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La (in)seguridad del transporte escolar

Familias y diversos colectivos demandan a los colegios, empresas e instituciones que cualquier trayecto se haga realmente con la máxima precaución

Foto de archivo.
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Viajar en autobús es 21 veces más seguro que hacerlo en coche, si se tiene en cuenta el número de heridos, y 24 veces más seguro si se atiende al número de víctimas mortales. Así lo afirma la Confederación Española de Transporte en Autobús (CONFEBUS). Sin embargo, pese a que en el caso del transporte escolar la normativa es incluso algo más exigente y a que muchos autobuses han mejorado a nivel cualitativo con la inclusión de elementos de seguridad –activa y pasiva–, lo cierto es que para muchos expertos en seguridad vial esto es aún muy insuficiente. Lo es por los vacíos legales, pero también por la ausencia de sistemas de retención infantil (SRI) adecuados a la edad y al peso de los niños. Cuestiones que familias y diversos colectivos han comenzado a plantearse, demandando a centros escolares, empresas de transporte e instituciones que cualquier trayecto –sea corto o largo, diario o esporádico, urbano o interurbano–, se haga realmente con la máxima seguridad.

En respuesta a esta inquietud, y también desde su posición como padres y madres que se encuentran en esa misma situación, desde la Asociación a contra marcha salva vidas decidieron extender su labor de difusión de la importancia de la seguridad en el automóvil al ámbito del transporte en autobús e iniciaron la campaña informativa Seguro en el bus. Anna Canals, una de las socias fundadoras de la asociación, cuenta que cada vez reciben más consultas y solicitudes de ayuda de familias que no encuentran respuesta a sus preocupaciones por parte de los centros escolares de sus hijos. “Los autobuses que los transportan, incluso cumpliendo la legislación vigente, no hacen uso de un sistema de retención adaptado a peso y talla de los menores sino que, en el mejor de los casos, únicamente disponen de un cinturón de dos puntos o cadera, pensado únicamente para pasajeros adultos”, explica.

En España el Real Decreto 443/2001, aprobado en abril de 2001 –y que fue modificado de manera parcial posteriormente–, regula las condiciones de seguridad en el transporte escolar y de menores. Entre los puntos que se exige a los autobuses de transporte escolar se encuentra, entre otros, la condición de que los vehículos no rebasen los 16 años de antigüedad desde su primera matriculación, que estén dotados con un limitador de velocidad, que vayan señalizados con el indicativo de transporte escolar o que el suelo del vehículo no sea deslizante. Sobre cinturones o sistemas de retención fue el artículo 117 del Real Decreto 965/2006 el que estableció cinco años después la obligatoriedad de uso por parte de los pasajeros de más de tres años de edad de un cinturón de seguridad u otros sistemas de retención homologados en los vehículos destinados al transporte de personas de más de nueve plazas. Cinturones que deben estar disponibles en todos aquellos autobuses que se hayan matriculado a partir de octubre de 2007, lo que se traduce en que un elevado número de vehículos no dispone aún de cinturones de seguridad instalados si consideramos que la edad media del parque de autobuses es de 14 años, según datos del Observatorio del Transporte de Viajeros por Carretera. O lo que es lo mismo: si no hay cinturón de seguridad (siempre que el vehículo se matriculara antes de 2007), no hay obligación alguna de instalación ni de uso.

Para Jesús Rodríguez, Guardia Civil de Tráfico, fundador del proyecto Seguridad Vial en Familia y Premio Ciudadano Ponle Freno 2015 es imprescindible una revisión de la normativa “ya que los conocimientos sobre seguridad vial y los propios autobuses han cambiado bastante desde el año 2001”. Según el experto en Seguridad Vial, lo ideal sería que el transporte escolar se hiciera en un autobús de uso exclusivo para transporte de menores, como ya hacen en otros muchos países: “En nuestro país nos encontramos con la paradoja de que en muchas ocasiones no solo no hay un vehículo exclusivo para transporte escolar sino que además se utilizan los autobuses más antiguos. Para que un autobús pueda ofrecer un transporte escolar seguro debe estar equipado –como mínimo– con cinturones de tres puntos en todos sus asientos. Esto posibilitaría junto con el uso de un alzador poder guiar correctamente el cinturón a los niños así como poder instalar un SRI. También se debería hacer uso de butacas orientadas en el sentido contrario de la marcha como ocurre en los países nórdicos”.

Advierte Rodríguez que para asegurar la seguridad es importante evitar el uso del cinturón de dos puntos, el más común en los autobuses, ya que este tipo de cinturón puede ser seguro para el adulto pero no lo es para un niño: “Un cinturón de dos puntos va a sujetar la pelvis y la cadera del niño en caso de accidente, con el consiguiente riesgo de que en la proyección del accidente, el cuerpo del niño salga disparado hacia adelante y golpee el respaldo de la butaca de delante; lo que aumenta el riesgo de contusión abdominal y de traumatismo craneoencefálico.”

Un sistema de retención también en el autobús

Si bien la normativa actual no contempla el tipo de sistema de retención, también existe un enorme vacío legal en cuanto al transporte de menores de tres años en vehículos de más de 9 plazas. Desde la Asociación a contra marcha salva vidas consideran incoherente que se exija la utilización de sistemas de retención infantil en los vehículos particulares desde el nacimiento “mientras miles de escolares se exponen a diario a un riesgo real durante los traslados en autobús”; y consideran que se trata de una cuestión puramente económica. “La diferencia entre una butaca con cinturón de tres puntos y una con cinturón de dos puntos es de unos 150 euros por unidad. Además, el suelo de un autobús con butacas con cinturón de tres puntos debe ser más reforzado, lo que incrementa el precio del mismo”, señala Anna Canals.

Otra solución es la utilización de un arnés. Euraslog desarrollaba en 2015 Kidy Bus Harness, un dispositivo innovador de sujeción para niños con un peso de entre 15 y 27 kilos homologado para su uso en las butacas de los autobuses; pudiendo ser utilizado tanto en autobuses regulares con cinturones de dos puntos como de tres, lo que podría ser una solución en el caso de los primeros. El precio –que depende de las cantidades pedidas y del tipo de IVA estipulado– oscila entre los 130 y los 150 euros. Según explica Mikel Garrido, fundador de la empresa y presidente la Asociación Nacional de Seguridad Infantil, desde septiembre de 2016 han vendido más de 4.300 unidades tanto a compañías de autobuses como a AMPAs, colegios, administraciones y particulares. Entre esas administraciones, la del País Vasco fue la primera en dar un paso al frente y “premiar” a aquellas compañías que instalaran un SRI. Un hecho que fue pionero en España y que según Garrido ya está siendo analizado por otras comunidades: “Castilla y León ya ha anunciado que va a hacer lo propio en el curso 2019 – 2020 al igual que Navarra y La Rioja”. Y no solo en España. Un 20 % del total de unidades vendidas han ido a parar a Suecia, Dinamarca, Finlandia y Noruega, países en los que se ha distribuido el arnés y donde según asegura el emprendedor se están cerrando acuerdos de comercialización. “Al ser el primer, y hoy por hoy, único SRI homologado exclusivo para autobuses, hace que el interés por las compañías pioneras en ofrecer seguridad infantil real a los menores sea muy alto. Continuamente nos llegan peticiones de países realmente remotos, de todo Europa, Sudamérica o México, Dubái y Hong Kong”, explica el fundador.

Un cambio iniciado por las familias

Lamentan desde la Asociación A contra marcha salva vidas que aunque hay muchas iniciativas particulares y de pequeños colectivos, no hay una conciencia real de la sociedad ante este problema. “En el momento en el que seamos conscientes de la importancia de que nuestros hijos viajen seguros también en el transporte escolar se demandarán autobuses equipados y los centros y las empresas se darán cuenta de que, o los ofrecen, o no tendrán usuarios suficientes para la rentabilidad del servicio”, opinan. Por eso insisten en que las iniciativas privadas son importantes: porque pueden conseguir resultados más rápidamente que las iniciadas desde los poderes públicos”.

Precisamente para orientar a las familias en la posibilidad de mejora del transporte de su centro escolar, Mikel Garrido y Marta Erill, fisioterapeuta y autora del blog ‘Una mamá de otro planeta’, elaboraban conjuntamente en 2018 una guía básica con toda la información necesaria para hablar con el colegio. Una guía útil para familias como la de Nerea Zambrano, periodista y madre de dos hijos, que planteó el problema junto a otros padres y madres en el centro escolar. Después de meses de conversaciones asegura que el tema ha quedado en suspenso. “Lo más difícil es encontrar una empresa de autobuses con cinturones de tres puntos y eso lo conseguimos finalmente. Sin embargo, la empresa no ha permitido que las familias llevemos alzadores y el propio colegio considera que es un “trasto”. Tampoco se nos ha dado la opción de llevar a los pequeños a los lugares de las excursiones en nuestro propio transporte. Así que las últimas conversaciones nos llevan a organizar una charla en el colegio con algún experto en la materia que les insista en cómo deben viajar los niños para ir seguros en el bus”.

Jesús Rodríguez cree que falta mucha conciencia y educación vial: “Existe una falsa sensación de seguridad. No ayuda la normativa actual, que es muy laxa y tiene muchas lagunas. Pero las familias necesitamos un transporte escolar seguro; no vale utilizar la típica “coletilla” de que está homologado porque homologado no siempre es seguro. Siempre he dicho que el cambio lo haremos las familias y obligaremos a las instituciones y organismos a cambiar el modelo de seguridad en el transporte escolar”.

Mikel Garrido, por último, también considera que la fuerza se está haciendo más desde la sociedad que demanda seguridad para los menores, y que son los padres y las madres los que están provocando que las compañías comiencen a instalar SRI también en los autobuses: “Desde el punto de vista institucional, la propia DGT reconoce que es una “enorme patata caliente”, por lo que tienen como objetivo dar una respuesta antes del inicio del próximo curso. Para ello han creado un grupo de trabajo al que hemos sido invitados”, concluye.

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