La activista saharaui Sultana Jaya viaja a España para recibir atención médica

La militante del Frente Polisario denunció sufrir un cerco policial en su casa del Sáhara Occidental durante un año y medio

Sultana Jaya posa en su casa de Bojador con la bandera de la República Árabe Saharaui Democrática, acompañada de otras militantes pro Frente Polisario, el 26 de marzo.
Sultana Jaya posa en su casa de Bojador con la bandera de la República Árabe Saharaui Democrática, acompañada de otras militantes pro Frente Polisario, el 26 de marzo.Francisco Peregil

Sultana Jaya, la activista de 41 años que se convirtió desde el año pasado en el gran símbolo de la resistencia del Frente Polisario en los territorios del Sáhara Occidental controlados por Marruecos, ha viajado este miércoles desde El Aaiún a Las Palmas de Gran Canaria. Desde allí tiene previsto volar este viernes 3 de junio hacia Alicante para recibir atención médica. Jaya denunció haber sufrido durante más de un año y medio un “asedio” policial en su casa en la ciudad de Bojador, de 30.000 habitantes. El cerco y la vigilancia alrededor de su vivienda —que las autoridades marroquíes niegan— comenzó, según Jaya, el 19 de noviembre de 2020, cinco días después de que el Frente Polisario decretara la ruptura del alto el fuego suscrito desde 1991 ante la ONU.

Durante los últimos 18 meses, Jaya solía subir cada tarde con su hermana Elwara, de 48 años, a la azotea de la casa para ondear la bandera del Frente Polisario, prohibida en Marruecos. Después, difundían la escena en las redes sociales. La vigilancia y el cerco que denunciaba Jaya sobre su casa quedó roto el pasado 16 de marzo, cuando dos militantes estadounidenses de la organización Human Rights Action Center (HRAC), burlaron la vigilancia y accedieron a la casa de la activista saharaui.

Los ciudadanos estadounidenses son Ruth McDonough y un médico que prefiere mantenerse en el anonimato y presentarse como Alí. Los dos militantes extranjeros, que han vivido con Jaya durante once semanas, viajan a Canarias con la activista saharaui, para regresar luego a su país de origen. Alí indicó en conversación telefónica con este diario: “El Estado marroquí nos está poniendo una alfombra roja para que nos vayamos. Yo creo que están muy felices de que salga Jaya”.

Sultana Jaya y los dos activistas de Estados Unidos viajaron el pasado lunes desde Bojador a El Aaiún, capital administrativa del Sáhara Occidental, situada a 190 kilómetros al norte. Se hospedaron en la casa del saharaui Hassanna Douihi, de 56 años, a la espera del avión para volar a Las Palmas de Gran Canaria.

Las autoridades marroquíes han negado desde siempre todas las acusaciones de Jaya y la han tachado de mera “propaganda sin ningún fundamento”.

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Hassanna Douihi afirma, en conversación telefónica, que Jaya decidió viajar a España después de ser aconsejada por un médico estadounidense. “Su estado de salud requiere apoyo médico”, indicó, “y varios activistas saharauis de distintos continentes le rogaron que visite médicos en otros lugares. Ella necesita que le revisen un ojo cada seis meses”. Tras un año y medio en su casa, Jaya salió por primera vez hace dos semanas para renovar su pasaporte, según informa su entorno. “Mi casa”, indicó este martes Douihi, está rodeada por la policía. No dejan entrar a activistas que quieren visitar a Sultana”.

Jaya ha denunciado en redes sociales que su hermana fue violada por fuerzas marroquíes con un palo de la bandera saharaui el 12 de mayo de 2021. Y que a ella la violaron con los dedos de la mano varios encapuchados “paramilitares” el 15 de noviembre y el 5 de diciembre del año pasado.

Por su parte, Mohamed Salen Saadoun, director regional del Consejo Nacional de Derechos Humanos (CNDH), órgano oficial que mantiene ciertas semejanzas con el Defensor del Pueblo español, indicó a este diario el pasado marzo que ninguna de las acusaciones de Jaya han podido ser verificadas. Y añadió que podía salir al extranjero sin ningún problema, “igual que lo hacen otras activistas”.

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Sobre la firma

Francisco Peregil

Es corresponsal para el Magreb desde 2015, con sede en Rabat. Antes ejerció desde Buenos Aires durante tres años como corresponsal para Sudamérica. Comenzó en EL PAÍS en 1989, después de trabajar varios meses en 'El Mundo'. Es autor de las novelas 'Era tan bella', –mención especial del jurado del Premio Nadal en 2000– y 'Manuela'.

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