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Repetir curso no es la solución

Los aprobados 'regalados' son un alivio inmediato, pero, a largo plazo, minan el nivel académico, el hábito del trabajo y el esfuerzo

El curso de la pandemia, marcado por el cierre durante tres meses de los centros educativos, elevó en España los aprobados a máximos históricos. Se estima un aumento de entre siete y ocho puntos respecto al año anterior en los cursos de la ESO de los centros públicos, normalmente los que acaparan unas mayores tasas de suspensos. "En términos generales la repetición nunca es una buena medida para el progreso educativo de los alumnos, pero en una situación de gran excepcionalidad como la que vivimos, intentar ser todavía más penalizadores en materia de evaluación era totalmente excesivo", afirma Miquel Àngel Alegre, jefe de Proyectos de la Fundación Bofill, dedicada al estudio de las políticas educativas.

Su opinión tiende a ser generalizada entre todos los expertos consultados, aunque hay cada vez más voces discordantes. Ricardo Moreno Castillo, doctor en filosofía, catedrático de instituto jubilado y autor de numerosos libros sobre educación, considera que es un error "regalar" aprobados. "Puede que a corto plazo le estés haciendo un favor al alumno, pero a la larga le estás haciendo un daño muy grande. La solución contra el fracaso escolar no es bajar el nivel educativo, sino inculcar el hábito del trabajo y del esfuerzo", argumenta.

España tiene la segunda tasa de suspensos más alta entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Según datos de la organización, el 28,7% de los alumnos españoles ha repetido al menos un curso a los 15 años. Solo Colombia (más del 40%) supera los niveles de España, que casi triplican la media de la OCDE (11,4%).

Según el estudio de cinco metaanálisis científicos realizado por la Education Endowment Foundation británica, la repetición de un año tiene efectos negativos para los estudiantes, especialmente para aquellos que provienen de entornos desfavorecidos. "Hay una serie de revisiones de alta calidad que muestran que se han encontrado efectos negativos consistentes durante los últimos cincuenta años tanto en Europa como en América del Norte. Después de un año, los estudiantes que repiten curso suelen estar, en términos de rendimiento académico, cuatro meses por detrás de los compañeros que sí han avanzado", concluyen.

Última medida

Teniendo en cuenta esta evidencia científica y el hecho de que las propias autoridades educativas a nivel nacional y europeo señalan al suspenso como última medida, ¿qué explica los datos de España? "En España no hay una buena dotación de recursos humanos para llevar a cabo la atención a la diversidad, para poder desarrollar planes de apoyo y refuerzo personalizados", esgrime Enrique Jabares, presidente de la Asociación Andaluza de Directores y Directoras de Centros de Infantil, Primaria y Residencias Escolares (Asadipre).

Jabares señala también a un problema de índole metodológica, a una enseñanza basada en la memoria y en los exámenes que, en su opinión, camina en sentido contrario a lo que demandan las autoridades europeas, que abogan por apostar por una enseñanza más competencial. "Por eso España suele salir tan mal parada en los informes PISA, porque esos exámenes se basan en la aplicación en cuestiones prácticas de los contenidos y conceptos que se estudian. Y ahí es donde nuestros niños fallan", lamenta. Una percepción que comparte Raimundo de los Reyes, presidente de la Federación de Asociaciones de Directivos de Centros Educativos Públicos (FEDADI), para quien la revisión de los currículos y su adaptación a la realidad actual es "tan urgente como modificar las metodologías y los procesos de evaluación".

"Lo que no explica que tengamos más repetidores que en el resto de Europa es el hecho de que tengamos menos competencias", apunta por su parte Miquel Àngel Alegre, que señala también como causas de la situación a los "currículos cerrados, rígidos, poco flexibles e individualizados" y a un segmento del profesorado, especialmente en la ESO, "que sigue sin ver la repetición como algo a evitar".

El portavoz de la Fundación Bofill matiza no obstante que la promoción automática por sí misma no es la solución si no va acompañada de tres estrategias. "En primer lugar, tiene que haber una evaluación formativa que explique cuál es el progreso del alumno, que se espera de él, qué necesita mejorar: una especie de guía de trabajo. En segundo lugar, unas actividades de refuerzo en verano para que los chavales que en otro sistema hubieran repetido, puedan adquirir el ritmo de sus compañeros. Y, por último, que justo al inicio del curso, estos chavales que acabaron el curso anterior con menos nivel tengan a su disposición recursos suplementarios de diversificación, ratios más pequeñas de trabajo y material más individualizado para ponerse al día rápidamente", enumera.

A ello, Enrique Jabares añade la necesidad de una mayor "flexibilidad" con los alumnos que finalmente suspenden, para que puedan incorporarse con el grupo de su edad una vez alcanzado su nivel. "Pongamos, por ejemplo, a un alumno que repite 2º de la ESO y que, con el plan personalizado que se le pone, se pone al nivel correspondiente en el primer trimestre. ¿Por qué no puede pasar a 3º a partir del segundo trimestre?", se cuestiona.

El tránsito del colegio al instituto

En el CEIP El Puntal (Aljaraque, Huelva), del que Enrique Jabares es director, apenas repiten uno o dos alumnos por año de los cerca de 450 que hay matriculados. "Si fuese por mí no repetiría ninguno", afirma. El ejemplo es representativo de la realidad española. Según datos del Ministerio de Educación correspondientes al curso 2018/2019, en la etapa de Primaria cerca del 98% de los alumnos de la escuela pública aprueban. La media cae 14 puntos al pasar a la ESO.

En ese sentido, Jabares lamenta que haya colegios e institutos vecinos que, apenas estando separados por una valla, son para los estudiantes "dos mundos totalmente diferentes". "La situación mejoraría mucho con un buen tránsito entre etapas educativas, con una relación entre colegios e institutos más fluida para que el proyecto educativo fuese más continuo. Los profesores y profesoras de instituto deberían saber cómo han acabado los alumnos de sexto en el colegio, hasta dónde han llegado, qué metodologías han utilizado, para adaptarse de ese modo a esos chavales cuando llegan al instituto", argumenta.

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