Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Una colaboración compleja

El reconocimiento de la España democrática y los horrores de ETA animaron a París a dar su salto crucial en la cooperación: aceptar la presencia de la Guardia Civil en su territorio

El primer ministro francés, Edouard Philippe, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el homenaje a las víctimas de ETA en La Moncloa.OSCAR DEL POZO (AFP) / Vídeo: ATLASundefined

Cuando en los consejos de seguridad europeos quiere realzarse un modelo de cooperación policial, la estrella señalada es el hispano-francés contra ETA. Ha sido una relación excepcional, basada en la primacía del interés general sobre el particular, con un resultado también excepcional por su imprescindible contribución a la derrota policial de ETA.

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Pero no fue siempre así. Durante la Transición, Giscard D’Estaing no quiso colaborar con España en la liquidación del santuario en que ETA convirtió el sur de Francia. Todavía en 1983, los socialistas vascos acudían a Las Landas francesas a entrevistarse con Gaston Deferre, ministro del Interior en el mandato de Francois Mitterrand, para convencerle de que España era una democracia y los etarras no eran “resistentes”. No obstante, con Mitterrand y Felipe González empezó la colaboración con la desaparición del estatuto del refugiado; las primeras deportaciones de etarras a España y su entrega rápida.

Es una leyenda que factores comerciales o atajos como la guerra sucia influyeran decisivamente en la cooperación. Mucho más determinante fue la política, con la entrada de España en la UE en 1986 o las conversaciones de Argel de 1989, y la progresiva confianza entre policías. Todavía avanzados los ochenta, Francia consideraba a ETA un problema español porque la banda sólo actuaba en España, y proclamaba que la solución tenía que ser negociada. El reconocimiento de la España democrática y los horrores de ETA animaron a París a dar su salto crucial en la cooperación: aceptar la presencia de la Guardia Civil en su territorio. Tres años después, ETA recibió su mayor golpe con la detención de su cúpula en Francia.

Cuando, tras el 11-S de 2001, EE UU, se implicó contra todo terrorismo, Francia y España ya colaboraban plenamente contra ETA con los magistrados de enlace, los equipos conjuntos de investigación, las entregas temporales y el acceso inmediato a la documentación incautada en Francia. Su resultado marcó otro hito, en 2004: la detención de Mikel Antza, líder de ETA desde 1992, con la incautación de su inmenso arsenal y su monumental documentación que facilitó que sus cúpulas cayeron sucesivamente hasta cesar el terrorismo en 2011. Ese material, que puede contribuir a resolver casos pendientes, forma parte de la documentación que Francia entregará a España, como colofón de una colaboración marcada por la inteligencia política que hoy se conmemora en Madrid.

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