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Esta catalana es la responsable de que el dragón de 'Juego de Tronos' vuele

Laura Pedro Albiol vive en Madrid, solo tiene 27 años y ya ha trabajado en películas premiadas por sus efectos visuales como 'Un monstruo viene a verme' de J.A. Bayona

juego de tronos

Los responsables de que los dragones de Khaleesi sean una suerte de Ave Fénix no se encuentran en Los Ángeles. Tampoco habitan en Invernalia. No: La empresa de efectos visuales El Ranchito se encuentra en Madrid, desde donde los supervisores de efectos visuales David Ramos, Eduardo Díaz, Félix Berges y Guillermo Orbe y la directora de producción Marga Villalonga hacen posible que dragones y caminantes blancos se cuelen en las pantallas.

No llevo ni siquiera un párrafo y ya me asaltan dos dudas: la primera, cuál es la diferencia entre efectos visuales y especiales. La segunda, cómo demonios ha terminado una empresa española supervisando los efectos de Juego de Tronos, cuando la pequeña pantalla patria está más habituada a vecinos histriónicos que habitan en una especie de Rue del Percebe y a disputas protagonizadas por tronistas en busca del amor, no de tronos. Hablo con la supervisora de efectos visuales Laura Pedro Albiol para que me aclare estas dudas y me demuestre que la magia existe.

“Los efectos especiales son los físicos, los que se hacen en el set, mientras que los visuales se hacen después de haber rodado. Durante el rodaje, el trabajo del supervisor es encargarse de que todo se ruede de forma correcta para que luego sea viable hacer los efectos. También hay que dar soluciones cuando surgen inconvenientes o problemas que pueden suponer perder el tiempo”, explica Laura.

Laura Pedro trabaja en la empresa de efectos visuales El Ranchito
Laura Pedro trabaja en la empresa de efectos visuales El Ranchito

El Ranchito llega a Juego de Tronos tras hacer Lo Imposible, de J.A Bayona. La cinta le valió a Félix Bergés y a Pau Costa el VES, premio de la Visual Effects Society, y a partir de entonces esta empresa creadora de sueños y milagros visuales se vio inmersa en series de la talla de Boardwalk Empire o The Knick. Trabajar en series de semejante calado iba a anunciando que la advertencia de que Winter is Coming era cierta, porque un día por fin llegó el invierno y Juego de Tronos llamó a sus puertas en la quinta temporada. Antes de lanzarme a preguntar cómo es trabajar en una de las series más titánicas del mundo, tengo que saciar mi curiosidad.

"Para hacer que el dragón se mueva, tuvimos que analizar animales algo parecidos. Sus alas son parecidas a las de los murciélagos, por lo que nos hemos pasado horas observando cómo se mueven"

Porque para mí el efecto especial real es saber callarse cualquier spoiler. La confidencialidad es una máxima, y todo el equipo de El Ranchito se ha pasado un año guardando el secreto de que -atención, spoiler- el dragón de Khaleesi se marcaba un John Snow y volvía a la vida. De hecho, me entero de ello durante la entrevista, porque voy algo -muy- atrasada con la serie. La culpa es mía: he preguntado cómo es hacer un dragón. Si los efectos visuales son capaces de dar mayor credibilidad a algo físico, ¿cómo se da credibilidad a algo que ni siquiera existe? “Siempre buscamos lo real para copiarlo o para acercarnos lo máximo posible a la realidad, porque lo cierto es que la realidad siempre supera a la ficción. Lógicamente, cuando has de crear una criatura que no existe todo es más complicado, por lo que has de buscar miles de referentes”, explica Laura.

Al hablar de la búsqueda incesante de referentes, la pregunta obligada es preguntar cómo es trabajar con J.A Bayona, conocido por manejarse siempre entre cientos de referentes. El Ranchito se hizo con uno de los nueve Goya con los que se alzó Un Monstruo Viene a Verme, y parte del equipo ha trabajado con el director desde el comienzo de su carrera. “Trabajar con Bayona es gratificante y duro. Muy duro”, matiza. Se queda unos segundos en silencio y sonríe. “Cada proyecto con él nos hace especial ilusión. Sabemos que nos exige muchísimo, pero es que él es muy auto exigente. Lo bueno de que te exijan tanto es que te obligan a dar más de lo que crees que puedes dar, y cuando ves los resultados, comprendes el porqué de la presión a la que te ves sometido durante el tiempo que dure el proyecto”.

Fotograma de 'Un monstruo viene a verme' de J.A. Bayona
Fotograma de 'Un monstruo viene a verme' de J.A. Bayona

Laura ha trabajado mano a mano con J.A Bayona, y son la calidez y cercanía del cine español las que hacen que no se plantee, por el momento, irse fuera. El cine español es una gran familia y todos se sienten importantes en cada proyecto. “Aquí, con suerte, haces una película al año con muchos efectos, pero no es lo normal. En cambio fuera te puedes enfrentar a películas como Spiderman, El Planeta de los Simios, The Avengers… Lo cierto es que si te vas puedes hacer cuatro películas al año, pero te terminas dando cuenta de que nunca llegas a tomar parte del proyecto del todo, porque puedes acabar compartiendo plano con decenas de personas. En España, cada miembro del equipo crea la película, porque aquí se nos escucha a todos. Fuera eres una hormiguita dentro del sistema”, explica.

Aunque solo tiene 27 años, ya ha trabajado en dos películas galardonadas con un Goya a los mejores efectos visuales, pese a que lo suyo con los efectos fuera fruto de la casualidad. Un accidente de moto la alejó de la dirección de fotografía, pero lejos de achantarse, se propuso ser la mejor de su promoción en efectos visuales, modalidad que acababa de nacer en la ESCAC, donde hoy comienzan cada curso hablando con orgullo de cómo la mujer que soñaba con ser directora de fotografía terminó trabajando en las películas más importantes del cine español como supervisora de efectos visuales. Este verano ha trabajado en Súperlopez, la película en la que Dani Rovira y Maribel Verdú trabajan a las órdenes de Javier Ruiz Caldera, y en La Sombra de la Ley, de Dani de la Torre, en la que han de deconstruir Barcelona para devolverla a la arquitectura de 1921.

Durante nuestra conversación, me doy cuenta de que la mayoría de los nombres que aparecen en la charla son masculinos. Le pregunto cómo es ser mujer en el mundo de los efectos visuales, donde la testosterona es más habitual que los cromas. “La verdad es que en el cine español hay pocas mujeres en cargos de supervisión o como jefas de equipo. Cuando comento cómo es trabajar entre tantos hombres con compañeras de profesión, todas coincidimos en que cuando tienes que decirle a un jefe de departamento cómo ha de hacer un plano o lo que necesitas para que tu trabajo quede bien, este termina por hacer una montaña de tu petición. Siempre nos cuestionan lo que decimos y tenemos que demostrar el doble que los hombres para que nos hagan caso. A la primera nunca te van a decir que sí: tienes que debatir y demostrar hasta que te terminan por dar razón. ¿Que si cansa? Por supuesto, pero no he dado con la fórmula para que esto no pase. Llega un momento en el que ya te conocen y valoran tu trabajo y te dejan de cuestionar, pero los nuevos siempre se sorprenden por la actitud que muestro, porque me tengo que hacer valer y lo tengo que hacer por mil por el mero hecho de ser mujer”, explica.

Le pregunto qué sentiría al ser la primera mujer en hacerse con un Goya como supervisora de efectos visuales. “Estaría tan orgullosa si lo recibiera yo como si lo recibiera otra mujer, porque sería la primera vez que esto ocurriera”, afirma. Ojalá esto cambie pronto y no tengamos que decir la frase que un supervisor de efectos visuales más aborrece escuchar en un rodaje, el manido “esto lo arreglamos en postpo”, porque ya es hora de que no se necesiten efectos especiales para que las mujeres tengan la visibilidad que merecen en el cine.

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