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Detallito

Mientras el dinero público no sostenga exclusivamente a la escuela pública, el problema nunca será que el Estado meta sus manos en las familias

Alumnos de un instituto en una imagen de archivo.
Alumnos de un instituto en una imagen de archivo.

Vox reclama que el Estado deje a sus hijos en paz. El PP exige que saque las manos de sus familias. Ambos partidos ensalzan la libertad de los padres frente a lo que califican como campañas adoctrinadoras y totalitarias del Gobierno central. Mis hijos son míos, dicen, como si la policía fuera a secuestrarlos para darlos en adopción contra su voluntad, e insisten en el valor supremo de su libertad. En este ferviente alegato sólo omiten un detallito. La financiación de los colegios concertados religiosos, que practican la segregación por sexos y se alzan en rebeldía frente a las actividades complementarias cuya obligatoriedad pretende suprimir el pin parental, corre a cargo de los Presupuestos Generales del Estado. O sea, el Estado es adoctrinador, invasivo y totalitario, pero su dinero no. Y en ese punto me pregunto, más allá de la libertad de los niños y niñas, ¿qué pasa con mi libertad? ¿Por qué tendría yo que verme obligada a consentir que el dinero de mis impuestos contribuya a formar a los españoles machistas, homófobos y racistas del futuro? La verdadera raíz de este problema reside en esa rareza nacional —una excepcionalidad heredada, como tantas otras, de cuatro décadas de dictadura franquista— que conocemos como conciertos educativos. Si se suprimieran, el conflicto desaparecería. Pero mientras el dinero público no sostenga exclusivamente a la escuela pública, el problema nunca será que el Estado meta sus manos en las familias, sino que determinadas familias denuncien sentirse heridas por la estricta aplicación de la ley sin dejar de meter sus manos en el Estado, para beneficiarse del dinero de todos. Y me gustaría decir algo del papelón que está haciendo Ciudadanos, pero se me acaba la columna.

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