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La guerra de las plumas

Rajoy no ha sabido imponer su relato sobre lo que acontece en Cataluña

Carles Puigdemont abandona la prisión de Neumuenster, Alemania.
Carles Puigdemont abandona la prisión de Neumuenster, Alemania.

Fue un momento luminoso del Partido Laborista británico. Un joven y carismático Blair entraba en política sabiendo que la imagen de un Estado se construye activamente, y que el poder blando consiste en imponer tu relato de país en el exterior. "Cool Britannia" fue el emblema elegido para proyectar a nivel global una cultura en auge, con sus tendencias de moda, su Britpop y su nueva industria. Lo británico seducía, era cool,molaba.

La nueva Diplomacia Pública comprendió que las disputas políticas se dirimen en la esfera comunicativa. Las relaciones inter-estatales debían impactar en la opinión pública de los países, instrumento fundamental para permear la acción de los gobiernos. Correspondía a las instituciones construir narrativas para seducir a las audiencias, enmarcando la realidad y mostrando una representación del mundo identificada con una agenda política.

Esto, que sabemos desde hace años, es justo lo que se le escapa a nuestro gobierno de registradores y abogados del Estado, que restringe la política al puro cálculo jurídico; el independentismo, por contra, entiende lúcidamente el sex-appeal del agitprop. Por eso no sorprenden los comentarios que llegan desde Alemania por boca de ministros socialdemócratas: solo han tenido acceso a una de las versiones del conflicto. Rajoy no ha sabido imponer su relato sobre lo que acontece en Cataluña y la cosa tiene bemoles, pues esto va de la supervivencia de su propio Estado.

Su desidia comunicativa encuentra la mejor expresión en las declaraciones de Dastis: el problema “debe resolverse entre jueces, separado de las opiniones políticas”. ¡Craso error! Pero ayuda a entender su incapacidad para conectar con la sociedad civil europea. Porque la democracia no es solo ajustarse a las normas, sino un debate incesante sobre conceptos y palabras que son, según nos enseñó Hobbes, “las monedas que los hombres sabios manejan en sus cálculos”. Hoy, como entonces, debemos aprender a seducir con elocuencia, salir de la petrificación del tecnócrata y entrar en la más vistosa “guerra de las plumas”; batallar, en fin, con argumentos poderosos, pues existen, y lucen. Pero Rajoy (¡Ay!) ni está ni se le espera. @MariamMartinezB

 

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