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‘Delirium (político) tremens’

Gobierno y oposición juegan a deslegitimarse sin entender que se deslegitiman todos

Sesión de investidura de Pedro Sánchez.
Sesión de investidura de Pedro Sánchez. EFE

Cabe mirar con estupefacción el CIS, donde el descrédito de la política y los políticos alcanza máximos históricos, o simplemente cabe mirar a la realidad.

Ahí está el Gobierno, en sus veinte primeros días, con el nombramiento indecoroso de Delgado como Fiscal General; el Affaire Ábalos con sucesivas versiones falsas —Delcy Rodríguez en la sala VIP y Guaidó por la puerta de atrás— a pesar de tener al Mago de la Comunicación en la sala de máquinas; el anuncio impúdico de la reforma ad hominem del Código Penal; la salida de Jordi Sevilla por un frente de bajas presiones desde la vicepresidencia del Cambio Climático; el descontrol catalán, Torra no a las 11:00, a las 12:35 Torra sí pero Mesa no, a las 18:55 Mesa lo primero...

Ahí está el PP, que en estos quince días ya ha pedido una dimisión, una comisión de investigación, varias querellas…evidenciando que el juego sucio se desplaza de la política a los tribunales donde el PP sabe que tiene más fuerza que en el territorio de la política, por el que Casado sigue yendo como pollo sin cabeza del centro a la extrema derecha y viceversa.

Ahí está Podemos evadido mientras van acostumbrándose a las moquetas mullidas del poder y el esmoquin en las galas, con algún ministro malagueño, como el gran jefe, capaz de pasar por la alfombra roja de los Goya sin pasar antes por la alfombra de barro que había extendido Gloria a pocos kilómetros. La miseria mancha.

Ahí está Vox, con sus guerras culturales que afronta sin la prudencia de Sun Tzu a sabiendas de que sus victorias no están en el BOE sino en las portadas, viralizando frases como “Aparten sus sucias manos y sus marxistas apetitos sexuales de mi hijo”...catalogando de “enfermos” a sus rivales.

Ahí está Ciudadanos representando la comedia de 10 Diputados en busca de un autor mientras Inés Arrimadas no da señales de autoridad para reemplazar a Rivera salvo a golpe de centralismo, e incluso habla de Igea como “ese señor” al borde de hacerse un Rajoy diciendo “ese señor del que usted me habla”.

Ahí está el independentismo, cuya fuga procesista apenas tapa ya un desgobierno enfrentado a la legalidad pero además incapaz de afrontar la realidad. Todo es el maniobrerismo del poder.

En realidad, ¿a quién puede extrañarle que la preocupación por ‘los políticos, los partidos y la política’ supere el 50%, tanto que se ha tenido que ocultar el dato fragmentando el epígrafe en tres como advierte Kiko Llaneras?

Ofrecerse a liderar el país exhibiendo esa clase de liderazgos sectarios de gratificaciones cortoplacistas no puede funcionar. Y la legislatura arranca en un clima de oportunismo ventajista, obsesionados por el relato antes que los problemas de la gente. Ese mensaje al país explica el desaliento creciente. Sube la desconfianza en la propia democracia a máximos, también aquí (Centre for the Future of Democracy, Cambridge). Gobierno y oposición juegan a deslegitimarse sin entender que se deslegitiman todos. Se ve que confían en demonizar al Otro, sartreanamente, sin ver que la suma del conjunto de otros es todos.

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