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EXTRA ENERGÍA

Mucho más que solo petroleras

Las históricas empresas de crudo y gas buscan en las renovables una salida

Mucho más que solo petroleras
GETTY IMAGES

Las grandes petroleras de Europa quieren enterrar sus raíces. Explorar y perforar para obtener crudo o gas ha dejado de estar bien visto. Hoy, el atractivo está en ser una empresa verde, limpia, ecológica, sostenible. Presionadas por los ambiciosos objetivos de descarbonización hacia 2050, estas compañías apuestan por reducir el impacto medioambiental que se genera al extraer los combustibles fósiles y quieren acelerar su conversión a las energías renovables.

El gigante británico BP ha sido la última de las grandes empresas en fijarse como objetivo estratégico ser una compañía sin emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050. Dicho compromiso fue adoptado por Repsol en 2019. Pero no han sido las únicas que quieren hacerse un hueco en el mundo sostenible. Desde la anglo-neerlandesa Shell a la italiana Eni, pasando por la francesa Total o la española Cepsa, todas se mueven hacia áreas como biocombustibles, hidrógeno, almacenamiento de electricidad, energía solar o eólica y recarga de coches eléctricos. Los actores más pequeños ya han dado el viraje y en el camino se han cambiado de nombre.

La petrolera noruega Statoil se ha rebautizado como Equinor, y quiere alcanzar operaciones globales neutrales en carbono para 2030. En 2018, la danesa Dong (Danish Oil and Natural Gas) mutó a Ørsted (en honor al científico Hans Christian Ørsted, que descubrió el electromagnetismo en 1820), y se sumergió con fuerza en la energía eólica marina que elevó como un cohete su capitalización de mercado: pasó de 20.000 millones de dólares (unos 16.400 millones de euros al tipo de cambio actual) en 2017 a 50.000 millones de dólares (41.100 millones de euros) en julio de 2020. El negocio ha cambiado y nadie quiere perder terreno. "Es probable que las perspectivas a mediano y largo plazo, para el consumo de petróleo y gas, tengan una tendencia a la baja por la lucha contra el cambio climático", afirma Neal Brewster, economista jefe en Roskill, una consultora de materias primas con sede en Londres.

La crisis sanitaria ha marcado un antes y un después para los integrantes del sector. El confinamiento de la población durante la primavera pasada llevó a los precios del combustible directamente al cataclismo —como el petróleo West Texas Intermediate (WTI), que se derrumbó por debajo de cero en abril— y puso sobre las cuerdas a las grandes compañías. "A medida que los ingresos y los rendimientos se desplomaron, las empresas de petróleo y gas se vieron sometidas a una presión cada vez mayor", explica Olga Savenkova, analista de la consultora Rystad Energy.

"La pandemia de covid-19 ha causado más trastornos en el sector energético que cualquier otro evento en la historia reciente, dejando impactos que se sentirán en los próximos años", reconoce la Agencia Internacional de Energía (AIE). 2020 fue el año en el que la transición parece haber alcanzado un punto de no retorno. De 1990 a 2019, la descarbonización se ha movido a cámara lenta, y los combustibles fósiles han acaparado el mercado del consumo mundial de energía primaria, explican los analistas de IHS Markit.

Pero el año pasado, las energías limpias, que desde hace dos décadas se habían mantenido con una cuota por debajo del 10% del consumo global, empezaron a repuntar, según la casa de análisis. Las razones fueron múltiples. Primero: los costes de las energías renovables (como la solar y la eólica) siguen cayendo. Segundo: los criterios ambientales, sociales y de gobierno corporativo son cada vez más importantes para los inversores. Y por último, los ambiciosos objetivos de emisiones netas marcados por los Gobiernos europeos, dice la firma de análisis. "La era del crecimiento de la demanda mundial de petróleo llegará a su fin en la próxima década", advirtió Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (AIE), en octubre del año pasado cuando el organismo publicó sus perspectivas.

Nada de distracciones

Y ni siquiera la recuperación de los precios tanto del WTI —que durante febrero de este año han logrado llegar a los 60 dólares— como del Brent (referencia en Europa), que está por arriba de los 63 dólares por barril, cambiará el curso de la industria. Por ejemplo, un 66% de los profesionales senior del sector petrolero y gasífero alrededor del mundo indica que su organización se está adaptando activamente a una combinación de energía menos intensiva en carbono en 2021, según una encuesta realizada por DNV, una firma noruega de aseguramiento y gestión de riesgos. En 2018, dicho porcentaje llegaba a solo el 44%. "La descarbonización ha pasado de ser algo en el horizonte a una prioridad inmediata", destaca el análisis. Pero si bien el cambio ha ganado fuerza en la crisis sanitaria, las empresas del sector ya miraban con buenos ojos a las renovables desde 2014, cuando el WTI bajó de los 100 dólares por barril.

Desde entonces, la industria en todo el mundo ha reducido el dinero gastado en comprar o mejorar sus activos (el famoso capex: capital expenditures), según un estudio de Capgemini. Fue en 2014, cuando el sector vio su pico de inversión con 779.000 millones de dólares a nivel mundial, pero desde entonces ha disminuido significativamente y a partir de 2016 se ha mantenido relativamente plano. El año pasado en medio de la tormenta por la caída en el consumo que derivó en una bajada en los precios del crudo, las inversiones en exploración y producción (lo que se conoce en el mundillo como upstream) de las principales firmas del mundo se redujeron en un 30%, comenta Savenkova. "Es posible que algunas empresas upstream nunca vuelvan al nivel de inversiones en petróleo y gas que tenían antes de la crisis", destaca la experta.

El gasto mundial en producción de petróleo y gas se mantendrá por debajo de los niveles prepandemia hasta 2025, explican los especialistas de Wood Mackenzie. Las empresas están haciendo frente a los bajos rendimientos mientras expanden sus planes de sostenibilidad. "Es de esperar que las empresas inviertan donde tienen las mejores oportunidades", asegura Brewster, de Roskill. El viraje de la industria, sin embargo, no ha calado por igual en todos los integrantes. En Europa ha ganado los mayores adeptos que en Estados Unidos. De forma global, menos del 1% de los recursos de las grandes petroleras destinados a comprar o mejorar sus activos tiene como finalidad un proyecto de energías renovables. Pero en el Viejo Continente, el porcentaje está entre un 5% y un 7%, según Capgemini.

La estadounidense Exxon Mobil se ha subido lentamente al tren de las energías limpias. Recientemente dijo que aumentaría su inversión en soluciones limpias hasta los 3.000 millones en los próximos cuatro años. La cifra representa una pizca en comparación a otros competidores. BP, por ejemplo, planea gastar hasta 5.000 millones anuales en renovables en carbono hasta 2025. "Nuestra estrategia es no seguir a los europeos", dijo a The New York Times, Daniel Droog, vicepresidente de transición energética de la estadounidense Chevron, que tampoco tiene una hoja de ruta clara sobre la reconversión de su negocio.

De hecho, Chevron ha adquirido recientemente una compañía petrolera más pequeña, Noble Energy, para aumentar sus reservas. "Nuestra estrategia es descarbonizar nuestros activos existentes de la manera más rentable e incorporar constantemente nuevas tecnologías y nuevas formas de energía. Pero no estamos pidiendo a nuestros inversores que sacrifiquen el rendimiento o sigan adelante con tres décadas de incertidumbre sobre los dividendos", aseguró Droog al diario estadounidense. "No es ningún secreto que históricamente las inversiones en energía renovable hayan producido retornos mucho más bajos que los proyectos convencionales de petróleo y gas", explica Savenkova, de Rystad Energy. Sin embargo, en un entorno actual con los precios de las renovables a precios bajos, las empresas europeas se preparan para dar el sorpasso, tratando de encontrar un escudo contra los auges y caídas de los precios del petróleo crudo, afirma la analista.

Movimientos ineludibles

Incluso, quieren marcar distancia entre los dos modelos. Tal es el caso de la francesa Total. Este mes, la compañía se convirtió en la primera gran energética mundial en renunciar al principal lobby de petróleo y gas en Estados Unidos: el Instituto Americano del Petróleo (API, por sus siglas en inglés). ¿El motivo principal? Divergencias de posiciones respecto a los temas climáticos, según la firma. La salida se da después de que el nuevo inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden, se comprometió nuevamente a cumplir el Acuerdo de París.

Mientras ello ocurre, las empresas estatales (como Aramco, Gazprom o Petronas, entre otras) buscan priorizar el desarrollo de los recursos nacionales, asegurando el suministro y los ingresos de sus países, mientras que operadores más pequeños se concentran en la supervivencia de sus negocios, resalta Capgemini. Según Rystad Energy, casi todas las inversiones en energías renovables de los actores del petróleo y el gas hasta 2025 provendrán de únicamente 10 grandes petroleras. "Las prioridades pueden diferir dependiendo de los mercados... no existe una estrategia única y perfecta para ganar la transición energética", concluye Savenkova.

Proyectos clave

Las energías renovables crecen rápidamente, pero la energía solar está en el centro de esta nueva constelación de tecnologías. Empresas como Eni o Equinor han desarrollado proyectos directamente o en asociaciones con otras compañías, mientras que BP, Total y Shell poseen participaciones importantes en grandes empresas solares (Lightsource, Sunpower y Silicon Ranch, respectivamente). La energía eólica y eólica marina es otra área de crecimiento. Repsol se ha convertido en una de las empresas más activas en la materia. La firma española cuenta con seis proyectos renovables: tres eólicos y tres fotovoltaicos. Además, la firma ha iniciado su expansión internacional en Chile. Y, como si fuera poco, está planeando sacar a bolsa su división de renovables. Por su parte, Cepsa está actualmente diseñando su plan estratégico para afrontar la transición energética, que será presentado en el primer semestre de 2021.

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