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LA CRÓNICA

El ruido del PP apaga a Vox

Nadie puede competir con los ataques al Gobierno de los populares, que mimetizan la jerga antiambientalista de los ultras

El senador del PP Francisco Martín Bernabé interviene este martes, en la sesión de control al Gobierno del Senado, en Madrid.Foto: KIKO HUESCA (EFE) | Vídeo: EPV
Xosé Hermida

La extrema derecha ha dejado de ser la voz más estentórea de las Cortes. Y no solo porque haya perdido intérpretes que en la anterior legislatura protagonizaron performances tan escandalosas como la ahora descarriada Macarena Olona. Los nuevos actores principales de Vox tienen menos pegada y se han visto superados por un PP cuya marca icónica es su portavoz en el Congreso. Se llama Miguel Tellado y es capaz de empezar el día ante las cámaras de TVE comparando el ultimátum de Pedro Sánchez para renovar en un mes el Poder Judicial con los que lanzaba ETA antes de asesinar a un secuestrado.

El más bien flemático y poco dado al combate ideológico Luis Planas, ministro de Agricultura, se tiró a la yugular de la representante del PP Lorena Guerra, este martes en el Senado: “Ustedes y Vox eran hermanos de sangre y ahora también son hermanos de programa y de actitud”. Planas recriminaba así a los populares su “activismo frenético” para azuzar protestas del campo contra el Pacto Verde europeo, suscrito por las grandes fuerzas políticas de la UE, el centroderecha entre ellas. Poco antes, Guerra había emulado la jerga antiambientalista de los ultras al acusar al Gobierno de practicar una política “ecorradical”.

Los populares volvieron de la Semana Santa con los ánimos de pelea intactos y retomaron la actividad parlamentaria en el Senado de nuevo con sus altavoces a todo volumen. Allí en la Cámara alta el PP prepara ahora su vía crucis para la proposición de ley de amnistía, que vivirá el próximo lunes la primera estación con una sesión extraordinaria de la Comisión de las Comunidades Autónomas, por la que desfilarán uno a uno los barones del PP —será la segunda vez— para ratificar su indignación por los pactos de Sánchez con el independentismo.

El otro gran eje de la estrategia opositora de Alberto Núñez Feijóo y los suyos sigue siendo el caso Koldo, un tanto escaso de novedades desde hace días pero que los populares exprimen y exprimen sin descanso. Y pese a que tuvieron que aplazar algunas de sus preguntas en la sesión de control en el Senado, porque el Gobierno alegó que no todos los ministros estaban disponibles. El PP sí pudo volver sobre la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, a quien hace tempo que tiene olvidada y a la que preguntaba por si la renuncia de Sánchez a unos nuevos Presupuestos puede dañar el empleo. Las noticias del día no contribuían mucho al empeño de los populares tras conocerse que España está a punto de superar el récord histórico de 21 millones de afiliados a la Seguridad Social. Así que su portavoz en el Senado, Alicia García, buscó refugio en lo seguro: más Koldo.

García escaló un peldaño más en la cadena de deducciones que está exhibiendo el PP en su intento de demostrar que todo el PSOE, de arriba abajo, está corrompido. Y no solo el PSOE: también la líder de Sumar, argumentó la portavoz popular, “está ocultando la trama de corrupción” con un “silencio cómplice”. Díaz le contestó parafraseando su célebre latiguillo parlamentario: “No le voy a dar un dato, le voy a dar diez”. Todos eran para demostrar la buena marcha del empleo y conducir a una conclusión: “Me gustaría que las buenas noticias para mi país no fuesen malas noticias para la oposición”.

Aún faltaba la guinda con que el PP lleva dos semanas tratando de convencer a España de que Sánchez, además de todas las cosas que se han oído de él en los últimos años, es un corrupto: la relación profesional de su esposa, Begoña Gómez, con Air Europa, rescatada por el Gobierno durante la pandemia. Por ese terreno apareció cabalgando con todo el brío el senador Francisco Martín Bernabé para hablar de la “mujer del César”, de “Begoña y Pedro”, y lanzar un alegato acusatorio adornado de expresiones como “connivencia marital” o “tráfico de influencias conyugal”. Y para culminar con una metáfora: “Ahí sí hay un auténtico caso de corrupción en el mismo lecho de poder del PSOE”. El ministro de la Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, evitó esta vez el socorrido contraataque del ‘y tú más’ y se dedicó a exponer que el PSOE exige responsabilidades a los suyos cuando salta un caso mientras el PP “ataca a los fiscales que investigan”. Sobre la esposa de Sánchez, Bolaños replicó entre las protestas de la bancada popular: “¡Qué palabras tan miserables intentar enfangar a personas honradas del entorno familiar del presidente!”.

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¿Y Vox? Pues trató de hacerse oír con uno de sus clásicos, la denuncia de la inmigración irregular. Pero el estruendo reside ahora en otra parte. Y ni siquiera la extrema derecha puede competir con él.

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Sobre la firma

Xosé Hermida
Es corresponsal parlamentario de EL PAÍS. Anteriormente ejerció como redactor jefe de España y delegado en Brasil y Galicia. Ha pasado también por las secciones de Deportes, Reportajes y El País Semanal. Sus primeros trabajos fueron en el diario El Correo Gallego y en la emisora Radio Galega.
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