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Los bailadores de Santa Amalia

Los bailadores de Santa Amalia

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La peña de los bailadores de jazz de Santa Amalia funcionó durante más de medio siglo en la casa de un torcedor de tabacos en una barriada habanera. La mayoría de sus integrantes ya han desaparecido. Este fotorreportaje fue realizado a principios del siglo XXI por el fotógrafo catalán Rómulo Sans.

  • Roberto Manzano, uno de los míticos bailadores de jazz de la peña de Santa Amalia, ya fallecido. Los primeros zapatos de tap que tuvo Manzano se los fabricó él mismo a los nueve años clavando en la puntera de las suelas unas chapas de cerveza Polar.
    1Roberto Manzano, uno de los míticos bailadores de jazz de la peña de Santa Amalia, ya fallecido. Los primeros zapatos de tap que tuvo Manzano se los fabricó él mismo a los nueve años clavando en la puntera de las suelas unas chapas de cerveza Polar.
  • Juan Picasso y Roberto Manzano llegan a una de las legendarias descargas de ‘La esquina del jazz’. Mantuvieron su amistad durante 70 años. Aunque la movilidad de Picasso era limitada, no fallaba a las peñas. “Aunque te fallen las piernas, lo importante es moverse con swing”, decía. Murió con 80 años bailados.
    2Juan Picasso y Roberto Manzano llegan a una de las legendarias descargas de ‘La esquina del jazz’. Mantuvieron su amistad durante 70 años. Aunque la movilidad de Picasso era limitada, no fallaba a las peñas. “Aunque te fallen las piernas, lo importante es moverse con swing”, decía. Murió con 80 años bailados.
  • Papito se enamoró del tap cuando vió Stormy Weather. En aquella película de la Fox, de 1943, los Nicholas Brothers hacían filigranas en el escenario al ritmo de Cab Calloway y Fats Waller. Actuó profesionalmente antes de la revolución y también después. Era una de las atracciones en las descargas de Santa Amalia.
    3Papito se enamoró del tap cuando vió Stormy Weather. En aquella película de la Fox, de 1943, los Nicholas Brothers hacían filigranas en el escenario al ritmo de Cab Calloway y Fats Waller. Actuó profesionalmente antes de la revolución y también después. Era una de las atracciones en las descargas de Santa Amalia.
  • Papito enseñó tap a muchos jóvenes que asistían a las sesiones de jazz en Santa Amalia. En la foto se marca un paso con Shanen, una de sus discípulas predilectas y más aventajadas.
    4Papito enseñó tap a muchos jóvenes que asistían a las sesiones de jazz en Santa Amalia. En la foto se marca un paso con Shanen, una de sus discípulas predilectas y más aventajadas.
  • Uno de los bailadores de la peña que hasta hace pocos años se celebraba una vez al mes en la casa de Gilberto. Era una antigua tienda de abarrotes, decorada con fotos de Billie Holliday, Nat King Cole, Sarah Vaughan y otros grandes del jazz.
    5Uno de los bailadores de la peña que hasta hace pocos años se celebraba una vez al mes en la casa de Gilberto. Era una antigua tienda de abarrotes, decorada con fotos de Billie Holliday, Nat King Cole, Sarah Vaughan y otros grandes del jazz.
  • Roberto Manzano era un bailarín único. Contaba que cuando el jazz era mal visto en los años sesenta acabó en más de una ocasión en la comisaría acusado de “penetración ideológica”. “¡Penetrado de qué, so comemierda, a mi lo que me gusta es bailar jazz¡”, le respondió al guardia.
    6Roberto Manzano era un bailarín único. Contaba que cuando el jazz era mal visto en los años sesenta acabó en más de una ocasión en la comisaría acusado de “penetración ideológica”. “¡Penetrado de qué, so comemierda, a mi lo que me gusta es bailar jazz¡”, le respondió al guardia.
  • Bailadora de Santa Amalia en pleno trance. En ese momento sonaba en la peña Sophisticated lady, de Duke Ellington.
    7Bailadora de Santa Amalia en pleno trance. En ese momento sonaba en la peña Sophisticated lady, de Duke Ellington.
  • Una descarga de los bailadores de jazz. Entre los amigos se hacía una colecta de dinero para comprar ron y comida y pasar la tarde, y a veces la noche.
    8Una descarga de los bailadores de jazz. Entre los amigos se hacía una colecta de dinero para comprar ron y comida y pasar la tarde, y a veces la noche.
  • Lázaro y Noemí en su pequeño apartamento de Centro Habana. Atesoraban una increíble colección de vinilos de las más grandes figuras del jazz.
    9Lázaro y Noemí en su pequeño apartamento de Centro Habana. Atesoraban una increíble colección de vinilos de las más grandes figuras del jazz.
  • Juan Picasso en su casa de la Habana. Una leyenda urbana decía que era familia del pintor malagueño, pues un pariente de Pablo Picasso supuestamente viajó a La Habana y tuvo descendencia. Aunque algo se parecía, el renegaba de la historia. Decía que si le ofrecían uno de los cuadros del pintor a cambio de no bailar más jazz, rechazaría la oferta.
    10Juan Picasso en su casa de la Habana. Una leyenda urbana decía que era familia del pintor malagueño, pues un pariente de Pablo Picasso supuestamente viajó a La Habana y tuvo descendencia. Aunque algo se parecía, el renegaba de la historia. Decía que si le ofrecían uno de los cuadros del pintor a cambio de no bailar más jazz, rechazaría la oferta.
  • Portal de ‘La esquina del jazz’, la casa de Gilberto Torres, sede de la peña de los bailadores de Santa Amalia.
    11Portal de ‘La esquina del jazz’, la casa de Gilberto Torres, sede de la peña de los bailadores de Santa Amalia.
  • En primer plano, retrato de Gilberto Torres pintado por Roberto Manzano.
    12En primer plano, retrato de Gilberto Torres pintado por Roberto Manzano.
  • A las peñas en Santa Amalia siempre iban jóvenes a disfrutar y compartir con los bailadores. Querían que se mantuviera la tradición.
    13A las peñas en Santa Amalia siempre iban jóvenes a disfrutar y compartir con los bailadores. Querían que se mantuviera la tradición.
  • Un bailador de Santa Amalia.
    14Un bailador de Santa Amalia.
  • Los visitantes de Santa Amalia bailaban toda la tarde.
    15Los visitantes de Santa Amalia bailaban toda la tarde.
  • En primer plano, Paulina Ugarte, ya fallecida. Era espiritista y tenía en su casa un altar con velas, crucifijos y vasos de agua en los que, decía, habitaban las almas de Billie Holliday, Ella Fitzgerald y otros grandes del jazz, a los que atendía de vez en cuando soplándoles un buche de aguardiente y humo de tabaco habano.
    16En primer plano, Paulina Ugarte, ya fallecida. Era espiritista y tenía en su casa un altar con velas, crucifijos y vasos de agua en los que, decía, habitaban las almas de Billie Holliday, Ella Fitzgerald y otros grandes del jazz, a los que atendía de vez en cuando soplándoles un buche de aguardiente y humo de tabaco habano.