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EP Aventura BLOGS Por Rosa Cullell
y Javier Martín del Barrio

Cómo afear las plazas más bonitas en nombre de la revolución o del mercado

Mercadillos y vallas de los políticos apartan a los ciudadanos de lugares de esparcimiento

Vallas de partidos políticos, en la plaza Marqués de Pombal.
Vallas de partidos políticos, en la plaza Marqués de Pombal.

Cada ciudad tiene su plaza gafada. Esa que, por muchas obras que le hacen, siempre quedan mal. Suele ser inhóspita, desangelada, invivible; a menudo, paradójicamente, luce nombre rimbombante, como la Plaza de Catalunya en Barcelona (no conozco a ningún barcelonés que la cruce, menos aún que se siente en sus bancos), o la plaza de Castilla en Madrid. Cada cual, en su ciudad, tiene su plaza favorita y su plaza malquerida, la que se bordea pero no se disfruta. Lisboa no es diferente. Cuenta con unas plazas gafadas haga lo que haga la mano del hombre, es decir, el Ayuntamiento de turno o, peor, la junta de distrito.

A veces, el problema de las plazas es que su propio nombre llama a engaño; son encrucijadas, más que plazas, lugares urbanísticamente sin resolver; no es el caso de Lisboa, donde las plazas más destrozadas o descuidadas son espacios bellos y perfectamente delimitados. Aunque hay gustos para todos, este listado de las plazas más bonitas de Lisboa afeadas por sus responsables municipales seguro que pone de acuerdo a casi todos:

Plaza de la Figueira.
Plaza de la Figueira.

1. Plaza da Figueira. Un cuadrilátero perfecto en el corazón de la Baixa, presidido por la estatua ecuestre del rey João I y limitado por edificaciones de cuatro alturas en cada uno de los puntos cardinales. En principio, parece la plaza ideal. Su problema es que no hay sitio para la gente, es una plaza-parking (autobuses, coches, taxis, tranvías y, últimamente, tuktuks). Para rematar la fealdad creada, la junta de distrito la llena de continuos mercadillos de chorizos, morcillas y otros productos artesanales. Con todo ello, por la noche es dormidera de vagabundos y borrachines.

2. Plaza del Comercio. Emblema de la ciudad; espectacular, única, con su forma de U abierta hacia el río. Es reclamo turístico y también reclamo publicitario y por eso, cada dos por tres, se rompe su armonía con campañas publicitarias, acontecimientos institucionales o fiestas. En este caso, es la plaza transformada en espacio publicitario.

Plaza Martim Moniz.
Plaza Martim Moniz.

3. Plaza Martím Moniz. El multiculturalismo no puede ser símbolo del caos, que es la imagen de esta plaza en la entrada a la Morería. Ya son varias las reformas de este espacio, hay en marcha una más y a todas les persigue la polémica. El diseño arquitectónico, las soluciones del mobiliario urbano dan una imagen de suciedad que invita a convertirse en gueto de unos pocos, más que en centro de reunión de todos.

4. Plaza Marqués de Pombal. Modelo plaza-rotonda, para que los coches den vueltas y vueltas alrededor de un parterre con una estatua encima. A veces es difícil encontrar una solución, como puede ser este caso, pero si era imposible empeorar, aquí se logró. Si el tráfico más denso de la ciudad no condenara a muerte este lugar, los sacrosantos partidos políticos tienen ahí colocadas sus vallas publicitarias gigantescas. Ya no se trata solo de contaminación atmosférica, acústica y estética, es un asunto de seguridad vial, pues las vallas obstaculizan la visión de los conductores.

La futurible plaza de España.
La futurible plaza de España.

5. Plaza de España. Otro lugar pensado para mayor gloria de los partidos políticos que con la revolución conquistaron su derecho a colocar vallas donde les pete. La primera impresión del turista en Lisboa es que la ciudad se encuentra en campaña electoral; pues no, generalmente no. Lo carteles de los partidos, como en Cuba —allí solo uno—, están siempre colocados, un partido tras otro, con sus mensajes sugerentes del tipo Más Derechos. No hay forma de eliminar esa muralla propagandística política de una zona verde desperdiciada para los ciudadanos. Entre el impresionante palacio de la Embajada de España y la Fundación Gulbenkian, el Ayuntamiento quiere convertir la plaza en un nuevo parque de la ciudad. En las imágenes del proyecto, hay patitos en sus lagos y no existen vallas propagandísticas. Como es para 2020 suena un poco a ciencia ficción.

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