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EL NO YA LO TIENES COLUMNA i

La pesadilla de Pablo Casado

Aún ahora al evocarlo no puedo evitar que lágrimas patriotas corran por mis patriotas mejillas

Pablo Casado, en el Congreso de los Diputados, el pasado miércoles.
Pablo Casado, en el Congreso de los Diputados, el pasado miércoles. EL PAÍS

Después de una siesta atribulada, Pablo Casado escribía esta carta a Santiago Abascal.

Querido Santi:

Hoy mi cabezadita en el escaño se ha visto truncada (apenas he podido dormir hora y media) por una pesadilla y me he despertado inquieto y todo sudoroso: la camisa, la chaqueta, la corbata, incluso los gemelos, estaban empapados. Menos mal que Maroto me ha preparado una copita de brandy Soberano y ahora me encuentro más calmado. Estábamos tú y yo, en el sueño digo, atados a un mástil, presenciando cómo unos desalmados rodeaban a una elegante dama madura. Entre los malhechores había chusma de todo tipo: un subsahariano, un payés, un jubilado, un perroflauta, un titiritero, un miembro de la familia Bardem, un pelotari, una feminista radical, una lesbiana (valga la redundancia) y hasta un vegano. Se metían con ella, le decían de todo y le hacían morisquetas y le sacaban la lengua... y nosotros no podíamos hacer nada por defenderla. Llorábamos, Santi, a moco tendido, porque lo que sentíamos por aquella dama madura no era un sentimiento mundano, era devoción. No sé cómo andarás en lo que a descifrar alegorías se refiere, pero si todavía no te hueles la tostada te diré que la elegante dama madura era: ESPAÑA. España, joder, España, y nosotros testigos impotentes del hostigamiento de sus enemigos… Señor, María y José. Aún ahora al evocarlo no puedo evitar que lágrimas patriotas corran por mis patriotas mejillas. Pero todavía no te he contado lo peor. En un momento dado prorrumpía en la escena un caballero con armadura, sobre un blanco corcel, blandiendo una espada láser. Empezaba a mandobles con aquella caterva, sin compasión, consiguiendo que huyeran despavoridos. Después de morrear a la dama con el yelmo todavía puesto, se encaraba con nosotros y entonces sí se despojada de él. El caballero salvador era Albert Rivera. Ahí te dejo eso.

Un abrazo.

Pablo.

Posdata: no podemos permitir que ese advenedizo, liberal y centroizquierdista nos usurpe el puesto.

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