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Natalie Imbruglia, 20 años a la sombra de ‘Torn’

La canción que catapultó a la cantante en 1997 sigue siendo, cuatro discos después, su principal éxito

Imbruglia durante un concierto en el O2 Institute de Birmingham en mayo de 2017. Ampliar foto
Imbruglia durante un concierto en el O2 Institute de Birmingham en mayo de 2017.

Natalie Imbruglia pasó 2017 de concierto en concierto por Europa. La prensa británica se hizo eco, sobre todo, de lo bien que se conservaba a los 43 años. “Eternamente joven”, “Imbruglia entusiasma con su aspecto juvenil” rezaban varios titulares de medios sensacionalistas. Es cierto que la cantante ha sido embajadora de marcas de cosmética como L’Oreal y que ha sido noticia por ello, pero la australiana se ha hecho famosa con sus canciones. Una en particular: Torn, de 1997, un himno a los corazones rotos que alcanzó el número uno en Reino Unido, Bélgica, Suecia, Dinamarca, España y Canadá, y que le proporcionó una nominación a los Grammy en 1999. Dos décadas después parece que nada ha cambiado: ella mantiene su aspecto juvenil, como dicen los tabloides, y el público la recuerda, únicamente, por aquella canción.

Ninguno de los sencillos que ha publicado después ha superado el éxito de su debut, que se incluía en Left of the Middle. Este álbum, su más exitoso también, conectó con los amantes del rock femenino que a mediados de los noventa lideraban Alannis Morisette, Joan Osborne o Mederith Brooks. Imbruglia, con un aspecto delicado y trazas de grunge, encajaba perfectamente en la fórmula, aunque su discográfica buscara otra imagen. “Estaba muy insegura de mí misma. Querían colocarme un vestido pero pedí que me dejaran ponerme mi propia ropa y aparecí con lo que llevaba todos los días: pantalones militares y zapatillas buffalo”, recordaba en una entrevista para Vice en 2014.

La cantante australiana durante la edición de 2003 de los Brits Award, los premios de la música británica.
La cantante australiana durante la edición de 2003 de los Brits Award, los premios de la música británica.

Gracias a Torn, que era una versión de un tema de la banda californiana Ednaswap, y Big Mistake, el siguiente sencillo, Imbruglia se convirtió en la niña mimada del pop. Acaparaba premios, entrevistas y ofrecía conciertos por todo el mundo. Ese fue el pináculo de su carrera pues el interés de los medios no fue el mismo con sus siguientes álbumes. White Lilies Island, lanzado cuatro años después, abandonaba el desgarro y la rebeldía del primero en favor de un tono más dulce, romántico y convencional. Tanto que el público respondió con tibieza. Lo mismo pasó con sus dos siguientes trabajos, grabados con diferentes discográficas. Lo que dejaba patente la inestabilidad que sufría su carrera. Su último intento por convencer al público, más allá de sus fieles seguidores, fue Male, publicado en 2014, un álbum en el que versionaba canciones grabadas originalmente por artistas y grupos masculinos como Daft Punk, Cat Stevens, Damien Rice o The Cure: Una oportunidad de recuperar el sabor rebelde y oscuro de su primer álbum que finalmente declinó por una producción más luminosa.

Un pie en la actuación

Entre disco y gira, Imbruglia ha tenido tiempo para la actuación, la disciplina con la que se dio a conocer antes de grabar el primer disco y su gran pasión. Un papel en la serie australiana Neighbours (Vecinos) fue su primera incursión en el arte dramático, entre 1992 y 1994. El programa se emitió en varios países europeos, entre ellos Reino Unido. Por eso decidió instalarse en Londres, donde llegaba con una buena carta de presentación para dar el salto internacional como actriz.

Sus primeros pasos en el cine, sin embargo, fueron discretos. En 2003 interpretó un pequeño papel en Johnny English, una parodia británica de las películas de acción y espionaje protagonizada por Rowan Atkinson. Una década después obtuvo su, hasta ahora, único papel protagonista en el drama Closed for Winter, que narra el intento de una mujer por resolver la misteriosa desaparición de su hermana 20 años atrás en la playa, cuando eran niñas. La cinta solo se estrenó en Australia. La oferta le llegó cuando ya se sentía preparada para abordar un papel grande. 

Natalie Imbruglia durante una marcha feminista el 4 de marzo de 2018 en Londres. ampliar foto
Natalie Imbruglia durante una marcha feminista el 4 de marzo de 2018 en Londres.

En 2009, algo más de una década después de su debut discográfico, había paralizado su carrera musical para estudiar arte dramático en Los Ángeles. Se acababa de divorciar de Daniel Johns, líder de la banda Silverchair, por la distancia (él residía en Australia), y necesitaba un cambio en su vida. “Nunca había tenido ninguna formación oficial pese a haber empezado a los 16 años en Neighbours, cuando debuté estaba tan ocupada con mi primer álbum que no pude planteármelo”, recordaba en una entrevista con motivo del lanzamiento de Male.

En la escuela de teatro de Los Angeles Imbruglia era una más. “Alquilé un apartamento, iba a clase, comía en la cafetería con los compañeros… Tuve una verdadera vida de estudiante después de haber pasado toda mi vida trabajando”, comentaba en 2015 a la revista londinense Event Magazine.

Tras su incursión en el arte dramático (con debut teatral en Bath en 2013), y ya nacionalizada británica tras dos décadas viviendo en Londres, Imbruglia retomó la música y las salas de conciertos con una gira de más de dos años, que pasó por Barcelona. Las crónicas de aquella gira, la más reciente, destacaban cómo el público esperaba aquel hit de 1997, una canción , agridulce que, como recordaba el crítico de El Periódico de Catalunya, Jordi Bianciotto, “sigue valiendo por una carrera”.

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