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Europea Grecia

Tsipras baliza el abismo que separa a la izquierda de la izquierda, de origen populista, respecto a la derecha de la derecha, de querencia ultra

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, durante su intervención en el Parlamento este martes.
El primer ministro griego, Alexis Tsipras, durante su intervención en el Parlamento este martes. AFP

Casi culminada la legislatura, el Gobierno griego de Alexis Tsipras pierde a su socio minoritario, el ultranacionalista Griegos Independientes. Su líder y ministro de Defensa, Panos Kammenos, ha justificado la defección por su desacuerdo con el pacto Atenas-Skopje que rebautizó el pasado verano a la república vecina como Macedonia del Norte, nombre de la región griega originaria de Alejandro, cuya exclusividad para los helenos es incubadora de patriotismo irredentista. En realidad, esa renuncia tardía tiene mucho que ver con su declive ante la opinión.

En consecuencia, el primer ministro suscitará una moción de confianza, como ha anunciado. Si la pierde —hasta ahora le apoyaba la mitad exacta de los diputados—, el adelanto de las elecciones previstas para otoño será casi automático. Pero puede ganarla, pues parte de los parlamentarios del ya exsocio parecen dispuestos a votarle. Y porque podría atraer a centristas de Potamí, cuyo concurso desde el inicio habría sido seguramente menos ajetreado para Tsipras.

Las encuestas auguran la victoria de la vieja derecha de Nueva Democracia, uno de los grandes responsables de la crisis económica aflorada en 2009. Por eso, al partido del Gobierno, Syriza, le conviene agotar el mandato.

Pero no por afán de autoprolongarse, sino porque dispondría así de una baza con que recuperar a muchos seguidores desengañados: la apreciable gestión económica, que le ha permitido concluir correctamente el tercer rescate de la UE (tras los dos fallidos a cargo de sus antecesores, socialista y conservador); culminar 2018 con un superávit presupuestario récord y bajar el desempleo, que llegó al 26%, al 18% de la población activa. Aunque a muchos griegos no les alcancen aún los beneficios de la recuperación.

Ante el brutal reto económico que afrontó y tras un primer semestre tumultuoso y caótico, Tsipras se ha perfilado como un héroe de la retirada: llegó a convocar un referéndum contra las directrices económicas de la UE, pero supo luego reorientar la estrategia, y pactar un rescate del que discrepaba, aderezándolo de un programa social. Ha coadyuvado así a la modulación ligeramente expansiva de la política fiscal europea y ha sabido encaramarse a ella.

Los dos otros grandes asuntos de su mandato han evidenciado fibra europeísta: el acuerdo con los macedonios prima el pactismo, el pacifismo y el supranacionalismo propios de la UE. Y la responsabilidad ante la gran oleada migratoria certifica lo mismo. El ultraizquierdismo de Tsipras se amolda así a cánones de socialdemocracia radical. Y su triple europeísmo baliza el abismo que separa a la izquierda de la izquierda, de origen populista, respecto a la derecha de la derecha, de querencia ultra.

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