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Lo que he aprendido del ‘pin parental’

El pin parental se ha convertido en toda una batalla campal. A todos debería unirnos un objetivo: proporcionar la mejor educación a nuestros menores. Pero nuestros representantes parecen haberlo olvidado y han alimentado la crispación, polarizando a una sociedad ya suficientemente dividida. No juzgo positiva ni negativamente a los que defienden o denostan el pin parental. Es el momento de apelar a la empatía. Pues aquí lo más importante no es tener la razón, sino poner el foco en la integridad de las nuevas generaciones, a las que tenemos que dar ejemplo. Hemos de repensar la labor del maestro y confiar en los docentes —soy maestro, y aunque no puedo ejercer como tal, al menos ejerzo de “docente de adultos” en mis charlas como embajador de la Fundación Adecco—. Y precisamente creo que a los adultos nos hace falta bastante pedagogía: eduquemos en valores universales y no en ideologías. Acerquemos a los jóvenes todas las posturas, para que saquen sus conclusiones. No segreguemos, la tendencia debería ser la unión.

Pablo Pineda, primer diplomado europeo con síndrome Down. Málaga

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