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Misa multitudinaria en Adamuz por las víctimas del accidente de tren

Familiares de algunos heridos han vuelto al pueblo para dar las gracias a quienes les ayudaron

Misa accidente tren Adamuz

Ni el frío ni la lluvia han impedido que unas 600 personas acudan este domingo a la caseta municipal de Adamuz en la que se ha oficiado una misa funeral para homenajear a las víctimas del accidente ferroviario. En la sala abarrotada se concentraban efectivos de Protección Civil y del servicio de emergencias, Policía Local, políticos, familiares de los heridos y vecinos del pueblo de Adamuz. “Podemos estar muy orgullosos de lo que hemos hecho”, decía una residente de la localidad a la entrada de la misa.

El olor a incienso llenaba la sala en la que hace tan solo una semana se refugiaban los heridos tras el choque de los trenes Iryo y Alvia. “Nunca hemos vivido una tragedia así”, dice Antonio Díaz, que no ha podido entrar dentro de la sala y ha tenido que ver la misa desde fuera del recinto, bajo la lluvia.

El sonido de las campanas ha marcado el inicio del oficio a las 11.00 para conmemorar a los 45 fallecidos en el accidente, además de a los heridos —22 quedan hospitalizados, cinco de ellos todavía en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI)—.

Dentro de la sala, cuatro personas se abrazan sin parar. “Qué reencuentro más bonito”, ha asegurado José Luis Mena. “Me ha escrito la familia de José María para decirme que habían venido a la misa y querían conocerme”, ha relatado el joven de Adamuz. Mena sacó del vagón y acompañó a José María, uno de los heridos graves, el pasado domingo. José María todavía se encuentra en la UCI del Hospital de la Cruz Roja en Córdoba. Sus tías han vuelto a Adamuz para agradecer lo que hicieron por su sobrino.

“Me llaman héroe, pero yo no soy ningún tipo de héroe. Lo hice porque me gusta ayudar a los demás”, ha contestado Mena, mientras la familia de José María le miraba con los ojos llenos de lágrimas. Rafi Valverde, tía de José María, apunta que su sobrino se está recuperando y “va evolucionando bien dentro de la gravedad”.

La misa, presidida por el obispo de Córdoba, Jesús Fernández, “ha sido muy solemne”, según la han descrito los vecinos de la localidad. El obispo ha dich desde el escenario, convertido en altar, que “toda Andalucía ha quedado sumida en la tristeza” y se ha preguntado “¿qué hacer para recuperar la esperanza?”. “Hay que hacer un esfuerzo para volver a recordar los regalos que nos fueron proporcionando los seres queridos”, ha remachado, en referencia a los que ya no están.

Junto a él, en la tarima del centro, se ha colocado una representación del Ejército, de la Policía Local, ciudadanos y niños de Adamuz. “El amor debe estar por encima de toda frontera política, cultural y religiosa”, ha incidido el obispo. En las primeras filas del público han estado sentados el presidente del Parlamento andaluz, Jesús Aguirre; los consejeros del Gobierno andaluz José Antonio Nieto y José Carlos Gómez Villamandos; y el alcalde de Córdoba, José María Bellido, junto a otros regidores de municipios vecinos.

Minutos antes del comienzo de la misa, el obispo ha lamentado ante los medios de comunicación que las autoridades no hayan tenido en cuenta el pasado domingo la opción de dejar acceder a los sacerdotes a la zona cero de la catástrofe para que atendieran a las víctimas. “Creo que fue un momento de tanta confusión, al que no estamos acostumbrados, ni tampoco las autoridades”, ha relativizado.

El párroco de Adamuz, Rafael Prados, también se ha dirigido a los allí congregados y ha señalado que “la palabra del buen samaritano ha quedado grabada en el corazón del pueblo”. Para el presidente de la diputación de Córdoba, Salvador Fuentes, el trabajo de los servicios de emergencia ha sido “impagable”. Así lo ha descrito a su llegada a la misa y ha dicho que “este pueblo se volcó de forma improvisada y acudieron a ayudar a todas las personas”.

Es la primera vez que el presidente de la Diputación ha hablado tras el accidente y ha contado que durante esta semana ha podido estar con los forenses encargados de identificar y hacer las autopsias de los fallecidos, además de acompañar a los bomberos. “Cuando llegaron por la noche tras el accidente lloraban como un niño”, ha apostillado ante las puertas del centro.

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