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Jean-Bosco Gakwenzire (espalda), de etnia tutsi, abraza a su antiguo compañero de escuela, Pascal Shyirahwamaboko, Hutu, uno de los asesinos de su padre durante el genocidio, en la ciudad de Byumba.
Jean-Bosco Gakwenzire (espalda), de etnia tutsi, abraza a su antiguo compañero de escuela, Pascal Shyirahwamaboko, Hutu, uno de los asesinos de su padre durante el genocidio, en la ciudad de Byumba. AFP
25 ANIVERSARIO DEL GENOCIDIO DE RUANDA

Un largo camino hacia el perdón

12 fotos

A punto de cumplirse un cuarto de siglo del genocidio de 1994 en Ruanda, víctimas y autores de la masacre buscan el camino para la reconciliación interétnica

  • Aldeanos asisten a una misa en el sector de Mutete, en Byumba (Ruanda) donde hace 25 años más de mil vidas, en su mayoría tutsi, fueron masacradas por genocidas Hutu. Pascal, de etnia hutu, y Jean-Bosco, tutsi, se juntan en la iglesia en la que se celebra la ceremonia religiosa en honor a la virgen María, el 29 de marzo de 2019, el primer sábado del mes. Son viejos amigos a quienes la vida separó y juntó más tarde.
    1Aldeanos asisten a una misa en el sector de Mutete, en Byumba (Ruanda) donde hace 25 años más de mil vidas, en su mayoría tutsi, fueron masacradas por genocidas Hutu. Pascal, de etnia hutu, y Jean-Bosco, tutsi, se juntan en la iglesia en la que se celebra la ceremonia religiosa en honor a la virgen María, el 29 de marzo de 2019, el primer sábado del mes. Son viejos amigos a quienes la vida separó y juntó más tarde. AFP
  • Jean-Bosco Gakwenzire, de 65 años y de etnia tutsi, mira a través de una ventana en su hogar en el sector de Mutete, en la ciudad de Byumba, el 2 de marzo. El padre de Jean-Bosco, su esposa y cuatro de sus seis hijos fueron asesinados en Mutete durante el genocidio ruandés de 1994. Su amigo Pascal Shyirahwamaboko, formó parte de las milicias que mataron a su familia durante el genocidio de 1994.
    2Jean-Bosco Gakwenzire, de 65 años y de etnia tutsi, mira a través de una ventana en su hogar en el sector de Mutete, en la ciudad de Byumba, el 2 de marzo. El padre de Jean-Bosco, su esposa y cuatro de sus seis hijos fueron asesinados en Mutete durante el genocidio ruandés de 1994. Su amigo Pascal Shyirahwamaboko, formó parte de las milicias que mataron a su familia durante el genocidio de 1994. AFP
  • Hace 25 años Mutete pagó un alto precio por la locura sanguinaria de los genocidas hutus. Más de 1.000 habitantes de esta localidad murieron en el genocidio que, según la ONU, causó al menos 800.000 muertos, sobre todo entre la minoría tutsi, entre abril y julio de 1994. Ahora las dos aldeas están aprendiendo a convivir nuevamente, compartiendo todo lo que tienen, incluido el agua, como lo habian hecho antes del genocidio de 1994. En la imagen, una niña toma agua de un manantial en el valle que separa las aldeas de Musambira y Nyarubaka, en el distrito de Kamonyi, en el sur de Ruanda.
    3Hace 25 años Mutete pagó un alto precio por la locura sanguinaria de los genocidas hutus. Más de 1.000 habitantes de esta localidad murieron en el genocidio que, según la ONU, causó al menos 800.000 muertos, sobre todo entre la minoría tutsi, entre abril y julio de 1994. Ahora las dos aldeas están aprendiendo a convivir nuevamente, compartiendo todo lo que tienen, incluido el agua, como lo habian hecho antes del genocidio de 1994. En la imagen, una niña toma agua de un manantial en el valle que separa las aldeas de Musambira y Nyarubaka, en el distrito de Kamonyi, en el sur de Ruanda. AFP
  • Daphrosa Mukamusoni, una ex combatiente de las Fuerzas de Liberación Democrática de Ruanda (FLDR), posa en el Centro de Reintegración y Desmovilización en Mutobo, el 5 de marzo de 2019. Hombres y mujeres que ayudaron a llevar a cabo el horrible genocidio de Ruanda y que luego formaron el ejército rebelde FDLR, han regresado a su hogar en Ruanda después de un cuarto de siglo en los bosques del este de la República Democrática del Congo, donde buscaron refugio del avance de las fuerzas lideradas por el actual presidente.
    4Daphrosa Mukamusoni, una ex combatiente de las Fuerzas de Liberación Democrática de Ruanda (FLDR), posa en el Centro de Reintegración y Desmovilización en Mutobo, el 5 de marzo de 2019. Hombres y mujeres que ayudaron a llevar a cabo el horrible genocidio de Ruanda y que luego formaron el ejército rebelde FDLR, han regresado a su hogar en Ruanda después de un cuarto de siglo en los bosques del este de la República Democrática del Congo, donde buscaron refugio del avance de las fuerzas lideradas por el actual presidente. AFP
  • Tras el genocidio, en el que también perecieron numerosos hutus moderados, tomó el control del país el Frente Patriótico de Ruanda (RPF), milicia que entonces lideraba el actual presidente, el tutsi Paul Kagame. En la imagen, Focus Twiringiyimana, 47 años, excombatiente de las Fuerzas de Liberación Democrática de Ruanda (FLDR), pasa por delante de las oficinas de la administración mientras se dirige a un centro de formación profesional en el Centro de Reintegración y Desmovilización en Mutobo, el 5 de marzo de 2019.
    5Tras el genocidio, en el que también perecieron numerosos hutus moderados, tomó el control del país el Frente Patriótico de Ruanda (RPF), milicia que entonces lideraba el actual presidente, el tutsi Paul Kagame. En la imagen, Focus Twiringiyimana, 47 años, excombatiente de las Fuerzas de Liberación Democrática de Ruanda (FLDR), pasa por delante de las oficinas de la administración mientras se dirige a un centro de formación profesional en el Centro de Reintegración y Desmovilización en Mutobo, el 5 de marzo de 2019. AFP
  • Los antiguos rebeldes aprenden a reintegrarse en la sociedad en el campamento de Mutobo. Cada lote pasa tres meses en el campamento, antes de que puedan regresar a las familias y hogares que dejaron atras dos décadas antes. El campo ha reintegrado a 11.000 combatientes de las fuerzas rebeldes desde 1997. En la imagen, un grupo de combatientes asisten a una clase de un taller de capacitación vocacional, en el centro de Reintegración y Desmovilización de Mutobo.
    6Los antiguos rebeldes aprenden a reintegrarse en la sociedad en el campamento de Mutobo. Cada lote pasa tres meses en el campamento, antes de que puedan regresar a las familias y hogares que dejaron atras dos décadas antes. El campo ha reintegrado a 11.000 combatientes de las fuerzas rebeldes desde 1997. En la imagen, un grupo de combatientes asisten a una clase de un taller de capacitación vocacional, en el centro de Reintegración y Desmovilización de Mutobo. AFP
  • Combatientes de las Fuerzas de Liberación Democrática de Ruanda (FLDR) se preparan para jugar un partido de fútbol en el Centro de Reintegración y Desmovilización en Mutobo, el 5 de marzo de 2019.
    7Combatientes de las Fuerzas de Liberación Democrática de Ruanda (FLDR) se preparan para jugar un partido de fútbol en el Centro de Reintegración y Desmovilización en Mutobo, el 5 de marzo de 2019. AFP
  • Combatientes de las Fuerzas de Liberación Democrática de Ruanda (FLDR) posan para una foto después de jugar un partido de fútbol en el Centro de Reintegración y Desmovilización en Mutobo, el 5 de marzo. 2019.
    8Combatientes de las Fuerzas de Liberación Democrática de Ruanda (FLDR) posan para una foto después de jugar un partido de fútbol en el Centro de Reintegración y Desmovilización en Mutobo, el 5 de marzo. 2019. AFP
  • Daphrosa Mukarubayize, una tutsi de 57 años,  posa para una foto cerca del manantial en el valle que separa las dos aldeas en la frontera entre los sectores Musambira y Nyarubaka, el 4 de marzo de 2019. Daphrosa ha tomado la iniciativa de ser la primera en perdonar públicamente a los vecinos hutu por las atrocidades cometidas en 1994.
    9Daphrosa Mukarubayize, una tutsi de 57 años, posa para una foto cerca del manantial en el valle que separa las dos aldeas en la frontera entre los sectores Musambira y Nyarubaka, el 4 de marzo de 2019. Daphrosa ha tomado la iniciativa de ser la primera en perdonar públicamente a los vecinos hutu por las atrocidades cometidas en 1994. AFP
  • Un hombre recorre en bicicleta una carretera en el valle que separa dos aldeas en colinas adyacentes, en la frontera entre Musambira y Nyarubaka, en distrito de Kamonyi, el 4 de marzo de 2019. rn
    10Un hombre recorre en bicicleta una carretera en el valle que separa dos aldeas en colinas adyacentes, en la frontera entre Musambira y Nyarubaka, en distrito de Kamonyi, el 4 de marzo de 2019. AFP
  • Josepha Mukaruzima, una mujer tutsi de 70 años cuya familia fue asesinada durante el genocidio de 1994, aparece en la foto con su cabra en la aldea de Ruseke. En 1994, sus vecinos Hutu de la comuna Giheta se volvieron contra los de Ruseke, de mayoría tutsi.
    11Josepha Mukaruzima, una mujer tutsi de 70 años cuya familia fue asesinada durante el genocidio de 1994, aparece en la foto con su cabra en la aldea de Ruseke. En 1994, sus vecinos Hutu de la comuna Giheta se volvieron contra los de Ruseke, de mayoría tutsi. AFP
  • Jean-Bosco Gakwenzire (de espalda) saluda a su antiguo compañero de clase, Pascal Shyirahwamaboko. Jean-Bosco ha perdonado a Pascal de haber formado parte de la milicia que mató a su padre en 1994, durante el genocidio ruandés. La conversación es amistosa. Sonríen. "Hoy en día es mi mejor amigo. Le hice mucho daño, pero me perdonó", declara Pascal Shyirahwamaboko, un campesino de 68 años. A Jean-Bosco le ha costado lo suyo olvidar y perdonar. Al principio, explica, "no me sentía capaz de hablar ni de compartir nada con los responsables de lo que me había pasado. Pero con el tiempo, con la oración, el diálogo se reanudó, poco a poco. Comenzamos a perdonar, a hablar del perdón y a enseñarlo", explica. "Sé que los que han muerto nunca volverán, que lo que perdimos nunca volverá. Me permitió seguir adelante".
    12Jean-Bosco Gakwenzire (de espalda) saluda a su antiguo compañero de clase, Pascal Shyirahwamaboko. Jean-Bosco ha perdonado a Pascal de haber formado parte de la milicia que mató a su padre en 1994, durante el genocidio ruandés. La conversación es amistosa. Sonríen. "Hoy en día es mi mejor amigo. Le hice mucho daño, pero me perdonó", declara Pascal Shyirahwamaboko, un campesino de 68 años. A Jean-Bosco le ha costado lo suyo olvidar y perdonar. Al principio, explica, "no me sentía capaz de hablar ni de compartir nada con los responsables de lo que me había pasado. Pero con el tiempo, con la oración, el diálogo se reanudó, poco a poco. Comenzamos a perdonar, a hablar del perdón y a enseñarlo", explica. "Sé que los que han muerto nunca volverán, que lo que perdimos nunca volverá. Me permitió seguir adelante". AFP