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Eligieron trabajar

Algunas mujeres con cargo de gobierno dijeron que no iban a apoyar la huelga de mujeres convocada para el 8 de marzo. Están en su derecho. Y manifestaron, convencidas y orgullosas, que iban a trabajar como todos los demás días. O quizás más. Suerte tienen ellas. Pues es también en ese hacer donde todos podemos ver cómo no conocen ni se reconocen en la crisis ni en el estar en las listas del paro. Lo que les permite, encantadas y orgullosas, encaminarse al trabajo y decir lo que dijeron. Cosa que la gran mayoría de mujeres no puede hacer. Motivo por el que, y entre otros muchos, sí acudieron a la huelga. Como este que firma.— Manuel Nanín. O Carballiño (Ourense).


Soy de izquierdas, feminista y no, no estoy de acuerdo con el manifiesto del 8-M. No hice huelga y menos paro de dos horas, un descafeinado de los grandes sindicatos para no quedar mal y un ejemplo más del machismo paternalista. Hay desigualdad, mucha; los trabajos precarios son mayormente femeninos, los cargos directivos, mayoritariamente de hombres, y la corresponsabilidad aún no existe. Esto se cambia con leyes, con manifestaciones y cada día con nuestra forma de estar y de ser en el mundo. Pero nadie puede adueñarse del movimiento feminista. Apostar decididamente por la soberanía alimentaria de los pueblos o llamar a la rebeldía y a la lucha ante la alianza entre el patriarcado y el capitalismo que nos quiere dóciles, sumisas y calladas no son principios feministas. Sí celebro el éxito que ha tenido para visibilizar la discriminación que aún hay y siempre es bueno que los medios de comunicación se hagan eco de ello, aunque parece que la televisión pública, la de todos, sea muda ante todo fenómeno informativo. Pero buscar el principio de igualdad entre la mujer y el hombre debe llevar a hacer un manifiesto más inclusivo. O estamos todas o no somos.— Carmen Blanco Álvarez. Madrid.

 

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