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Obra de arte de Petrosián

Además de su gran belleza, esta partida incluye un novedoso -en 1961- elemento en los ataques al rey

Blancas: Ta1, Ac1, Dd1, Te1, Rg1, Cd2, Ag2, Cf3; peones en a2,b2,c2, d3, f2,g3 y h2.

Negras: Ta8, Ac8, Tf8, Rg8, Dc7, Ce7, Ag7, Cc6; peones en a7, b7, c5, e6, f7, g6 y h7.

Armenia es hoy el único país del mundo donde el ajedrez deportivo (no sólo como herramienta educativa) es obligatorio en todos los colegios en horario lectivo. Se dice que los niños armenios ya saben jugar al ajedrez cuando nacen, y el presidente del país, Serzh Sargsián, preside también la Federación Armenia de Ajedrez. Ello se debe en gran parte a Tigrán Petrosián (1929-1984), un tigre de hierro, tal vez el mejor defensor de la historia, tetracampeón de la URSS, ocho veces candidato al Mundial, que destronó a Mijaíl Botvínik en 1963, defendió el título ante Borís Spassky en 1966 y perdió el título ante el mismo rival en 1969.

El marcado carácter ultradefensivo de muchas de las partidas de Petrosián y su perniciosa tendencia a los empates rápidos pueden disuadir al aficionado que quiera disfrutar de la obra histórica de los antiguos campeones. Pero esa actitud sería a todas luces errónea, porque Petrosián también firmó obras de arte del ataque. En la de este vídeo, frente a Ludek Pachmann en el torneo de Bled (Yugoslavia) 1961, introduce además un elemento táctico muy importante: una jugada intermedia de gran elegancia tras el sacrificio de su dama.