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Asier Etxeandia: “En el colegio me esperaban 5 o 10 niños para zurrarme”

El actor recuerda en 'Planeta Calleja' el acoso que sufrió en su infancia y los trabajos por los que pasó hasta terminar dedicándose a la interpretación

Asier Etxeandia Planeta Calleja
Asier Etxeandía, en la gala de los Goya 2020, en Málaga. Europa Press

A sus 44 años, Asier Etxeandia está viviendo uno de los mejores momentos de su vida. Lo demuestra su última nominación a los Goya como mejor actor de reparto por Dolor y Gloria, la premiada película de Pedro Almodóvar —que finalmente se llevó Eduard Fernández por Mientras dure la guerra de Alejandro Aménabar—; la estabilidad en su relación con José Luis Huertas, con quien lleva 12 años y con quien ha creado Factoría Madre Constriktor, una productora que acoge a actores de distintas disciplinas; o su asentamiento en el terreno musical con Mastodonte, el grupo que ha creado junto al músico napolitano Enrico Barbaro. Y también lo asegura el propio artista, que ha sido protagonista de la última entrega de Planeta Calleja, el programa de Jesús Calleja: “Estoy en un momento de sueños cumplidos”.

Etxeandia, poco dado a hablar de su vida privada, reconoce que no es muy de viajar —“lo máximo de adolescente, a Marruecos” —, pero no ha dudado en acompañar a Calleja hasta Camerún en busca de nuevas aventuras y convivir con una tribu, los Baka, donde se han tenido que poner manos a la obra con la pesca, caza y convivir con la cultura y los cantos polifónicos del lugar. "Este viaje me pilla en un momento de sueños cumplidos, hipercreativo, todo lo que he querido ser y hacer a mis 43 años, lo he conseguido. Estoy en un momento pleno", confiesa.

Una felicidad que ha tardado en llegar pero por la que siempre ha apostado, desde que era pequeño. “Yo tenía claro que quería ser artista, desde bien pequeño. En el colegio me hacían bullying de cojones. Era la mezcla de niño que lo tenía todo: no estudiaba, jugaba solo, tenía mi pluma… Me esperaban cinco o diez niños cada día para zurrarme en el colegio”, recuerda el actor sobre el infierno que pasó en su infancia y del que ya había hablado en alguna ocasión. Hace casi dos años, en una entrevista con Icon, Etxeandia admitió que ese acoso escolar que sufrió no fue solo por parte de sus compañeros, sino también de los profesores. “No entendí en absoluto cómo me transmitieron la idea de la religión, y me creó muchos traumas. No estudiaba, no me interesaba lo que me decían ni cómo me lo decían. Era un fracaso de niño, lo único que me salvó era soñar con que algún día sería artista”, reveló entonces.

Ahora, esos traumas le han hecho más fuerte y admite que gracias a su trabajo ha conseguido entender todo: “Mi pasión es mi trabajo. Yo soy un amante del arte. A mí el arte me ha cambiado la vida, me ha hecho entender lo que tengo alrededor”. Abandonó la casa de sus padres a los 18 años y eso le permitió descubrir realmente quien era y que quería dedicarse al teatro. Conseguirlo no fue fácil y antes pasó por varios trabajos. “Fui camarero, repartidor de propaganda en los buzones y trabajé en un sex shop. Yo era virgen pero vendía sexo. Luego estuve en la escuela de teatro, estuve viviendo en un cuartel militar abandonado y fue el momento de más abertura de mi vida”, revela.

Jesús Calleja y Asier Etxeandia en Camerún, durante el programa 'Planeta Calleja'.
Jesús Calleja y Asier Etxeandia en Camerún, durante el programa 'Planeta Calleja'.

Tras probar suerte en algunos concursos como Uno para todas o de secundario en series como Un paso Adelante, su papel principal llegó gracias al musical Cabaret. "Me llamaron para ser el maestro de ceremonias de Cabaret, en 2003. El personaje que más me ha dado. El sueño cumplido". Y de ahí el éxito vino rodado con grandes papeles en televisión con series como Velvet y Velvet Colección y en cine con La novia, Ma ma o Sordo, entre otras, además de Dolor y gloria.

Etxeandía también habla con Jesús Calleja cómo fue el momento de contar en casa su homosexualidad y si sus padres lo aceptaron bien. “En un primer momento no, pero han hecho su trabajo como lo tenían que hacer y estoy muy orgulloso de cómo lo hicieron”. Admite que su madre fue su “fuente inagotable de emociones”, pero cuando falleció por un cáncer aprendió a mirar la vida de otra manera. “Cuando ella murió hice puf a nivel de creatividad... Empecé a hacer todo lo que no me atrevía a hacer antes. Empecé a ser yo. Le di un valor diferente a la vida”, expresaba emocionado.

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