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Betty White, la última chica de oro se acerca a los 100 años todavía en activo

La actriz cumple 98 años con la carrera más larga en televisión según el libro Guinness: ocho décadas en pantalla

Betty White, en 2015.
Betty White, en 2015. Getty Images

El año en el que la actriz Betty White hizo su debut televisivo, los augurios para este nuevo artilugio no eran nada halagüeños: "La televisión nunca competirá con la radio porque las personas deben sentarse y tener los ojos fijados en la pantalla; la familia media estadounidense no tiene tiempo", escribía The New York Times en aquel 1939. Ni siquiera la cómica, que cumplió 98 años el pasado 17 de enero, recuerda tras ocho décadas el nombre del programa donde hizo su primera aparición en una cadena experimental de Los Ángeles (California). Ella solo intentaba ser cantante de operetas. Cualquier grabación de aquella época desapareció como quien olvida cuando aprendió a caminar.

Pero White, una de las pocas pioneras de la televisión vivas, sigue en pie. Solo hay que buscar en el libro Guinness la celebridad con una carrera más larga y aparece ella: 80 años trabajando. Tiene más vidas que un gato. "Crecí en Hollywood cuando California ni era un estado", ha bromeado. En los años cuarenta, ya fue la primera mujer nominada a un Emmy por sus programas de variedades. En los cincuenta, una de las primeras (junto a Lucille Ball) en producir y protagonizar su propia serie: Life with Elizabeth, y también la primera en contratar una directora mujer para su programa de entrevistas. "Los movimientos feministas estaban lejos de existir, ni siquiera pensamos lo que logramos", recordaba.

En los setenta le llegó la fama global como la promiscua Sue Ann Nivens con Mary Tyler Moore y La chica de la tele. Celebridad que consagró en los ochenta como reina de la sitcom en Las chicas de oro, donde Rose se convirtió en un icono contra los tabúes de gente de cierta edad. Era la mayor de ese grupo de mujeres con cardados imposibles, pero su versión pizpireta e ilusa la hacía parecer la más joven. "Me querían como la ninfómana Blanche, pero ya había interpretado eso", recordaba años después. Rose acabó apareciendo en cuatro series.

White, invitada durante décadas a numerosos concursos gracias a su rapidez mental y su capacidad para no callarse un chiste, era una más en los salones de EE UU. Tanto vivió en televisión que fue en el plató de Password donde conoció al amor de su vida, y tercer marido, el presentador Allen Ludden: "Cuando nos conocimos se fue a casa diciendo que iba a casarse conmigo. Tardé dos proposiciones y un año en decirle que sí. Malgasté un año entero que podíamos haber pasado juntos". Estuvieron casados desde 1963 hasta la muerte de él en 1981. "Los otros fueron ensayos", le dijo a Oprah Winfrey.

Allen Ludden y Betty White, en 1963 en el plató de 'Password'.
Allen Ludden y Betty White, en 1963 en el plató de 'Password'. CORDON PRESS

Un amor eterno que compartió con su lucha por los animales y por los derechos civiles. En 1954, por ejemplo, se atrevió a contratar al primer afroamericano en pantalla, el músico Arthur Duncan, para El show de Betty White. Los canales sureños de EE UU se negaban a emitirlo si no eliminaba su aparición. Ella respondió: "Lo siento, vivid con ello", y amplió el espacio para Duncan.

Esa impertinencia adorable en las respuestas se trasladó a su comicidad, sobre todo en su renacimiento en pantalla para el siglo XXI, que comenzó en 2009 con un exitoso anuncio de la Super Bowl. Era el momento de rendirle pleitesía, y fue un seguidor de 29 años quien creó una campaña en Facebook para que White presentara por fin el icónico programa de humor Saturday Night Live. Había nacido en un mundo sin televisión y ahora trascendía incluso las redes sociales. Tras recibir más de 500.000 firmas, la actriz se convirtió en la presentadora más anciana en los más de 40 años del programa. Una hora emitida en directo, como hacía al principio de su carrera, cuando nada podía grabarse en cinta. Arrasó en audiencia. Esa segunda vida llegó acompañada de un éxito cinematográfico, La proposición, y 129 capítulos de una nueva serie: Póquer de reinas.

La carrera de White es hoy imposible de resumir. De Vacaciones en el mar a presentar un programa de cámara oculta a sus noventa, pasando por series como Mi nombre es Earl, El abogado, Ally McBeal y Community o películas tan eclécticas como El cocodrilo, El Lorax y Daniel, el travieso. Hasta Toy Story 4 le rindió un homenaje en un papel vocal, al lado de mitos como Carol Burnett y Mel Brooks, que repite en la serie del tenedor Forky para Disney+. En sus últimas apariciones, en los premios del sindicato de actores en 2018, sin embargo, a White le costaba articular palabras. Por suerte su legado es eterno. Quizás sin ella los espectadores habrían aprendido igualmente a fijar su mirada hacia esa caja extraña que se introdujo en los salones de todo el mundo, pero todo habría sido mucho más aburrido.

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