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Perfeccionar la Transición

La generación que creció en democracia debe buscar un proyecto propio de país

Sede del Instituto Cervantes en Madrid
Sede del Instituto Cervantes en Madrid

El conflicto que estamos viviendo en Cataluña resulta tan espectacular, con sus tramas y giros dignas de las mejores series, que ha ocultado una crisis mucho más profunda, la del proyecto de España que puso en marcha la generación que hizo la Transición. Por plantear un símil futbolístico, si un club renueva cada temporada su proyecto deportivo, también cada generación debe actualizar su proyecto de país. El de la generación que hizo la Transición concluyó hace dos décadas no porque fracasase sino, muy al contrario, porque consiguió todos los objetivos que se propuso, democracia y vertebración con Europa, porque triunfó. La generación de los que nacimos durante la Transición hemos sido incapaces de articular un nuevo proyecto de vertebración nacional, nos hemos dormido en los laureles pensando que la mera pertenencia a la Unión Europea solucionaría nuestros problemas como nación.

No es así, la UE no invalida los proyectos nacionales sino que obliga a perfeccionarlos. Es como la Champions League, el mejor lugar en el que estar pero también el más exigente, el que obliga a cuidar con mayor mimo de la cantera al mismo tiempo que obliga a competir por atraer al mejor talento extranjero. La falta de un proyecto de país está detrás de la crisis actual.

¿Y en qué debe consistir ese gran proyecto de vertebración nacional? De acuerdo con los valores que la mayoría compartimos, debe ser el opuesto al que proponen los Puigdemont, Trump, Farage y Le Pen de este mundo. Si ellos están a favor de levantar muros y dividir en vez de cohesionar, los españoles debemos estar a favor de la vertebración. España no solo está en Europa sino que es la frontera natural con un segundo continente, África, y al mismo tiempo tenemos una cultura y una lengua que es mayoritaria en un tercero, América. Pocos países tienen un potencial tan extraordinario.

En estos tiempos de trincheras y sirgas, debemos convertir a España en un gran eje de vertebración entre Europa, América y África, explotando al máximo su situación geográfica y sus vínculos culturales mediante fórmulas de cooperación concretas, igual que Alemania se constituyó, desde mediados de la década de los años noventa, en el gran eje de vertebración entre la Europa del Este y la del Oeste cuando el abismo entre ambas parecía insalvable. Los retos que plantean estos países de nuestro entorno son enormes, pero también las oportunidades; la más importante es la que ofrecen sus jóvenes, una mayoría que carece de los conocimientos y recursos para canalizar sus energías y a la que no le queda más alternativa que arriesgarlo todo a la aventura incierta de la emigración. ¿Qué herramientas permitirán el desarrollo de este gran proyecto?

La UE no invalida los proyectos nacionales sino que obliga a perfeccionarlos. Es como la Champions League, el mejor lugar en el que estar pero también el más exigente

Una podría ser la creación de una red de universidades españolas en estas naciones de nuestro entorno que permita detectar al mejor talento local y darle la oportunidad de formarse más allá de sus recursos económicos. Siguiendo la senda trazada por el Instituto Cervantes esta red de universidades no solo debe servir para la formación y creación de élites afines a los valores europeos y de la España constitucional sino también para que la sociedad civil española en toda su pluralidad pueda ejercer su labor de puente: fundaciones y asociaciones culturales y científicas, multinacionales y empresas de ámbito local, etcétera. Para que puedan llevar lo mejor de España a estos países y traer de vuelta lo mejor de estos países a España. Esta iniciativa permitiría colocar en lo alto de la agenda nacional la gran asignatura pendiente de la España democrática: la educación y la cultura.

Este es un proyecto de país para los hijos y nietos de los españoles que hicieron la Transición, un proyecto que se vertebra con los valores de esa etapa de nuestra historia, un proyecto que es bueno y ambicioso, que contribuirá a que nuestro país construya un mundo mejor cohesionando a Europa con otras regiones de su entorno y contra el que los separatismos peninsulares no tendrán nada que ofrecer, que nos exigirá al máximo pero que también nos hará más fuertes hacia dentro y hacia afuera. Más allá de lo que ocurra en Cataluña y otras partes durante las próximas semanas, que serán ásperas y duras, esa es la dirección en la que los ciudadanos españoles tenemos que trabajar.

Enrique Bocanegra es escritor, ganador del premio Comillas 2017 por Un espía en la trinchera. Kim Philby en la guerra de España (Tusquets).

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