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El juguete ya no es negocio

Las tiendas de toda la vida desparecen en un contexto de extrema dificultad para el sector

José Luis García, dueño de Juguetes Fantasía desde 1953.

A principios de noviembre, un escaparte de una céntrica calle de Madrid comenzó a llenarse de mensajes de despedida y agradecimiento. “Fuisteis mi niñez”, “pasé mi vida pegado al escaparate”, decían algunas de las dedicatorias escritas sobre el cristal. El local homenajeado había alojado durante 87 años la emblemática juguetería Bazar Horta, en el barrio de Salamanca, que prácticamente de un día para otro había bajado la persiana para siempre, antes incluso de la campaña navideña. La imagen simboliza la lenta pero implacable desaparición de las tiendas de juguetes de toda la vida, de aquellas que fueron pasando de familiar en familiar hasta que las cuentas dejaron de salir. “Una tienda clásica, que la conocía todo el mundo, da mucha pena”, opina José Luis García, 65 años, y dueño de Juguetes Fantasía, en la avenida de La Albufera, en Vallecas, que su suegro abrió en 1953. “Es síntoma de que una tienda de juguetes ya no es negocio”, añade este empresario, que, a contracorriente, acaba de ampliar su establecimiento su segundo local, situado en la calle Lomas de Horcajo.

“En apenas un kilómetro, desde la glorieta hasta Jacinto Benavente había 14 jugueterías, y ahora solo queda una”, explica Fernando Echarri, que junto a su mujer regenta Sarasús, una tienda con 48 años de historia situada en la calle Atocha. “Lo que más ha afectado es la venta online”, asegura este abuelo de nueve nietos, de los cuales la mitad “pasan del juguete”. “Están obsesionados con la tablet, el móvil y con juguetes que en dos meses pasan de moda, que no son como el Meccano, Lego, las maquetas, con los que se jugaba todos los días”. Echarri vio hace poco en la tele un mapa de España sobre el que se podía leer: el fin de las jugueterías, “y un poco de razón no les falta”, reafirma. Él mismo tuvo que cerrar el año pasado otro local, dedicado más al hobby, y no sabe cuánto tiempo podrá resistir con el que le queda, mientras va mermando en metros cuadrados.

La Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ) calcula, con datos hasta 2015, que España es el país europeo en el que menos juguetes reciben los niños cada año. Si en el Reino Unido cada uno recibe 28, en España en 2010 se llegaba a 10, pero en 2015 bajó hasta 7,75.

Para este año, AEFJ espera un pequeño repunte del 2% en la facturación respecto a 2017, aunque según la consultora NPD Group, que cuenta con datos de los principales distribuidores, se quedará un 4% por debajo.

La incertidumbre se ha acrecentado por la situación de Toys 'R' Us, que en junio cerró todas sus tiendas en Estados Unidos, aunque la filial española sobrevive tras su compra por el fondo luso Green Swan; y también de La Grande Recre (New Poly en España), otro gigante en peligro.

En este contexto, establecimientos como Sarasús o Juguetes Fantasía se presentan como dos supervivientes con todo en contra y la única ilusión de mantener a flote el proyecto de una vida. “Es muy bonito que nos vengan a comprar los hijos de antiguos clientes”, exclama García.

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