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Dimitri Rassam, el bohemio yerno de Carolina de Mónaco

El productor de cine siempre ha huido de la atención mediática pero su nuevo papel en la corte de Mónaco como marido de Carlota Casiraghi le coloca en primera línea a su pesar

Carlota Casiraghi y Dimitri Rassam, en la celebración de su boda, el 1 de junio de 2019.
Carlota Casiraghi y Dimitri Rassam, en la celebración de su boda, el 1 de junio de 2019. PALAIS PRINCIER

Dimitri Rassam huye de la atención mediática. Le gusta estar detrás de las cámaras en su papel de productor de cine. Pero posar delante de los objetivos le espanta. Cuenta su círculo de amigos que el papel público que iba a asumir si progresaba su relación con Carlota de Mónaco fue una de las cuestiones que puso en peligro la historia de amor que culminó el pasado sábado con una boda. Y no es que Rassam haya nacido precisamente en una familia anónima. El primer yerno de Carolina de Mónaco nació el 16 de noviembre de 1981 en París y es hijo de la actriz y modelo francesa Carole Bouquet y del productor libanés Jean-Pierre Rassam.  Desde muy pequeño conoció la tragedia. Su padre fue encontrado muerto en el Hotel Plaza Athénnée en 1985, a los 43 años, víctima de una sobredosis de barbitúricos. Carole Bouquet tuvo otro hijo, Louis, junto al fotógrafo Francis Giacobetti pero una de sus relaciones más sonadas fue con Gérard Depardieu. Quizá es la exposición pública de su madre y la tragedia de su padre lo que llevó a Dimitri a su buscado papel de secundario.

Además de perder a su padre cuando solo tenía cuatro años, Rassam vivió el suicidio de su tía, Anne-Marie Rassam, en 1987, a causa de problemas psicológicos y en 2000, el actor Julien Rassam, primo de Dimitri y expareja de Marion Cotillard, se tiró del tercer piso de un hotel, lo que le dejó tetrapléjico. Acabó quitándose la vida en 2002.

Rassam estudió en colegio Jeannine Manuel y en el Instituto de Estudios Políticos de París, pero finalmente se decidió por la Historia, cuyo título obtuvo en la Sorbona, la misma universidad donde Carlota Casiraghi estudió Filosofía.

Dimitri y Carlota se conocen desde siempre ya que sus madres siempre han sido grandes amigas pero se reencontraron cuando su vida sentimental atravesaba sus horas más bajas. Ella se acababa de separar de Gad Elmaleh, padre de su primer hijo, y él había roto su matrimonio con la modelo rusa Masha Novoselova, con quien tiene una hija, Darya.

Carlota Casiraghi y Dimitri Rassam, tras su boda, celebrada en Mónaco el 1 de junio de 2019.
Carlota Casiraghi y Dimitri Rassam, tras su boda, celebrada en Mónaco el 1 de junio de 2019. PALAIS PRINCIER

Carlota llamó la atención de Dimitri ya que no es una princesa al uso. A la hija de Carolina le gusta la vida tranquila más que a sus hermanos. Su verdadera pasión es la filosofía. Dimitri dejó la Historia a un lado para dedicarse al cine. Desde 2008 trabaja como productor. Fundó la empresa Capítulo 2 con solo 23 años que se acabó fusionándose para formar ON Entertainment.

Entre sus proyectos están Escobar: paraíso perdido, Mauvaise fille, Le PrénomPapá o mamá, su trabajo más importante fue la película El Principito (2015), con el que ganó el premio César a la mejor película de animación. Ahora trabaja en Playmobil, la película, que se estrena este año.

La historia de esta pareja ha sido un tanto peculiar. Se comprometió en marzo de 2018, y en abril se anunció que esperaba su primer hijo en común. Baltazhar, vino al mundo el 23 de octubre de 2018 en el Hospital Princesa Grace de Mónaco. Poco después se habló de una ruptura pero Carlota no solo lo desmintió sino que amenazó con demandas a los medios que cuestionaran su relación. No era la primera vez que la hija de Carolina se enfrentaba con la prensa: pidió protección a la policía francesa cuando se vio asediada por los fotógrafos en una situación que comparó con la muerte de Diana de Gales.

Dimitri Rassam ha cumplido de momento a la perfección con su papel de nuevo miembro de la familia Grimaldi. El día de su boda ha posado para las revistas de cabecera en las que suelen aparecer Carolina y sus hijos, y ha dejado de ser un rostro casi anónimo. Los hermanos de Carlota, que representan una nueva generación de pijos aristócratas, le han recibido con los brazos abiertos, y Carolina se muestra feliz porque su hija haya encontrado la estabilidad, al menos de momentos. Su bohemio yerno es un buen fichaje para una peculiar familia, estrella de la prensa del corazón, y uno de los valores en alza del pequeño Principado.

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