MANIFESTACIÓN CONTRA LOS INDULTOS EN COLÓNCrónica
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Abascal en Colón, Santi en casa

El líder de Vox hace suya la plaza de la derecha en Madrid con Casado como invitado

Abascal se hace un selfie junto a una simpatizante en la plaza de Colón, este domingo. En vídeo, Abascal pide unidad "por encima de siglas políticas".(FOTO: ANDREA COMAS | VÍDEO: EP)

Si hay algo capaz de retratar la política de un país con una fiabilidad implacable es el dinero. Cuando se trata de ganarlo, especialmente. Por eso este domingo los líderes de los partidos, los analistas y los expertos harán muchas y muy variadas interpretaciones de la concentración de la plaza de Colón, en Madrid, contra los indultos de los presos independentistas catalanes. Pero el hombre que está en Recoletos frente a la estatua de Valle-Inclán, asado de calor, vende a tres euros la bandera de España y al mismo precio la bandera de Vox. Ni le va ni le viene la escandalera que hay montada metros arriba; él es un algoritmo, una traza valiosísima del capitalismo en cuanto a capacidad de diagnóstico; si quiere ganar dinero, tiene que vender banderas de España y de Vox. A 200 metros, la comitiva de Pablo Casado, ajena al movimiento tectónico que se produce a su derecha (a toda su derecha), cruza la calle para llegar a la plaza.

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En el cruce de las calles Armada Española, Jorge Juan y Serrano, el lateral de la estatua de Blas de Lezo de Colón, la organización cierra las vallas. Aquí un hombre de buena barba y pecho palomo, camisa abiertísima, tirantes gruesos y boina peaky blinder, se fuma un purito. Sonríe a la gente que lo saluda y lo aclama. Se acerca un momento a la valla y se hace un selfi entre bromas con unos señores: “¡Tú no eres Santi!”, le dicen. No es Santiago Abascal, pero da la impresión de que daría lo que fuese por serlo al punto de disfrazarse de él; un tipo así un domingo de mani en Colón es como el doble de Messi un día de partido en el Camp Nou.

Se amontona gente fuera, pero la organización es clara: no se va a permitir más aforo del aconsejado por las restricciones de la pandemia. Es un intento loable por parte de los voluntarios de la asociación Unión 78 (por supuesto la gente se agolpa, especialmente en los alrededores del escenario, pero en los laterales hay espacio para respirar y más distancia que la del metro y medio de separación exigido), que también son escrupulosos con la neutralidad política sobre los líderes (“¿Sabe a qué hora llega Abascal?”, pregunta el periodista. “No sabemos ni estamos para saberlo; vendrá, si viene, a la hora que le parezca”). Un estruendo de aplausos interrumpe la conversación. ¿Es Abascal, por fin? ¿Es Rosa Díez, en su enésimo renacimiento político como organizadora del acto? No, es un votante del PSOE. Un votante socialista al que cientos de personas aplauden a su paso y le gritan “viva España” y “olé tus huevos”, porque obviamente es un votante del PSOE arrepentido, o eso dice él, con una pancarta que cuenta: “Yo, votante del PSOE, al pueblo pido perdón y al Gobierno, dimisión”.

Santiago Abascal ha citado a los periodistas frente a la estatua de Blas de Lezo, en la esquina contraria del cuadrilátero de Colón por la que entra Casado. Santiago Abascal en Colón es “Santi”. “¿A qué hora llega Santi?”, “¿aquel de allí es Santi?”, “¿no va a hablar Santi en el escenario?”, “por ahí viene Santi”. Y efectivamente, por ahí llega Santiago Abascal, mascarilla militar, bandera de España y camisa apretada y arremangada. Sus escoltas despejan el camino y se forma un pasillo espontáneo en la plaza con el entusiasmo de los manifestantes, que se parten en dos como a Moisés las aguas. Una mujer que se queda en uno de los lados pretende pasar al contrario, abriéndose paso. “¿No ves que está pasando Santi?”, le reprocha un caballero español. Abascal reúne a los medios; como es un día especial, juguetea con los sintagmas, desmontándolos para volverlos a montar: “separatismo golpista” y “golpismo separatista”, dice como si valorase cuál es más grave. Luego explota: “traición”, terroristas”, “ilegítimo”, “corrupción”, “comunismo”. Y vuelve a amansarse: “golpismo separatista”, “separatismo golpista”.

¿No habrá foto con Pablo Casado e Inés Arrimadas? “No tengo miedo ni vergüenza de ningún tipo de foto”, dice. Pero no hubo foto. No le llames miedo o vergüenza, llámalo Dios o llámalo energía. En cualquier caso, de estos actos siempre salen los mismos dos vencedores: Abascal, líder de la extrema derecha recibido entre gritos de “presidente, presidente”, jaleado también por los grupúsculos fascistas que se presentaron en el acto, y Pedro Sánchez, al que cada reunión de salvación nacional le da aire incluso en decisiones con las que él mismo no estaba de acuerdo meses atrás. Colón es diagnóstico y bálsamo.

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