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Un ascensor, Frank Sinatra, una mujer y un beso inoportuno: nunca conozcas a tus ídolos

El cantante Harry Connick Jr. cuenta un episodio que no solo demuestra que es peligroso tratar con la gente que admiras, sino que la misma historia puede pasar de comedia a drama en solo cuatro años

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Frank Sinatra y su esposa, Barbara, fotografiados en 1980. Antes de casarse con ella, Sinatra tuvo sonadas relaciones con estrellas como Ava Gardner, Lauren Bacall o Mia Farrow. Getty Images

La máxima “nunca conozcas a tus ídolos” ha dejado un reguero de víctimas por el camino. A menudo, la realidad se interpone en la imagen ideal que hemos creado en nuestra cabeza de una persona con un talento especial que nos ha inspirado y conmovido. Y a un joven Harry Connick Jr., cantante que ha vendido 30 millones de discos y ha intervenido como actor en películas como Independence Day, le ocurrió con el ídolo mayúsculo de cualquier cantante masculino: Frank Sinatra.

“Cogió la cara de mi esposa con sus manos, se acercó a ella y le dijo: ‘Eres hermosa’. La besó en la boca, se fue del ascensor y ahí acabó todo”

Ayer martes, Connick Jr. apareció en el programa matutino británico This morning y recordó un encuentro con el mito de la canción a comienzos de los noventa que acabó convirtiéndose en encontronazo. Muy probablemente se trataba, por las pistas que da Connick, de la gala especial celebrada por el 75 cumpleaños del artista en la que también actuaron artistas como Ella Fitzgerald. En aquella gala, Connick, que entonces tenía 23 años pero era ya una reconocida figura del jazz y considerado un gran crooner contemporáneo, cantó un tema de Sinatra. Al ver a la leyenda sentada frente a él se puso tan nervioso que se olvidó parte de la letra.

Al terminar la gala, Harry se encontró casualmente con Sinatra de nuevo mientras estaba con su entonces novia (y hoy esposa y madre de sus tres hijos) Jill. Sinatra, acompañado de su esposa Barbara, se metía en un ascensor. Sin pensárselo, Harry corrió hacia el ascensor acompañado de Jill y los cuatro coincidieron en el reducido espacio. Allí Harry le dijo que era un gran admirador y le pidió disculpas por haberse puesto nervioso y haberse olvidado de la letra. “Puedo hacerlo mucho mejor”, le aclaró.

Harry Connick Jr. y su esposa (entonces novia) Jill Goodacre fotografiados en 1991, pocos meses después del encuentro con Frank Sinatra. Posteriormente se casarían y tendrían tres hijas.
Harry Connick Jr. y su esposa (entonces novia) Jill Goodacre fotografiados en 1991, pocos meses después del encuentro con Frank Sinatra. Posteriormente se casarían y tendrían tres hijas. Getty Images

El cantante ni siquiera le respondió. Lo que hizo, según contó Connick, fue lo siguiente: “Cogió la cara de mi esposa con sus manos, se acercó a ella y le dijo: ‘Eres hermosa’. La besó en la boca, se fue del ascensor y ahí acabó todo”, cuenta el cantante a los presentadores de This Morning. Una actitud muy Sinatra, en el fondo: el cantante es reconocido tanto por su genio musical y su voz inolvidable como por un carácter complicadísimo que le hizo ganarse el título de uno de los tipos más desagradables de Hollywood. Algo que se ha reflejado en exitosas biografías como A su manera, de Kitty Kelley (un libro que Sinatra intentó secuestrar) o series como Feud, que muestra a un hombre con un carácter imposible en los platós.

No es la primera vez que Connick cuenta esta anécdota. Al menos registradas en televisión hay otras dos: en 1994 y en 2015. Y pese a que la narración siempre es la misma, verlas se convierte en un auténtico experimento sociológico por el tono que él utiliza al contarlas y la reacción de las personas que están a su alrededor.

Tras el #MeToo la historia se vuelve solemne y ya nadie se ríe. “Por supuesto, eso es totalmente inaceptable hoy”, dice el presentador de This morning. “Creo que, dado el afecto que yo le tenía, mi mujer intentó convertirlo en algo hilarante. Pero es completamente inapropiado”, confirma Harry Connick Jr.

Ejemplo uno, año 1994. En el programa nocturno de Conan O’Brien, tanto el presentador como parte del público se ríen ante la anécdota y el propio Connick lo justifica: “Bueno, ya sabes, ¡es Frank Sinatra!”. Ejemplo dos, año 2015. En el programa nocturno de James Corden repite punto por punto la historia. El propio Corden y Ethan Hawke y Anthony Anderson, que están invitados también, rompen a reír, al igual que el público, mientras todos aplauden.

Año 2019. Tras el #MeToo la historia se vuelve solemne y ya nadie se ríe. “Por supuesto, eso es totalmente inaceptable hoy”, dice el presentador de This morning. “Creo que, dado el afecto que yo le tenía, mi mujer intentó convertirlo en algo hilarante. Pero es completamente inapropiado”, confirma el cantante.

Cuestiones temporales y sociológicas a un lado, no es la primera vez que una figura reconocida cuenta con desagrado cómo fue el encuentro con un gran ídolo. Eduardo Noriega explicó a ICON su decepción con Sam Shepard, al que admiraba profundamente, cuando coincidió con él en la película Blackthorn. “Hizo la vida imposible a todo el mundo […] Admiraba a Shepard como escritor, pero desde entonces ya no he leído nada suyo. No me interesa”. El rolling stone Keith Richards contó también a Jimmy Fallon cómo su ídolo Chuck Berry le pegó un puñetazo al sorprenderlo tocando su guitarra en su camerino. Y Alaska contó de Madonna en Vanity Fair que, durante una cena en homenaje a Pedro Almodóvar celebrada en 1990, le arrojó en su plato unas verduras al grito de “No las quiero, ¡cómetelas tú!”. “No hablaba ni de cine, ni de arte, ni de música... no era capaz de mantener una conversación”, contó la cantante. Y añadió: “Si es realmente como se mostró, es un asco”.

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