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Tírale piedras al diablo

Los ingresos por la peregrinación a la Meca, un 7% del PIB, suponen una opción que Riad quiere consolidar ante los riesgos de la dependencia del petróleo

Miles de peregrinos se disponen a participar en el ritual de la lapidación del Diablo en el puente Jamarat, ayer en Mina.
Miles de peregrinos se disponen a participar en el ritual de la lapidación del Diablo en el puente Jamarat, ayer en Mina. AFP

Decía el historiador islámico saudí Al Azraqi que cuando Abraham peregrinó a la Meca, unos cuantos miles de años antes de que pusieran wifi en el lugar santo, el diablo se le apareció en tres ocasiones. En todas ellas y animado por el ángel Gabriel, el profeta acalló al diablo a pedradas. Siete cada vez. Es lo que más de dos millones de personas emulan en uno de los rituales del Haj, la peregrinación a la ciudad saudí, una de las cinco obligaciones que tienen los musulmanes. Hasta llegar a los tres antiguos pilares (hoy muros para garantizar mayor seguridad ante la afluencia de peregrinos), que sirven de diana al apedreamiento simbólico del diablo, los peregrinos, este año unos 2,37 millones, cruzan en masa, como muestra la fotografía que encabeza esta información, el puente Jamarat (pilar), en Mina, uno de los momentos más tensos del Haj, por el posible riesgo de estampidas.

El Haj es una bendición en tantos sentidos para Arabia Saudí. Junto al omrah (peregrinación a la Meca que se puede realizar el resto del año), supone unos ingresos de 12.000 millones de dólares al año para las arcas de Riad. Es el 20% del PIB no vinculado a la industria del petróleo, un 7% de la economía si se cuenta con el todopoderoso crudo, hoy en entredicho ante la caída de precios. Y por eso, entre otras cosas, el país que hoy pilota el príncipe heredero Mohamed Bin Salman, de 32 años, quiere que la peregrinación sea pilar, más aún, de la nueva cara del Reino del Desierto. Un pilar al que no se tira piedras.

Riad tiene un plan y se llama Visión Saudí para 2030. El objetivo, entre otros, es evitar que el petróleo, un maná del que ha dependido el país, inmóvil ante el ultraconservadurismo de su monarquía, acabe lapidado y arrastre al fondo de la tierra a la economía saudí. Y dentro de esa nueva visión, la peregrinación como fuente de ingresos es esencial. Se espera que de aquí a 2030, la Meca logre atraer en torno a 30 millones de peregrinos al año.

Cuantos más, mejor, y con mejor experiencia —sobre todo tecnológica—, como decía recientemente Mohammed Saleh Bin Taher Benten, ministro del ramo. Para ello se prevé que se construyan 115 nuevos inmuebles, 70.000 nuevas habitaciones de hotel, 9.000 viviendas...

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