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Fuera de la ley: así eran los bajos fondos de España

El segundo volumen de La Felguera Editores vuelve a profundizar en la historia de la delincuencia de nuestro país entre los años 1924 y 1936. Una radiografía criminal protagonizada por pistoleros, anarquistas y maleantes

Fotografía para el especial delincuencia en Madrid (Ahora, 31 de enero de 1932).
Fotografía para el especial delincuencia en Madrid (Ahora, 31 de enero de 1932).

Dice Servando Rocha, el responsable de la editorial La Felguera, que "vivimos en una ciudad oculta". Porque no hace mucho, las calles que pisamos eran más oscuras, estaban mucho más sucias y servían de refugio para maleantes con pistola en mano, anarquistas que convivían con aristócratas curiosos y travestis que confabulaban por la revolución social. Un escenario tan violento y siniestro como literario.

Fuera de Ley vol.2. Pistoleros, revolucionarios y noctámbulos vuelve a sumergirse en los bajos fondos de nuestro país entre 1924 hasta 1936. El nuevo recopilatorio de la Felguera recoge ese periodo con olor a pólvora y morfina, desde la dictadura de Primo de Rivera hasta la Guerra Civil. Un trabajo de investigación concienzudo que reúne con espíritu casi enciclopédico informes, crónicas y datos para elaborar una radiografía criminal del momento.

"España, quizás por complejo, miopía y cierto desprecio hacia su propio pasado, ha pasado por alto el fascinante mundo que discurría en sus barrios tenebrosos y en los que no había día en que no sonasen las detonaciones de una star o los sótanos y locales a pie de calle con nombre de batalla no vibrasen con la música popular que puso banda sonora al hampa y lo diferente", apuntan los editores, cuya intención es reflejar el espíritu de aquel momento casi secreto.

El barrio chino

"Hay una frase muy bonita de Baroja que explica muy bien como era Madrid: luz en el centro y oscuridad en los alrededores", recuerda Rocha. Los límites de la ciudad se podrían trazar desde Antón Martín hasta Cuatro Caminos, un espacio bastante reducido en el que convivían, y no precisamente en armonía, toda clase de maleantes al margen de la ley y bajo la dictadura de la pistola. Los bajos fondos de la capital propiciaron tanta delincuencia como literatura: "Fueron paseados por Pío Baroja, por Arturo Barea y hasta por Trotski, cuando huía de la Revolución Rusa". El "conocido agitador en aquel imperio y evadido de Siberia", como le llamaban en el periódico católico La Acción, fue arrestado en Madrid al ser considerado un delincuente. Vivió en España unos cuatro meses hasta que consiguió viajar a Nueva York, y a él también le gustaba pasear de noche por esos callejones tan deprimentes como absorbentes.

Taberna de los Príncipes del barrio chino de Barcelona (Crónica, 12 de enero de 1930)
Taberna de los Príncipes del barrio chino de Barcelona (Crónica, 12 de enero de 1930)

En Lavapiés, entre las calles del Amparo y la Esgrima se situaba el barrio chino. No despertaba el mismo interés internacional que el de Barcelona con su cabaret La Criolla -refugio de espías, anarquistas, matones y travestis- o el barrio de Valencia -entre las calles del Hospital y San Vicente, tranquilas hasta que el reloj marcaba las 10 de la noche y se transformaban en un espacio de vicio y sombras-, pero también estaba lleno de tascas, forajidos y curiosos. "En el Teatro Barbieri por la tarde había mítines de anarquistas y por la noche se convertía en un cabaret. Creo que eran los sitios a los que había que ir, si viviéramos en esa época estaríamos ahí", apunta el editor.

Pero Lavapiés no era el único sitio en el que se concentraba el hampa, "aunque sí el más temido por la Policía". Tetuán y Cuatro Caminos también tienen su protagonismo en esta crónica negra. "Los informes policiales dicen cosas tan curiosas como, por ejemplo, que Tetuán era refugio de gente proscrita y perseguida por la ley. En estos años se está introduciendo la moto policial y se incluyen declaraciones de comisarios en contra porque se oye desde lejos. Los propios delincuentes tenían solidaridad entre ellos y cuando la escuchan, silban y desaparecen".

Noctámbulos y tabernas

En esos barrios ya de por sí lúgubres y caóticos, la noche marcaba el ritmo de los acontecimientos. Ahora nos gusta llorar por los bares de viejos y antes lo hacían por las tabernas, por esos antros oscuros donde corría el alcohol y la sangre al ritmo de la pianola. En Madrid, la calle de la Encomienda y de La Ruda estaba lleno de cafés cantantes. "Eran sitios donde había actuaciones de flamenco, pero también donde iba el lumpen y el hampa de Madrid. ¿Has visto esas películas con alguna cupletista o cantante de flamenco y gente con una boina y un cigarro medio acabado en la comisura de los labios? Pues ese era el ambiente de los cafés cantantes. Había muchísimos: el café de la Amancia, el café de la Magdalena...", enumera Rocha.

El entramado nocturno lo completaban las tabernas y las casas de dormir: "Pagabas unos reales por un café con leche y podías dormir en la propia taberna. Dormían en el suelo y algunos incluso se ataban a la mesa para evitar caerse". Pero la noche no solo atraía a los seres más marginales de la ciudad. "Todo este mundo fascinaba a los aristócratas y muchas veces se mezclaban con ellos, e incluso se disfrazaban. Hay una historia muy interesante y es la relación de Miguel Primo de Rivera con una tanguista de la que se enamoró".

Detención de pistoleros (Ahora, 4 de febrero de 1936)
Detención de pistoleros (Ahora, 4 de febrero de 1936)

La Acera Roja

Fuera de la Ley recoge innumerables crónicas y reportajes de lo que sucedía en los bajos fondos de las ciudades. Los periodistas encontraron en ese abismo una fuente inagotable de historias. "En varios textos aparecen fotografías de periodistas disfrazados como apaches para mezclarse entre ellos y luego contarlo. Eso sí que es nuevo periodismo", apunta Rocha. Sin embargo, los reporteros no eran los únicos que asumían riesgos. "En los años 30, el tramo desde Montera hasta el inicio de la calle Alcalá se conocía como la Acera Roja porque era donde los anarquistas vendían su propaganda, pero también lo hacían los falangistas. Había siempre enfrentamientos e incluso un día apareció José Antonio Primo de Rivera, pistola en mano. Los propios vendedores tenían que ir armados para evitar ser tiroteados".

Las mecheras

El espectro criminal estaba formado por pistoleros, carteristas, traficantes, chulos o atracadores. Servando Rocha destaca el papel de las mecheras que solían operar por la plaza de Antón Martín a la luz del día. "Eran mujeres que entraban en determinados sitios, como joyerías o tiendas de víveres, y utilizando falsos bolsillos dentro de los vestidos, con una habilidad increible -a veces incluso utilizaban los dedos de los pies-, podían robar joyas o lo que fuera".

En esta historia de delincuencia también hay protagonistas como Felipe Sandoval, líder de una de las checas más temidas de la capital instalada en el Cine Europa. "Era un atracador anarquista, considerado el enemigo público número 1. Nació en el barrio de las Injurias y participó en numerosos atracos a mano armada", apunta Rocha. Uno de esos asaltos fue el de la cárcel Modelo de Madrid, en 1936, que terminó en la matanza de políticos de la derecha.

Los camerinos de La Criolla en una de las pocas fotografías de Pepe el de la Criolla (traje oscuro y el más mayor) y, a su izquierda, el travesti Flor de Otoño, con chaqueta negra y camisa blanca. El pistolero Trotzky es la persona con gafas y sentado en un lateral. Mundo Gráfico, 29 de noviembre de 1932.
Los camerinos de La Criolla en una de las pocas fotografías de Pepe el de la Criolla (traje oscuro y el más mayor) y, a su izquierda, el travesti Flor de Otoño, con chaqueta negra y camisa blanca. El pistolero Trotzky es la persona con gafas y sentado en un lateral. Mundo Gráfico, 29 de noviembre de 1932.

Flor de Otoño y 'los invertidos'

La homosexualidad en esa época estaba proscrita. "Hay una entrevista de muchísimas páginas con los comisarios de todos los distritos de Madrid en los años veinte. Cada comisario habla de los delincuentes que hay su zona y dicen que en los últimos meses ha habido varias redadas, y cito textualmente, de ‘invertidos’. Es decir, de homosexuales que generaban reuniones secretas en pisos". En esta escena destaca un gran personaje del barrio chino barcelonés, Flor de Otoño, al que años más tarde José Sacristán daría vida en la peli de Pedro Olea, Un hombre llamado Flor de Otoño. "Era un travesti y espía anarquista que frecuentaba el café de La Criolla y del que hay solo cuatro fotos. Participó en el intento de asalto a un cuartel en Barcelona en los años 20 que se llamaba el cuartel de Atarazanas. Los dueños del cabaret dicen que a pesar de su aspecto angelical, era una persona con numerosos antecedentes penales y anarquista veterano, estaba muy perseguido por la policía. Dudo que se sepa algo más en un futuro sobre Flor de Otoño".

'Fuera de la Ley vol. 2'

Fuera de la ley: así eran los bajos fondos de España

La Felguera Editores

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