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Hace unos meses, Llamazares reclamaba en las páginas de este periódico un mayor silencio en nuestra sociedad. Escribo estas palabras desde un lugar donde el silencio se presume impuesto: una biblioteca. Son varias las ocasiones en que he tenido que pedir que se respetara a los que acudimos a estos lugares en busca de lo que no encontramos en otras partes. En el país en el que vivo no es costumbre reprender a los usuarios de una biblioteca. El cambiarse de sitio es suficiente para que el ruidoso o la ruidosa se percate de su conducta. No estoy de acuerdo: el que molesta debe saber por qué molesta, para que no reincida. Todo siempre dentro del respeto y la tolerancia, claro está.

Pablo Gavira Díaz

Kiel (Alemania)

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