El coste de saltarse la baja de maternidad

Recientemente la presentadora Pilar Rubio era criticada por retomar sus compromisos profesionales tras su tercer hijo sin agotar las 16 semanas de permiso

Una madre trabaja en casa con su bebé encima.
Una madre trabaja en casa con su bebé encima. Getty

Recientemente la presentadora Pilar Rubio era criticada en su cuenta de Instagram, donde tiene más de dos millones de seguidores, por retomar sus compromisos profesionales tras su tercer hijo sin agotar las 16 semanas de baja por maternidad a las que las mujeres tienen derecho en España. Casi al mismo tiempo se cuestionaba a la presentadora Eva González y a la periodista Susana Griso, como en su momento se hizo con Soraya Saenz de Santamaría, por hacer lo propio. Partiendo de que tener derecho no es lo mismo que tener obligación, cabe el planteamiento de cuál es el mensaje que se transmite con esa renuncia personal por parte de personajes tan populares; y de qué manera afecta a la reivindicación que desde hace décadas busca ampliar las bajas y permisos de los progenitores.

View this post on Instagram

Vuelta al trabajo 😃 // Back to work, shooting 📸

A post shared by Pilar Rubio (@pilarrubio_oficial) on

Según los datos del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS), en 2017 se gestionaron un total de 268.328 prestaciones económicas por maternidad. De dichas prestaciones, 263.398 fueron disfrutadas al completo por las madres, mientras que en 4.930 casos los permisos fueron compartidos con el padre. Usue Madinaveitia, periodista y fundadora del proyecto #mamiconcilia, señala que “es deseable que hombres y mujeres disfruten de sus permisos al completo para visibilizar el valor de los cuidados y porque no hay mejor cuidador para los niños, los ciudadanos del futuro, que sus propios padres”. Además, Madinaveitia añade que todos somos responsables de mejorar la sociedad en la que vivimos y los personajes públicos, por su visibilidad, más: “¿Qué mensaje implícito hay en la reincorporación a la vida laboral antes de que se termine oficialmente la baja de maternidad? Que esta es demasiado larga. ¿Qué mensaje explícito deberían gritar estas famosas a los cuatro vientos? Que en la sociedad actual es difícil conciliar sin tener que renunciar a la crianza o al éxito profesional y que cada una haga lo que quiera o pueda sin tomarles a ellas como ejemplo”. Insiste en que hay que pararse a pensar en por qué tendemos a criticar más la decisión de las madres que la de los padres ya que, aunque los hijos son de los dos, “con esos juicios damos por hecho que la crianza y los cuidados le corresponden a la mujer”. Se vio en el elogio al futbolista Sergio Ramos, pareja de Pilar Rubio, por su compromiso con la selección española por reincorporarse a los entrenamientos apenas unas horas después del nacimiento del bebé.

Más información
Síndrome del emperador: retrato del niño tirano
La lactancia materna puede evitar 20.000 muertes por cáncer de mama al año en el mundo

Conciliar sin renunciar, misión imposible

La Real Academia Española define conciliar como “hacer compatibles dos o más cosas” pero la realidad es que la coexistencia de dos esferas tan demandantes de tiempo como son los cuidados y el trabajo es casi una utopía. Más aún si pensamos en un país como España, en el que el presencialismo, la rigidez y los horarios imposibles son la tónica general del panorama laboral. Las cifras muestran que el 96% de los empleos a tiempo parcial por cuidados los ocupan las mujeres. También son mayoría a la hora de solicitar una excedencia.

Usue Madinaveitia mantiene que “tan importante es la necesidad de ampliar las bajas de maternidad y permisos de paternidad como que la maternidad no se convierta en un obstáculo para el desarrollo profesional de las mujeres. Tal y como está montada la sociedad actual, casi todas las mujeres se sienten obligadas a elegir entre el disfrute de la maternidad y el éxito laboral. Y elijan lo que elijan, sienten que renuncian a la otra parte y se sienten juzgadas, lejos de sentirse libres al tomar su decisión”.

Para Nuria Chinchilla, experta en conciliación y fundadora del International Center for Work and Family (ICWF), una de las principales dificultades que tenemos para conciliar en España son los horarios. “Estamos poniendo parches cada día pero no hemos tomado la decisión aún real de seguir un horario más racional, más europeo. Y todo depende de que algún gobierno se lo tome en serio”, lamenta. Añade también que “primero hay que saber conciliar con uno mismo para después poder conciliar con el resto: con la pareja, con la familia, con la empresa”; y así lo cuenta en el libro ‘Integrar la vida: cómo tener éxito en la vida profesional y personal’ (Editorial Ariel), escrito junto a Esther Jiménez y Pilar García-Lombardía. “Cuando ya hemos valorado cuáles son nuestras alternativas y necesidades, entonces podemos pasar a una fase de negociación de flexibilidad con la empresa, algo que es absolutamente necesario y que debería formar parte de todos los aspectos de nuestras vidas. También hay que aprender a delegar todo lo que sea delegable y a estar en los momentos que de verdad son importantes, tanto en la esfera familiar como en la profesional, e intentar reconciliarnos con el sol. Ahora mismo llevamos dos horas de adelanto con respecto a la luz del sol y eso impacta en nuestros ritmos. Perdemos mucho tiempo de la vida personal y familiar con los retrasos de nuestras comidas cuando, por ejemplo, aplazamos ese momento a las tres de la tarde”, mantiene Chinchilla.

Opina Usue Madinaveitia que hay que entender que los días tienen 24 horas y que “no siempre podemos tenerlo todo”. En este sentido sostiene que, dada la situación actual, “si queremos disfrutar de la maternidad y la paternidad, que es una experiencia que pasa rápido y no vuelve, tal vez toque levantar el pie del acelerador laboral durante unos años y ajustarse el cinturón. El siguiente paso es hacer entender a la empresa en la que trabajamos que estar menos horas no es sinónimo de ser menos productivo y que no es necesario trabajar ocho horas seguidas”.

La flexibilidad como clave

El coste de la no conciliación para una empresa es enorme, pero también lo es para la sociedad en su conjunto ya que no sólo hablamos de un mayor índice de absentismo laboral y de una menor productividad sino también de un deterioro de la salud que se refleja en un mayor número de bajas por estrés o depresión. Nuria Chinchilla habla de entornos intoxicantes u oxigenantes para referirse a empresas y departamentos que ofrecen mayores o menores medidas para facilitar la conciliación: “Un entorno contaminante tiene hasta un 30% más de absentismo, sube mucho la siniestralidad y baja muchísimo el compromiso. Un departamento oxigenante tiene hasta un 400% más de compromiso del empleado con la empresa y eso se refleja en más de un 17% de productividad”.

Insiste Usue Madinaveitia en la importancia de la flexibilidad laboral, y lo hace desde la idea de que es fundamental darle una vuelta al concepto de trabajar por horas para comenzar a pensar en el trabajo por objetivos así como terminar con las jornadas partidas y potenciar el teletrabajo. Para Chinchilla el ideal para lograr conciliar la vida de todos se basa en tres criterios: la feminidad, la familia y la flexibilidad. “Hay que abrir el ojo de lo femenino porque con un solo ojo no se puede enfocar bien; necesitamos incorporar valores femeninos en todas las áreas para poder ver que hombres y mujeres somos complementarios y sinérgicos cuando trabajamos juntos en casa y fuera de ella. Necesitamos la incorporación de los hombres a la economía del cuidado que cada vez es más necesaria. El segundo criterio a tener en cuenta es la familia. No podemos pensar que somos islas en un océano si no que tenemos un hogar en el que nos esperan o alguien a quien cuidar después del trabajo. La familia nos da las competencias necesarias para unos buenos hábitos sociales, trabajo en equipo, comunicación, etc. en nuestra faceta profesional. La familia también nos aporta la corresponsabilidad, ese aprender a vivir haciendo hogar entre todos, cada uno según su capacidad y necesidad. Y por último, la flexibilidad. No se puede tratar a nadie de forma rígida, sino que es necesario ajustarse a las necesidades según etapas en la vida con flexibilidad. Dirigir a las personas con flexibilidad, teniendo en cuenta las necesidades cambiantes en diferentes etapas vitales, desarrolla su compromiso y su confianza en la empresa. Sin confianza no hay familias, no hay empresas, no hay sociedad”.

Centrándose en la conciliación de padres y madres, la experta en conciliación cree que sería deseable que hombres y mujeres disfrutaran de sus permisos al completo pero de forma flexible. “Más que ambos progenitores disfruten de cuatro meses y después vuelvan de golpe a trabajar, como el bebé sigue siendo un bebé, yo soy más partidaria de que haya flexibilidades de tiempos parciales desde el principio. Necesitamos crear una cultura de la flexibilidad, de trabajo a tiempos parciales y del teletrabajo. Sería fabuloso tener más posibilidades de ampliar los márgenes para conciliar pero lo veo complicado porque ahora hemos conseguido la ampliación del permiso de paternidad pero es algo que se está luchando desde hace más de 15 años”.

Por su parte Madinaveitia ampliaría el permiso de paternidad y maternidad “a seis meses para cada uno de los progenitores, no simultáneos (salvo los primeros días), intransferibles y pagados al cien por cien”. Además, cree que al igual que existen las ayudas para escuelas infantiles, se debería establecer una ayuda para madres, padres y otros familiares directos que se ocupen del cuidado de los niños durante los tres primeros años de vida.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Si tienes cuenta en EL PAÍS, puedes utilizarla para identificarte
Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS