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EP Tendencias BLOGS Coordinado por ANATXU ZABALBEASCOA

¿Qué arquitectura representa el pabellón premiado en la Bienal de Venecia?

Como una atracción circense, el ingenioso pabellón suizo juega con la escala para hacer que el visitante se sienta minúsculo o gigante en sus diversas estancias. Sin embargo, ¿qué dice este León de Oro de la arquitectura? ¿Y de la Bienal?

Detalle del interior del pabellón suizo 'Svizzera 240 House Tour' en la XVI Bienal de Venecia.
Detalle del interior del pabellón suizo 'Svizzera 240 House Tour' en la XVI Bienal de Venecia.

Junto al hermoso y deteriorado pabellón que Carlo Scarpa diseñara para Venezuela, el pabellón suizo en los jardines públicos de Venecia —que acogen a la mayoría de los pabellones nacionales en las diversas bienales— suele representar bien a ese país. En general, propone un tema aislado, enviando un mensaje tan rotundo y bien elaborado como al margen del lema decidido por los comisarios de la muestra. Este año no ha hecho una excepción. Sus cuatro jóvenes comisarios, Alessandro Bosshard, Li Tavor, Matthew van der Ploeg y Ani Viherwaara han ideado “no una casa, sino un tour por una casa para que los visitantes puedan convertirse en turistas en el interior de la vivienda”, han declarado. Y mucho de eso hay en el montaje: una atracción turística en toda regla que combina el juego, la sorpresa, el humor y… la ambición cultural.

La muestra Svizzera 240 House Tour es, efectivamente, un tour muy didáctico que informa eficazmente sobre cómo afecta la escala a la vida en el interior de una vivienda. El jurado se basó justo en eso para premiarlo “afronta cuestiones clave de la escala en el espacio doméstico”. Sin embargo, la memoria de los arquitectos no hablaba de ese objetivo, sino que describía la voluntad de los autores de “en lugar de representar el edificio, construir su representación”. Así, no resulta fácil establecer la relación entre el lema de la Bienal, Freespace, y la divertida instalación suiza. “El pabellón ilustra las maneras muy diversas de abordar el tema”, zanjó el presidente de la Biennale, Paolo Baratta. Y seguramente en ese asunto, la interpretación de un lema, reside el quid de la cuestión. ¿Que un lema sea ampliamente interpretable indica riqueza, ambigüedad o escapismo?

Alessandro Bosshard, Li Tavor, Matthew van der Ploeg y Ani Viherwaara, arquitectos del pabellón suizo, sentados en su interior.rn rn
Alessandro Bosshard, Li Tavor, Matthew van der Ploeg y Ani Viherwaara, arquitectos del pabellón suizo, sentados en su interior.

Para las comisarias de esta edición, las irlandesas Shelley Mcnamara e Yvonne Farrell, Freespace es a la vez lo gratuito y lo generoso, el espacio de libre acceso (público) y el que los arquitectos regalan al usuario. Sin embargo, la escala sería una de las herramientas para abordar una cuestión que hoy define el crecimiento de las ciudades, la naturaleza de los edificios y la vida de los ciudadanos desde un punto de vista, como mínimo teórico. ¿Es eso lo que quiere hacer la reunión de arquitectura más emblemática del mundo? ¿Teorizar? ¿No sería más interesante por lo menos informar, proponer, denunciar o empatizar ahora que tantos arquitectos se llenan la boca con la necesidad de acercarse a las necesidades de la sociedad?

En los mismos jardines públicos, el pabellón de Israel ciertamente informa cuando analiza la geopolítica de los espacios sagrados. El americano propone cuando refleja los diversos grados de ciudadanía. El australiano denuncia la desaparición de la vegetación autóctona, y el alemán se acerca realmente a la gente poniéndose en la piel de las personas que a día de hoy viven junto a un muro.

Interior del pabellón suizo en la XVI Bienal de Venecia.
Interior del pabellón suizo en la XVI Bienal de Venecia.

Por eso hay que señalar que el León de oro de esta Bienal no es reivindicativo. En boca de los arquitectos aborda un tema académico, el de la representación, y en opinión del jurado una cuestión privada, la del interior de la vivienda. Que esto suceda cuando el lema de la Bienal es la interpretación del espacio libre, o gratuito, o público, llama la atención. Y permitir que la arquitectura se convierta en una mera cuestión de interpretación lingüística, se antoja como un gesto más escapista que reparador.

Si bien los jóvenes arquitectos de Zúrich se hicieron con el encargo del pabellón a través de una convocatoria pública y han levantado una experiencia divertida y didáctica, su mensaje tiene mucho de evasión y diversión. Nada que objetar sobre el pabellón, pero bastante al máximo galardón de la Bienal. En una disciplina que se llena la boca con la voluntad de acercarse a la gente uno se pregunta si el clásico de feria de los espejos deformantes es la manera de hacerlo.