El Elíseo marca distancias con el apoyo de las autoridades de Perpiñán a Puigdemont

El ‘expresident’ espera convocar este sábado a 70.000 personas en un mitin multitudinario

Carles Puigdemont, en Bruselas el pasado 15 de febrero.
Carles Puigdemont, en Bruselas el pasado 15 de febrero.Thierry Roge / BELGA/dpa

Nunca, desde octubre de 2017, Carles Puigdemont había estado tan cerca de la frontera con España, tras huir de la justicia. Amparado por la inmunidad que le otorga ser eurodiputado, el expresident llegó este viernes a Perpiñán para participar este sábado en un mitin al que espera convocar a 70.000 personas. Los líderes políticos en la llamada Cataluña Norte, en plena campaña electoral, defienden la celebración del acto. En París las cosas se ven distintas: “Las autoridades francesas no apoyan en nada esta reunión”, reaccionó una fuente del Palacio del Elíseo.

París y Perpiñán son universos desconectados cuando se trata del procés. En la ciudad francocatalana, Puigdemont ha sido recibido con muestras de hospitalidad y mensajes de bienvenida por las fuerzas vivas locales. Incluso subrayaron el derecho a acoger el mitin quienes cuestionaban la conveniencia de un acto político masivo de un político de otro Estado, a solo dos semanas de las elecciones municipales en Francia. “Hemos entrado en Cataluña. Muy emocionados de volver a pisar tierra catalana como personas libres”, tuiteó este viernes Puigdemont tras llegar al sur de Francia.

El expresidente y el president Quim Torra serán recibidos hoy por el alcalde, Jean-Marc Pujol, y la presidenta del Consejo General del Departamento de los Pirineos Orientales, Hermeline Malherbe. El primero es de derechas; la segunda, socialista. Pese a que el sentimiento independentista —y catalanista— es débil en esta región, la simpatía con Puigdemont abarca supera a las ideologías.

Todos dicen estar en contra de la independencia, pero muchos se solidarizan con los líderes catalanes huidos en el extranjero y requeridos por la justicia española, o con los condenados. Significativa es la posición de Romain Grau, candidato a la alcaldía de Perpiñán por La República en marcha (LREM), el partido del presidente Emmanuel Macron, y próximo a él: fueron compañeros de estudios en la Escuela Nacional de Administración.

“Al estar muy apegado a las libertades públicas, de las cuales la primera es la libertad de expresión y de reunión, soy favorable a la celebración del mitin de Puigdemont”, escribió Grau en las redes sociales. “Puigdemont es mi amigo, seré feliz de reencontrarme con él”, añadió el también diputado en la Asamblea Nacional. Preguntado acerca de la posición favorable al mitin de un macronista destacado como Grau, una fuente del Palacio del Elíseo respondió: “La posición del Gobierno francés y del presidente no ha cambiado en nada: nuestro apoyo a España siempre ha sido claro. Las autoridades francesas no apoyan en nada esta reunión”. Y, en alusión a los diputados y senadores franceses que el año pasado denunciaron la supuesta “represión” contra el independentismo, añadió: “Hemos condenado todas las iniciativas parlamentarias, incluso las que incluían cargos electos de la mayoría, sobre el apoyo a las personas incriminadas en este proceso”.

El exprimer ministro francés y edil de Barcelona Manuel Valls denunció en Twitter el recibimiento oficial que tendrá Puigdemont. “Se trata de una falta de respeto por el país vecino, su Justicia y su Estado de Derecho, y cuestiona, además, los principios de la UE y el republicanismo, siempre opuestos al separatismo”, escribió.

El mitin de Puigdemont coincide con un momento de alta intensidad política. El 15 de marzo se celebra la primera vuelta de las elecciones municipales. Louis Aliot, candidato del Reagrupamiento Nacional (RN, la formación heredera del Frente Nacional), parte como favorito. Es el único dirigente que se desmarca del apoyo al mitin: defiende el derecho a celebrarlo, pero cuestiona que ocurra ahora.

“Puigdemont es eurodiputado, con lo que puede transitar por los países europeos. No veo ningún motivo de prohibición”, dice Aliot por teléfono. Si él hubiese sido alcalde, continua, le habría pedido al expresident que esperase al final del proceso electoral francés. “Después, podría haber hecho lo que quisiera y habría sido bienvenido”, añade.


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