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“Si dudas sobre cuánto sabe tu hijo del coronavirus, pregúntale, puede que su respuesta te sorprenda”

El doctor Manuel Antonio Fernández explica cómo se debe actuar para que la información que reciben los niños y adolescentes sea veraz

Unos niños se lavan las manos.
Unos niños se lavan las manos.

La información sobre el coronavirus, sobre las muertes y los contagios, está en todas partes: no solo en los hospitales, sino también en las casas, en la calle, en los parques o en los supermercados. Y los niños reciben mucha, tanto la verdadera como la falsa, y es fácil que algunas veces, sobre todo cuando son más pequeños, lleguen a tener miedo o a no comprender lo que está pasando. Y surge la duda: ¿cuánto sabrá mi hijo sobre el coronavirus?

Los padres necesitan disponer de esta información para lidiar con lo que están viviendo sus hijos. Con el fin de tener una guía de orientación, entrevistamos a Manuel Antonio Fernández, conocido como El Neuropediatra, que incide en que “el aspecto que deben tener claro los padres sobre este tema, y sobre cualquiera que necesiten averiguar sobre sus hijos, es que la mejor manera de conseguirlo es preguntarles directamente”. Según mantiene, “muchos progenitores se sorprenden en la consulta porque los niños y adolescentes me cuentan cosas que ellos no saben. Se quejan de que no se lo habían dicho a ellos, pero yo siempre les respondo lo mismo: "¿Le has preguntado?”.

Los adultos en general (y los padres en particular), tendemos a hacer nuestra vida con nuestros hijos al lado dando por hecho que ellos se enteran de las mismas cosas que nosotros: “En el peor de los casos, ni siquiera nos lo planteamos. La comunicación con ellos es fundamental, pero no la desarrollamos, y después queremos que nos entiendan, nos comprendan y actúen de una forma determinada cuando no nos hemos parado a explicarles nada”. Fernández ofrece más recomendaciones a este respecto.

Pregunta: Entonces, ¿cómo debemos preguntar a nuestros hijos?

Respuesta: La clave está en la pregunta. Hay que ser preciso y concreto. Ningún niño te va a responder con argumentos generales a una pregunta abierta. Si le preguntas cómo le ha ido el día en clase, siempre te va a responder lo mismo: “Bien mamá, normal”. Si lo que te preocupa es cómo se lleva con sus compañeros, por ejemplo, puedes ser más concreto y pregúntale cuántos amigos tiene, cuál es el mejor y con quién juega durante el recreo.

En definitiva, si quieres saber lo que sabe tu hijo sobre el coronavirus y si está asustado, dile. “Oye Mateo, ¿has oído esto del virus nuevo que hay? ¿Hablan tus profesores de esto en el colegio? ¿Te han explicado algo? ¿Crees que es peligroso?”. Seguramente nos llevemos más de una sorpresa con lo que saben o creen saber. Mejor tenerlo en cuenta para explicarles las cosas como realmente son.

P. Una vez hecha esta pregunta, ¿cómo le explicamos qué es la enfermedad o, por ejemplo, por qué no hay colegio sin alarmar?

R. Lo más importante para que entienda el tema bien, es explicárselo de una forma adaptada a sus conocimientos. No es lo mismo hablar con un niño de seis años que con uno de nueve. Al final, lo que hay que hacer es que entiendan que hay un "bicho nuevo", muy pequeño, que no se ve y que puede hacer que se pongan "malos". Y que el virus se pasa de persona a persona a través de la saliva o las cosas en las que haya caído saliva y que para evitarlo hay que evitar el contacto con ese tipo de cosas. Por ejemplo, evitar que tosa o estornude otro niño encima. lavarse mucho las manos y la cara para "matar al bicho" y evitar que entre en nuestro cuerpo... Evidentemente, como digo, hay que adaptar este mensaje a la edad y conocimiento de cada niño.

P. ¿Cómo afrontamos los padres toda la información que ven y reciben?

R. Hay que intentar limitar el acceso a información confusa o alarmista sobre este tema, ya sea en Internet o en los medios de comunicación. Además, hay que explicarles que todo lo importante se lo contaréis vosotros, porque hay gente que dice cosas que no son verdad con la finalidad de asustar a los demás.

P. ¿Y cuando tienen miedo a que a sus abuelos les pase algo, u otros temores que puedan surgir?

R. Los miedos, racionales o irracionales, son frecuentes en los niños. Como no tienen toda la información, tienden a preocuparse de forma muy exagerada por todo cuando perciben miedo en su entorno. A este respecto, es fundamental normalizar las cosas del día a día y explicarles con tranquilidad que todas las medidas que se están tomando son para prevenir que el virus se extienda a más gente y más zonas. Que los niños, las personas mayores y demás, son personas con las defensas más débiles y que por eso hay que tener mucho más cuidado con ellos, pero que eso no significa que tengan que contagiarse y, por supuesto, que tengan que caer enfermos o tener problemas graves de salud.

P. Ya con la información, ¿cómo les enseñamos a prevenir?

R. Imprescindible, como ya hemos explicado, que conozcan las medidas de prevención básicas. Con los más pequeños, tenemos que aprovechar para introducir actividades de gamificación. No estaría mal convertirlos en superhéroes protectores de la humanidad, que tienen que aprender las medidas de prevención frente al virus y ayudar a los adultos a ponerlas en marcha recordándoselas, por ejemplo.

P. ¿Cuál es tu opinión sobre medidas como el rap de toser en el codo, que enseña a los pequeños que es mejor usar esta parte del cuerpo al toser o estornudar?

R. Todas estas estrategias son útiles para aumentar la conciención y desdramatizar la situación de alarmismo creada. Es cierto que hay muchos casos y que algunos son graves, pero no podemos ni debemos perder los nervios y volvernos locos. Yo mismo soy un paciente de riesgo porque estoy en tratamiento con una medicación inmunosupresora, pero con las medidas de control y prevención adecuadas, hago vida normal, sigo trabajando e incluso viajo a reuniones. En resumidas cuentas, información y formación, especialmente, sobre algo tan básico pero tan útil como el lavado de manos. No en vano, se nos olvida que el mejor disolvente del mundo es el agua. La protección y gel hidroalcohólico llevan años usándose rutinariamente en sanidad, pero debería extenderse a otros muchos sectores.

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