Partido Popular

Batalla decisiva en el centroderecha

El PP da por muerto a Ciudadanos y busca ocupar su espacio. Los barones advierten de la complicada relación con Vox

El líder del PP, Pablo Casado, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, este jueves en Madrid.
El líder del PP, Pablo Casado, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, este jueves en Madrid.Mariscal / EFE

Pablo Casado se juega su futuro político e hipoteca el del PP nacional al intento de jaque mate de Isabel Díaz Ayuso a Pedro Sánchez en Madrid. No hay muchos más planes. En la planta más noble de Génova 13, el entorno del líder popular resume así su única estrategia hasta la contienda en las urnas madrileñas del 4 de mayo: “El gran error del Gobierno y de los socialistas ha sido intentar cargarse a Ayuso a toda costa y crear así un monstruo. Y han logrado el efecto contrario”. Por lo que respecta a Ciudadanos, en el PP dan por muerta ya a la formación que lidera Inés Arrimadas, tras una semana frenética que podría resultar determinante para el futuro del centroderecha en España, y después de dar por superado el sainete murciano con la frustrada moción de censura por culpa de los tres tránsfugas de Ciudadanos.

En eso coinciden la decena de dirigentes consultados por EL PAÍS, tanto del equipo de Pablo Casado como veteranos, críticos y barones regionales. Muchos de ellos aconsejan a Casado que no se deje engañar por el peculiar ambiente político madrileño y apuestan por que, aun en el caso de que Ayuso fagocite todos los votos y escaños de Ciudadanos, el PP no caiga en la tentación de gobernar en la Puerta del Sol con la extrema derecha de Vox.

Después de la conmoción provocada por el terremoto político murciano, el pavor se instaló por unas horas en los despachos de la sede central del PP. Y no era solo por perder el poder en un territorio tan popular como Murcia, de donde procede el secretario general del partido, Teodoro García Egea, siempre en el punto de mira. A continuación, irrumpieron la cadena de inesperadas mociones de censura y, sobre todo, el giro de acontecimientos en la joya de la corona: la Comunidad de Madrid.

La operación, como reconocen en la cúpula del PSOE, pretendía desbaratar el sueño de Casado de recomponer bajo sus siglas a los tres partidos del centro-derecha. El pánico se instaló de nuevo en el equipo de Casado, que ha vivido detrás del calendario y de las crisis desde que ganó su liderazgo hace casi ya tres años.

Lo que ahora atisban en el PP, cerca de Casado, en las baronías regionales y en los sectores más críticos y escépticos es la defunción de Ciudadanos, como le ocurrió a la UCD. Y también la complicada relación futura con Vox, sobre todo dependiendo de cuál sea la distancia a la que se quede Isabel Díaz Ayuso de los 69 escaños que marcarán en la Asamblea de Madrid la mayoría absoluta. Hasta ahora solo tenía 30. Todos los análisis del futuro del PP pasan por lo que le ocurra a Ayuso el 4 de mayo.

Andrea Levy, miembro del actual comité de dirección nacional y compañera de planta de Casado desde que Mariano Rajoy fichó a ambos en 2015 para intentar rejuvenecer a su ejecutiva, lo explica así: “Estas elecciones regionales van a ser totalmente de alcance nacional y lo que mejor le vendrá a Ayuso y a Casado es que ella demostrará que pulveriza el proyecto de Ciudadanos y que el PP asume todo el centro. El mensaje tras el 4-M será el desenlace de lo que pasará en el centroderecha, ya con Vox solo a la extrema derecha”.

José Luis Ayllón, exjefe de gabinete de Rajoy, ahora consultor político, incide en la idea de todos los consultados sobre que esta semana se acabó la entelequia de la fusión de los tres partidos en el espacio del centro-derecha: “Ciudadanos estaba en liquidación y ahora va a desaparecer y el PP, que estaba en el medio, ahora podría quedarse solo representándolo todo, pero para eso tiene que demostrar que tiene capacidad para ganar y gobernar y eso aún le sigue faltando: nadie tiene la sensación de que si Sánchez no estuviera ahí, Pablo Casado lo estaría haciendo mejor”, sostiene.

Esa carencia, la de un liderazgo sólido que sea asumido por un electorado transversal como una verdadera alternativa al Gobierno de Sánchez y Pablo Iglesias, la exponen varios dirigentes desde el anonimato. Pero las críticas internas se han amortiguado bastante esta semana tras sentirse en el PP atacados en una operación que ven diseñada desde La Moncloa y traicionados por Arrimadas, a la que Casado ha querido cuidar tanto estos meses.

Uno de los veteranos de mayor tirón electoral del partido, desde la época de Manuel Fraga hasta Rajoy, ve tanto riesgos como beneficios “en esta deriva sin retorno e imposible de recuperar ya con Ciudadanos”. Eso sí, dependiendo de lo que Ayuso y Casado quieran hacer tras las elecciones del 4-M con Vox. Y añade el exministro: “Si Ciudadanos, como parece en las últimas encuestas, no entra en el Parlamento, Ayuso subirá y recogerá gran parte de ese voto, pero no llegará a la mayoría absoluta por poco. Y entonces Vox tendrá la difícil tesitura de permitir con su abstención, en segunda votación, que ella sea presidenta o votar en contra y explicarle a sus electores que han dejado gobernar a la izquierda”.

Disyuntiva

Nadie prevé que eso pueda suceder, porque además se concluye que Ayuso no ha cortado sus relaciones con Vox y menos aún con sus electores. El reduccionismo de la izquierda de que “votar a Ayuso es gobernar con Vox” se contrapone desde el PP: “No votar a Ayuso es votar a Iglesias”.

Francisco Núñez, presidente del PP de Castilla-La Mancha, de la generación de Casado, tiene clara cuál tiene que ser la disyuntiva a plantear: “Aquí se elegirá entre Ayuso y Sánchez, entre el PSOE con Podemos o continuar con las propuestas de una presidenta que apuesta por hacer más fuerte a Madrid en su capacidad locomotora de toda España”, dice.

El propio García Egea subrayó este sábado esa única estrategia para esas elecciones en la clausura de un congreso del partido en Córdoba: “Madrid no quiere ningún Gobierno en miniatura de Sánchez e Iglesias, la peor pesadilla y preocupación de Sánchez es un PP muy unido, que recoja todo lo que hay a la derecha de Sánchez, que es mucho”. El número dos del PP interpreta que el partido sale en toda España de esta semana crucial con “sensación del orgullo de pertenencia a unas siglas”. Y a su vera, Juan Manuel Moreno, el presidente andaluz, recalcó su malestar con Sánchez “por ese juego de mesa, de ajedrez y de tronos” patrocinado, dijo, desde La Moncloa en plena tercera ola de la pandemia.

Tras la debacle para el PP de las elecciones catalanas, que les dejó con cuatro escaños y sin grupo propio, se abrió en el partido un minidebate sobre su definición ideológica y de discurso. Algunos hablaron de la necesidad de un congreso refundacional y el asunto se saldó con una convención para el otoño. Ahora el debate sobre qué hacer se cierne sobre la relación con Vox y sobre el modelo de implantación en toda España.

Alfonso Rueda, vicepresidente de la Xunta de Galicia y el candidato a suceder a Alberto Núñez Feijóo, ofrece su fórmula: “El PP se consolidará en toda España si lo hace en todas las comunidades, que no son iguales, y se combinan planteamientos nacionales con actuaciones adaptadas a los territorios”. Y sobre Vox apunta: “No hay que obsesionarse, hay que aprovechar rápido la desaparición de Ciudadanos, hacer el partido más grande y que se nos vea, como en Galicia, como un partido útil, con posibilidad de gobernar”.

Esteban González Pons, portavoz popular en Europa, plantea lo que parece ahora una quimera: “Es el sistema y los partidos que trajeron la democracia los que están en crisis; habría que hacer una convención de reconstrucción del proyecto, porque no puede ser que no seamos una formación limítrofe con el PSOE, con el que habría que tender puentes”. Núñez se pone como misión “ensanchar al PP fuera de Madrid por las bases, pueblo a pueblo, con más protagonismo de los afiliados en las juntas locales”.

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