La exportación regulada trata de abrirse paso entre Ceuta y Marruecos tras el fin del ‘comercio atípico’ con porteadoras

La apertura de la aduana prevista en la ciudad autónoma se pospone de nuevo, a la espera de la cumbre que Madrid y Rabat han convocado esta semana, en medio de la incertidumbre de los empresarios locales

Contenedor azul que alberga la nueva aduana española en la frontera de Ceuta con Marruecos, durante la prueba piloto del viernes.
Contenedor azul que alberga la nueva aduana española en la frontera de Ceuta con Marruecos, durante la prueba piloto del viernes.MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES (MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES)

Las autoridades de Rabat guardan proverbial silencio sobre Ceuta y Melilla, mientras las de Madrid celebran con lenguaje diplomático el “hito importante” que supuso el pasado viernes la prueba piloto de la “inédita apertura” de una aduana comercial terrestre entre El Tarajal, el paso fronterizo ceutí, y Fnideq, una ciudad también conocida como Castillejos bajo el Protectorado español sobre el norte marroquí. “Hasta 2019, cuando Marruecos lo prohibió, el comercio atípico (de porteadoras, en un contrabando tolerado) ascendía a unos 500 millones de euros al año, equivalente al 40% de nuestras exportaciones”, recuerda Arantxa Campos, presidenta de la Confederación de Empresarios de Ceuta.

Integrante del Comité Ejecutivo de la CEOE, Campos resume la sensación mixta de expectación e incertidumbre con la que han vivido las compañías asentadas en la ciudad autónoma la primera experiencia de una aduana terrestre desde la independencia de Marruecos, en 1956. “A nosotros no nos han informado de nada. En la Delegación del Gobierno han llevado el asunto de forma confidencial. Y aquí nunca habíamos tenido una aduana, como en Melilla”, explica esta experta en consultoría económica. “Aquí solo hubo comercio atípico, sin pagar aranceles ni documentación de ningún tipo”.

Mario de Miguel, jefe de operaciones de la empresa Borras S. L., que exporta dulces, chocolate y café a Marruecos y a otra veintena de países, también considera que la pelota está en el alero de Rabat. “El chocolate Maruja es una de las marcas más reconocidas en la alimentación marroquí desde 1917″, asegura el directivo empresarial en un café del centro de Ceuta. “Ahora tenemos que exportar a través de los puertos de Algeciras y Tánger o Casablanca”, precisa. “Si podemos enviar camiones de 24 toneladas por la nueva aduana, cambiaremos nuestra ruta. Pero antes tendrán que establecerse los puntos de control sanitario en la frontera”, advierte. Para su compañía, la entrada de mercancías desde Castillejos también representaría una ventaja comercial, ya que uno de sus principales proveedores de azúcar es marroquí.

El Ministerio de Exteriores español dio a entender que la apertura de las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla se iba a producir antes de la Reunión de Alto Nivel (RAN) que se celebrará en Rabat los días 1 y 2 de febrero, cumbre a la que tiene previsto asistir el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al frente de una delegación de una docena de ministros. No ha sido así, aunque las pruebas de funcionamiento se desarrollaron el pasado viernes con normalidad en Melilla, según informó el diario El Faro de Melilla, ya que en esa ciudad autónoma existió una aduana comercial hasta 2018. El diario, por su parte, aseguró que los trámites se llevaron a cabo de espaldas a la opinión pública y con lentitud entre El Tarajal y Fnideq, donde la prueba piloto se prolongó más de cuatro horas por supuestos problemas en la emisión de certificados.

Una furgoneta de la empresa ceutí Almacenes Bentolila, cargada con productos de limpieza e higiene personal, fue el primero envío comercial en atravesar la aduana en la prueba de funcionamiento. Salvador y José Bentolila, administradores de la compañía, también quieren dejar de enviar sus productos a través de los puertos del Estrecho. “La era del comercio atípico ya ha terminado, no queremos que se repita. El comercio regulado es lo mejor para todos, también para Marruecos”, aseguran ambos hermanos, considerados como unos de los principales empresarios de la ciudad autónoma, con negocios en los sectores del textil y el calzado, entre otros.

“El cierre del comercio atípico representó para nosotros una caída de ventas de hasta el 80%, y luego vino el bloqueo por la pandemia”, aseguran los Bentolila. También lamentan que la exigencia de visado Schengen para los marroquíes de la región próxima a Ceuta haya acabado de dar la puntilla al comercio de turismo familiar de visitantes de la zona. “La aduana aún tiene que rodarse, es algo normal. Queremos ser optimistas; que se cumplan los acuerdos entre España y Marruecos”, reconocen.

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Ceuta ha estado buscando nuevas vías de desarrollo tras el mazazo que supuso la prohibición del comercio atípico. Se ha aprovechado de su régimen fiscal especial para favorecer las inversiones en sectores como la tecnología y el juego on line, que ha creado unos 350 empleos para teleoperadores. Pero la apertura de una aduana comercial es clave para el futuro de la ciudad. “Los transportistas serían los primeros beneficiarios, así como el comercio en general, si se favorece la permeabilidad económica en la frontera”, alega la presidenta de la Confederación de Empresarios de Ceuta. “La pobreza marca la realidad del norte de Marruecos y nosotros podemos contribuir a su desarrollo”, argumenta Campos, quien sostiene que la aduana también serviría en sentido inverso, al facilitar la entrada directa de productos como el pescado fresco o los áridos para construcción que ahora vienen desde Marruecos vía Algeciras.

Contenedor azul en El Tarajal

Por ahora, en el sector español del paso fronterizo el Gobierno ha instalado un contenedor metálico de color azul con el anagrama de la Agencia Tributaria que hace las veces de oficina de aduanas. Mientras, en el sector marroquí no se observan nuevas instalaciones. Presumiblemente, según la presidenta de los empresarios ceutíes, los trámites se situarán en una nueva zona franca situada en el límite con Castillejos. “Nuestro conductor tuvo que esperar, mientras los aduaneros marroquíes iban y venían (en el área de Fnideq)”, puntualizan los hermanos Bentolila.

En la zona franca aneja a la frontera marroquí se observa un creciente desarrollo con la construcción de naves y almacenes, por ahora semivacías. En el otro extremo del paso fronterizo languidecen las instalaciones del polígono de El Tarajal, que fue epicentro del comercio atípico con cientos de mujeres marroquíes porteadoras cargadas con bultos de mercancías. “Marruecos invita ahora a los empresarios ceutíes a que se instalen en Castillejos, al otro lado de la frontera”, revela Arantxa Campos.

El Gobierno de Rabat dice aceptar la apertura de “aduanas terrestres” con España sin mencionar a Ceuta y Melilla, plazas de soberanía a las que define como “presidios ocupados” y a la que considera parte integrante de su territorio nacional. El Ministerio de Exteriores marroquí ha derivado las preguntas de EL PAÍS sobre este asunto a las autoridades del departamento de aduanas, que a su vez no han respondido a la petición de aclaraciones.

“La apertura de la aduana de Ceuta es lo único que puede frenar el comercio atípico transfronterizo. Intentar que entre dos zonas (contiguas) no haya relaciones comerciales es una cosa antinatural. Lo suyo es regularlo, hacerlo como en todas las fronteras del mundo”, concluye la principal dirigente empresarial de la ciudad autónoma. “Tengo confianza. Habrá aduana”, confiesa Arantxa Campos. “Un presidente del Gobierno y un ministro (de Exteriores) no pueden decir en público que se va a haber una aduana y que luego no se abra. Sería decepcionante y sorprendente”.

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Sobre la firma

Juan Carlos Sanz

Es el corresponsal para el Magreb. Antes lo fue en Jerusalén durante siete años y, previamente, ejerció como jefe de Internacional. En 20 años como enviado de EL PAÍS ha cubierto conflictos en los Balcanes, Irak y Turquía, entre otros destinos. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza y máster en Periodismo por la Autónoma de Madrid.

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