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Tiempo de ilusionismo

Cuatro magos españoles se reúnen para hechizarnos en estas fiestas y recuerdan cómo eran las Navidades de su infancia

Marín lleva un esmoquin de Ana Locking, camisa de Mirto, pajarita de García Madrid y zapatos de Salvatore Ferragamo. Amèlie, un vestido de Adriana Iglesias y zapatos de Ana Marttin. Ana Tamariz, un vestido de Carolina Herrera New York y zapatos de Jimmy Choo. Jorge Blass, esmoquin y camisa de Mirto, pajarita de Hackett y zapatos de Jimmy Choo. Sobre el paquete de regalos: guantes de Roberto Verino. Ampliar foto
Marín lleva un esmoquin de Ana Locking, camisa de Mirto, pajarita de García Madrid y zapatos de Salvatore Ferragamo. Amèlie, un vestido de Adriana Iglesias y zapatos de Ana Marttin. Ana Tamariz, un vestido de Carolina Herrera New York y zapatos de Jimmy Choo. Jorge Blass, esmoquin y camisa de Mirto, pajarita de Hackett y zapatos de Jimmy Choo. Sobre el paquete de regalos: guantes de Roberto Verino.

En casa de los Tamariz la Navidad se celebraba cuando querían. Y no era un truco de uno de los magos más respetados de España. “Un 15 de diciembre o un 12 de enero. Cualquier día era mejor que el 24 y el 25 para celebrar en familia”, cuenta Ana Tamariz. “Mi padre tenía muchas actuaciones durante las fiestas, que es la temporada alta para nosotros, así que elegíamos otro día para dar los regalos”, recuerda la directora de una de las escuelas de magia más antiguas de España, bautizada con el apellido familiar, que se encuentra en Madrid.

El ilusionista Jorge Blass también tiene que hacer magia para cuadrar estas fechas: "Muchas veces las fiestas me pillan en medio de giras. Y me escapo un día o dos, pero nunca la semana entera", reconoce. Pero aunque se pasen las Navidades trabajando, el espíritu de esta época está muy presente en sus espectáculos. "Hago un juego con un christmas que el público recibe al entrar, además del truco de la tormenta de nieve, que es muy espectacular”, dice Blass. Una nevada parecida, que hace que los copos revoloteen sobre el patio de butacas para deleite del público, conjura Marín, el joven mago de Granollers (Barcelona), ganador del concurso Pura magia de Televisión Española y Premio Nacional de Magia 2014 y Premio Nacional de Magia de Francia 2015. "Acabamos con este truco, que Blass popularizó en España, a ritmo de All I Want for Christmas Is You, una canción algo trillada pero ineludible en Navidad. La gente se vuelve loca", cuenta Marín.

Olor a castañas

Para la ilusionista Amèlie, madrileña de 38 años, que combina la magia con otras disciplinas del circo como las telas aéreas, lo verdaderamente mágico de diciembre durante su infancia eran las nevadas y heladas matutinas. “También me gustaba la sensación de la lana sobre la piel, el chocolate caliente y el olor de las castañas asadas”. Actualmente la Navidad sigue provocando sensaciones muy parecidas en ella: “Cuando viajo en estas fechas, aunque sea por trabajo, disfruto mucho viendo cómo las ciudades se transforman. Me fascina”, comenta esta maga, una de las pocas mujeres ganadoras del premio Mago del Año, que concede la Sociedad Española de Ilusionismo.

Navidad y magia son dos conceptos casi indisolubles. Bien sea por la influencia de Dickens, por los Reyes Magos o por películas como Solo en casa, Los fantasmas atacan al jefe o Milagro en la calle 34. Jorge Blass recibió sus primeros aperos de magia con 12 años en sus primeras fiestas, tras entrar en la escuela de Ana Tamariz: “Al levantarme me encontré un bastón de aparición, un pañuelo y un montón de trucos para aprender”. No se imaginaba que dos décadas más tarde él iba a poner cara y apellidos a su propio set de magia. Blass recibía siempre esos regalos en una ciudad diferente. “Mis padres preferían viajar conmigo y con mi hermano. Recuerdo unas Navidades fantásticas en París y otras en Edimburgo. Allí donde fuéramos, siempre veíamos algún espectáculo”, rememora. Ahora que tiene su propia familia, aprovecha los días libres para estar con su hijo, Max. “Es muy tímido, como yo también lo era de pequeño. A él le gusta estar detrás del escenario y opina bastante sobre mi magia”, comenta Blass. Cuando se le menciona si le gustaría que siguiera sus pasos, el mago lo tiene claro: “La mayoría de la gente trabaja en algo que no le gusta, por eso querría que mi hijo se dedicase a algo que le apasionara. Eso lo cambia todo. Yo, por suerte, lo descubrí muy pronto”.

Ana Tamariz va vestida con un jersey de H&M, Marín lleva una camisa de Mirto, pajarita de García Madridy 'bomber' de Scotch & Soda. A su lado, Jorge Blass luce un jersey de Scotch and Soda y camisa de Mirto, y Amèlie, un vestido de Moisés Nieto. Sobre la mesa, chocolates de Isabel Maestre. ampliar foto
Ana Tamariz va vestida con un jersey de H&M, Marín lleva una camisa de Mirto, pajarita de García Madridy 'bomber' de Scotch & Soda. A su lado, Jorge Blass luce un jersey de Scotch and Soda y camisa de Mirto, y Amèlie, un vestido de Moisés Nieto. Sobre la mesa, chocolates de Isabel Maestre.

Marín también se dio cuenta de que lo suyo era crear ilusiones a edad temprana, cuando le hicieron el primer regalo mágico; la caja de Mr Creepy Magic. “Era como el set de Borrás, pero con temática de terror. Creo que ha influido en mi manera de hacer magia porque tenía juegos muy freaks. Y yo soy muy friki”, apunta. Amèlie se aficionó cuando era una veinteañera. Sus Navidades eran “íntimas, sencillas y familiares”. Por su parte, las Tamariz —Ana y su hermana Mónica— no necesitaban esperar a los magos de Oriente; tenían el suyo propio en casa. “En aquellos años setenta, mi padre, marcado por los valores hippies, decidió que los Reyes eran tal decepción para los niños que convirtió lo de los regalitos en una tarea compartida y familiar”, cuenta Ana Tamariz. Guiada por la curiosidad, interrogaba a sus compañeras sobre lo que sabían de esos magos que les traían juguetes: “Me encantaba escuchar cómo se los imaginaba cada una”. Ella disfrutaba guardando el secreto ante sus amigas del colegio. "Igual que mantengo el enigma de los juegos de magia ahora", continúa.

Funciones solidarias

Los alumnos de la escuela de Ana Tamariz practican lo aprendido en clase en todo tipo de salas. "Desde una casa okupa hasta el casino de Torrelodones", afirma la directora. También se ejercitan en actos benéficos: la solidaridad, coinciden los cuatro ilusionistas, forma parte de la profesión. “Este arte me ha aportado mucho como persona, me ha ayudado a comunicarme, me ha dado éxito, recursos. ¿Y yo qué puedo hacer? Pues intentar hacer felices a los demás con la magia”, asegura Jorge Blass. Hace 11 años, puso en marcha la Fundación Abracadabra para hacer la vida más fácil a colectivos vulnerables, como los menores hospitalizados. "Comenzamos cuatro o cinco magos y ahora ya somos más de 80”, relata. Cada año organizan un congreso en Madrid con talleres donde los magos asisten a conferencias para, por ejemplo, aprender a desenvolverse con los pacientes en los hospitales. Ofrecen también funciones por las que pasan más de 10.000 personas de diferentes colectivos.

Amèlie viaja con Payasos Sin Fronteras para llevar la risa a lugares remotos. Así ha visitado Líbano o Colombia, donde ha hecho magia para niños en zonas conflictivas, tomadas por la guerrilla. Desde España colabora con varias asociaciones, como Magia Por Benín, que recauda dinero para un orfanato de ese país (a través de un festival de tres días, que se celebrará del 2 al 4 de febrero de 2018 en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid), un evento en el que colabora junto a Mensajeros de la Paz. Además, coopera con la Fundación Hospital Mayo Rey, que trabaja para recaudar fondos para el hospital Rey Bouba (Camerún). Para ello, participa en una función que se celebrará el 4 de enero en Burgos.

No es la única que empieza el año actuando: 2018 promete ser muy movido para todos ellos. Ana celebra el 30º aniversario de su escuela; Jorge, que ha pospuesto varias fechas de su espectáculo Palabra de mago por un atropello que sufrió en Vigo, prepara la nueva edición del Festival Internacional de Magia del Circo Price, uno de los más grandes en todo el mundo. Por su parte, Amèlie continúa perfeccionando el montaje Pequeñas luces, un juego de acrobacias aéreas en telas aderezado con efectos de magia, además de sus espectáculos decanos Con mi magia y tu imaginación y The Magic Place, este último de magia en la calle. Y Marín seguirá disfrutando de la fama que le ha reportado ganar Pura magia —“mi verdadero regalo de este año”— y estrenará nuevo espectáculo en marzo en el teatro Capitol de Barcelona: “Se llama Magical Comedy y tendrá mucho humor canalla”, avanza.

Pero antes, todos ellos celebrarán las Navidades con su familia y sus amigos. Lo harán entre actuación y actuación. Es Navidad, la temporada alta de magia.

Jorge Blass

“A veces hago magia con improvisación, magia jazz

Jorge Blass hace un truco vestido con un jersey y un pantalón de Adolfo Domínguez. ampliar foto
Jorge Blass hace un truco vestido con un jersey y un pantalón de Adolfo Domínguez.

Las redes sociales son clave en uno de los números más impactantes de Jorge Blass (Madrid, 1980): alguien del público selecciona a un contacto de su Facebook, su Instagram o cualquier otra aplicación y, en cuestión de minutos, el contacto elegido, que puede vivir en cualquier parte del mundo, aparece sobre el escenario. “Un equipo de 10 personas está alerta porque sabemos cómo empieza pero no cómo acaba el juego. Es una nueva manera de hacer magia, como en el jazz, que tiene mucha improvisación”, comenta el mago. El juego ha traspasado fronteras y David ­Copperfield, que hizo desaparecer la Estatua de la Libertad en una ocasión, ha comprado los derechos para hacerlo en Estados Unidos. Blass empezó muy pronto a despuntar como mago. A los 12 años entró en la escuela de Ana Tamariz y con 20 era uno de los más populares a través del Club Megatrix de Antena 3. “Soy mago por Juan [Tamariz]”, afirma. Y se parece mucho a su maestro. Ambos son capaces de convocar a ilusionistas de todo el mundo. Cada año desde hace siete dirige el Festival Internacional en el teatro Circo Price. “Acuden magos de todas partes y dura cinco semanas”, explica.

Amèlie

“Las magas tenemos poca visibilidad”

Amèlie abre los regalos, con un vestido de Moisés Nieto, zapatos de Ana Marttin y bolso CH de Carolina Herrera. ampliar foto
Amèlie abre los regalos, con un vestido de Moisés Nieto, zapatos de Ana Marttin y bolso CH de Carolina Herrera.

Poética y visual. Así define su magia esta treintañera del barrio madrileño de Lucero, al suroeste de la capital. Rosana Vidal (1979) se inició en la magia a los 22 años, cuando trabajaba como técnica deportiva. “Me picó la curiosidad y sentí que podía expresar muchas cosas que siento con ella”, confiesa. En un mundo en el que escasean las magas, ella empezó a frecuentar locales especializados en Madrid, como La Cripta y Houdini, donde hizo sus primeros números. Más tarde, se ma­triculó en la escuela de Ana Tamariz y, cuatro años después, decidió dedicarse exclusivamente a este arte. “La gente empezó a levantar el teléfono para ofrecerme trabajos”, dice. Y eligió de nombre artístico el del personaje creado por el director de cine francés Jean-Pierre Jeunet. “Me gusta mucho su capacidad para cambiar la vida de los demás”, admite. La magia de escenario, la más teatral de todas, es su especialidad, pero su estilo está en continua evolución. ¿Por qué no hay más mujeres en la magia? Amèlie no encuentra una única razón. “Las mujeres nos hemos incorporado al mercado laboral hace poco, también a la magia, y además, aunque ahora somos muchas magas trabajando, tenemos muy poca visibilidad”.

Ana Tamariz

“Soy feliz ayudando a los magos a no ser tímidos”

Ana Tamariz viste jersey de H&M y falda de Bimba y Lola. ampliar foto
Ana Tamariz viste jersey de H&M y falda de Bimba y Lola.

Aprendió la magia observando a su padre. “Me colocaba en una esquinita de su estudio para no molestar. A veces me pedía que observase los juegos desde diferentes ángulos”, evoca. Esa dinámica la utiliza ahora con sus alumnos en la Escuela de Magia Tamariz que fundó, junto a su padre, hace 30 años, en Madrid. Una academia al alcance de cualquiera con curiosidad por ilusionismo. La edad y los conocimientos previos no importan. “Tenemos cursos de iniciación para adultos a partir de 14 años y para niños a partir de 6”, precisa Ana (Madrid, 1970). Su timidez ha hecho que pase más tiempo dirigiendo y coordinando que sobre las tablas. “Ha influido en que yo no sea maga”, reconoce. También el hecho de ser hija de su padre. “Cada vez que hacía un juego a mis amigos me decían que cómo no me iba a salir bien siendo hija de mago”, confiesa. La vocación artística, sin embargo, estaba dentro de ella. Estudió para ceramista, pero su carrera quedó truncada cuando se quemó una mano. “Mi padre me vio tan triste que me propuso montar una tienda de magia”. Los magos que adquirían artículos necesitaban explicaciones detalladas y Ana empezó a citarlos en el local. “En cuestión de una década las clases tomaron protagonismo, hasta que en 2000 abandonamos la venta de artículos”, resume Tamariz. “Ha sido un proceso mágico”, bromea. “Ahora soy feliz, disfruto ayudando a mucha gente a ser magos, a quitarse la timidez y a transmitirles la pasión por este arte”, añade. En sus aulas imparten clase ­Anthony Blake, Óscar Ruiz y el propio Juan Tamariz.

Marín

“Se aprende mucho viendo magia mala”

Marín juega con los dados. Luce una camisa de Mirto, chaqueta de H&M y pajarita de Hackett. ampliar foto
Marín juega con los dados. Luce una camisa de Mirto, chaqueta de H&M y pajarita de Hackett.

José Marín Tello decidió ser mago cuando vio a Jorge Blass en el programa Club Megatrix (Antena 3). “Me quedé flipado viendo cómo partía en dos a una persona y volvía a juntarla”, asegura este barcelonés de 27 años. Su afición creció hasta convertirse en pasión. “Durante mi primera actuación en el festival de fin de curso de 4º de la ESO, me di cuenta de que quería que eso fuera mi vida”. Con la ayuda de su padre, arquitecto, construyó las grandes ilusiones, esos aparatos en los que se mete la gente que desaparece, y convenció a su hermana Sandra para ser su ayudante. Añadió música, referentes de la cultura pop y mucho humor, y creó un espectáculo que le valió el primer premio en Pura magia, concurso de TVE. Tras su éxito, Marín regresó a sus representaciones en el Eixample de Barcelona y es uno de los invitados en Hora punta, de la misma cadena. Esta Navidad, además, actúa junto a Nuel Galán y G. Alexander, compañeros del concurso. Marín ha sido autodidacta, y ha crecido leyendo, practicando y viendo a otros ilusionistas. “La magia es tan complicada que uno nunca deja de cultivarse. Y se aprende muchísimo viendo buena y mala magia”, concluye.

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