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BLOGS Coordinado por Carolina García

Póntelo, pónselo... también después de los 60

No nos engañemos, que no pueda haber concepción no es excusa para dejar atrás el preservativo ya que nos previene del contagio de enfermedades de transmisión sexual

Cuando pensamos en un condón o preservativo, se nos viene a la cabeza una pareja de jóvenes sonrientes buscando un sitio furtivo para mantener relaciones sexuales con la cabeza suficientemente amueblada como para prevenir el riesgo de concebir, y evitar con ello una carga quizá demasiado pesada para la que no están preparados ni sus cuerpos ni sus mentes.

El uso de preservativo para muchos varones supone una barrera no sólo para la concepción sino para el placer, porque no es lo mismo el tacto de piel contra piel que el de una película de látex entre las dos pieles, por muy fina que esta sea, y por eso prefieren que sea la mujer la que utilice otros métodos anticonceptivos como la píldora, el dispositivo intra uterino (DIU) o los geles o anillos espermicidas. Pero aunque controlemos el riesgo de tener descendencia no deseada, hay otros riesgos que deberían tenerse en cuenta antes de retirar el condón de la relación de pareja.

Al llegar a ciertas edades, el sexo se vive de una forma mucho más tranquila y segura, desde la madurez y con la certeza de que la reproducción ha salido completamente de los riesgos que nos acechan tras mantener una relación placentera. Pero no nos engañemos, que no pueda haber concepción no es excusa para dejar atrás el preservativo ya que, además de evitar el embarazo, nos previene del contagio de muchas enfermedades de transmisión sexual, algo que puede poner en peligro nuestra vida y la vida de los que amamos.

Aunque siempre han existido, pero parece que últimamente se ha puesto de moda los encuentros del tipo “aquí te pillo, aquí te mato”. Es decir, la desinhibición sexual que nos permite en muchos casos tener relaciones sexuales con alguien a quien acabamos de conocer.

Póntelo, pónselo... también después de los 60

Compartir nuestra intimidad más profunda con un completo desconocido es algo que puede ser tremendamente motivante, pero tener unos riesgos evidentes. Los viajes, las salidas de fin de semana, los bailes, sitios todos en los que conocemos gente nueva en ambientes de ocio y desinhibidos; en los que se nos brinda la ocasión de trabar contacto con personas que enriquezcan nuestro grupo de conocidos y, ¿por qué no? Que nos acompañen en una rica relación sexual por puro y llano placer.

Pero cuidado, no sólo vamos a tener sexo con él, sino con todas las personas con quien esta persona ha estado. Y si con una de ellas tuvo relaciones sin protección y tenía una ETS, estaremos recibiendo el indeseable regalo de aquél amante lejano, que inevitablemente vuelve a infectar a alguien sano.

Bien, si con eso y todo hemos decidido embarcarnos en una locura pasional en nuestra segunda juventud, basta con buscar un preservativo para asegurarnos de que podremos seguir disfrutando muchos años más con salud, con salud sexual.

Comprar preservativos es tan sencillo como ir a la farmacia a por nuestra dosis mensual de medicinas y añadirlos a la lista de la compra, o puede ser tan divertido como visitar alguna juguetería para adultos en la que nos enseñen juguetitos para disfrutar de nuestro cuerpo, y de paso buscar los preservativos que mejor vayan con nuestros gustos y capacidades… un mundo por descubrir.

En conclusión, a menos que tengamos el resultado de un análisis reciente de enfermedades de transmisión sexual que indique que nuestro amante está libre de esas cargas deberíamos usar siempre preservativo y colocarlo antes de cualquier tipo de penetración. Si te gusta el sexo deberías intentar poder practicarlo satisfactoriamente hasta el fin de tus días.

*Raúl Padilla, psicoterapeuta sexual y de pareja.

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