida. Por allí también han desfilado responsables de las diferentes administraciones implicadas en la gestión de esta infraestructura, como el Ayuntamiento de Santander o la Demarcación de Costas.

El proyecto de la Senda Costera, que pretendía hacer un paseo de 10 kilómetros desde el faro de Cabo Mayor hasta la Virgen del Mar, se puso en marcha en 2014. Recibió un fuerte rechazo vecinal porque se consideraba demasiado agresivo para el entorno. La obra la inició el Ministerio de Medio Ambiente, pero se terminó paralizando y parte de lo construido sigue en uso. Tras la tragedia del martes se ha abierto el debate público sobre qué Administración debía encargarse del mantenimiento. El secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán (PSOE), habló ayer de “responsabilidad de las tres administraciones” en esta tragedia: ministerio, Gobierno de Cantabria y Ayuntamiento de Santander.

Los vecinos como Cabellos, que ha pasado 30 años viviendo en esta zona, sienten un gran apego a este paisaje, en el que se mezclan las praderas con un entorno costero agreste y en cuyas carreteras se encuentran carteles advirtiendo de la posibilidad de encontrar animales sueltos. “Cuando han hecho la senda y ese puente parecía que era una agresión a todo lo nuestro, cambiando el paisaje y cambiando todo”, comenta sobre la infraestructura. “Irme a pasear por aquí todos los días es para mi como una adicción, si no voy, estoy de mal humor”, confiesa el vecino que alertó del movimiento excesivo del puente de madera.

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