A Laponia en tren nocturno

La cantante Vega nos cuenta el viaje, con unas amigas, a Finlandia, Rusia y la región nórdica donde vive Papa Noel

La cantante Vega.
La cantante Vega.

Su nuevo disco de este año, Non ho l’età, es un homenaje a la música italiana que escuchaba con su padre. Pero aquí Vega nos quiere hablar de lugares más septentrionales como Laponia y Rusia, adonde viajó con unas amigas.

Cuéntenos el viaje desde el principio.

Volamos desde Madrid a Tampere, en Finlandia. Mis amigas son más jóvenes que yo y me adapté a su ritmo, al que ya no estaba muy acostumbrada. Alquilamos un coche y nos fuimos a Helsinki, donde pasamos dos noches.

¿Qué le pareció Helsinki?

Está impoluto. Las terrazas estaban siempre llenas aunque fuese febrero; el truco es que tenían calefacción.

¿Y de allí adónde fueron?

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Tomamos un tren para ir a San Petersburgo. Íbamos pertrechadas con ropa térmica y botas de nieve, eso sí. Nos dimos buenas panzadas de caminar porque ese año, 2010, había sido el atentado del metro de Moscú y no recomendaban tomar transporte público. Como íbamos en plan viaje estudiantil, no cogimos ni un taxi. Y para comer y cenar, hamburguesas. Me salían por las orejas.

¿Alguna actividad glamurosa?

Sí: vi El lago de los cisnes en el Teatro Mariinski. Inolvidable. Y me compré un gorro de piel. En ese viaje entendí por qué los rusos los usan: hacía un frío del demonio. Yo llevaba cámara de fotos, pero decidirme a sacar el dedo para usarla me costaba mucho.

Nos falta Laponia.

El viaje lo hicimos desde San Peters­burgo en un tren-cama nocturno. Me encantó la experiencia: los trenes están muy preparados. Y además hay vagones de fumadores: fue muy relajante ir fumando y tomando café mientras veía el paisaje nevado, los árboles, las fábricas semi­abandonadas…

¿Montaron en trineo?

Algo parecido: alquilamos motos de nieve con un guía y recorrimos los lagos congelados de la zona.

Y saludarían a Papá Noel…

Fuimos justamente a un parque de atracciones temático dedicado a él. Y lo vi comiendo reno, porque en Laponia hay más renos que personas. Me pareció un poco gore, la verdad.

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